Homily For 1st Sunday Of Lent, Year C

A Journey Towards Victory and Salvation

Rdgs: (1st: Deut 26, 4-10; Ps: 90; 2nd: Rom 10, 8-13; Gos: Lk 4, 1-13)

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On Ash Wednesday we began our journey with Christ. As a journey that will last for about six and half weeks, the Lenten season presents to us the opportunity of re-living the Paschal mystery of Christ. It exposes us to other dimensions of life, and thus, equips us for the glory of Easter.

This first Sunday of Lent, starts on a hopeful and joyful note. The readings bring in view concepts like faith, salvation and victory over sin. These remind us of the need to praise God for the great wonders he worked for our fathers in faith. Through our participation this Lent God is ready to extend the same wonders to us.

The first reading begins with a very brief account from Moses about how God delivered His chosen people Israel from bondage in the land of Egypt. Therefore, this reminds us of our own salvific journey. This Lenten season, we are on a journey to our salvation, and the hope of this salvation must sustain us throughout this season and beyond.

The second reading presents another dimension to this journey towards salvation. It presents faith as a necessary tool which must be manifested through our confessions. Without faith, it will be practically impossible to reach our destination. Faith in this case is the energy that motivates us as we march on. If along this journey this season, we become weary, turning to Jesus is the best option available to us. If we call upon Him in faith, we shall find the strength to continue. We cannot prevail in this journey by our own strength alone.

This season therefore, we are to be mindful of the fact that temptations abound, just as our Lord was tempted today by the devil in our gospel. It is important to note that the tempter is always looking for a point of contact or weakness. This was why, once he realized that Christ was very hungry he felt it was an opportunity to use Him. However, the good news is that the devil was wrong, because Christ did not give him the chance to use Him. Hence, the devil cannot succeed with us too if we do not open avenues for him in our lives.

We must not give the devil any chance this season and in our entire life time. Therefore, let us close all the avenues in the course of this journey by wearing the sign: “Road Closed or No Vacancy Here!”  The avenues that must be closely guarded this season as the temptation of Christ teaches us include: The avenues of hunger and thirst for sin, the avenue of cheap popularity, vain glory, pride, and selfishness. These are obstacles to our spiritual growth, victory, and of course, to our salvation.

As Paul writes: “the weapons of our warfare are not carnal, but they are mighty through God for pulling down Strongholds (2 Cor. 10:4). Our weapons this season must include a very strong faith in God, prayer, uprightness, good works, and the word of God. This is because: “We do not fight” (this season only), against flesh and blood. But, against…powers of this dark age…the spiritual forces of evil in the heavenly realm” (Eph 6, 10-12). Above all, we must allow the Holy Spirit to be in charge by being docile to Him.

Finally, trusting in the arm of our own flesh will not help us this season. This is because, it might fail us. Through our Lord Jesus Christ, this season, God is absolutely ready to do for us what He did for our fathers in faith in ancient times. So, together with the psalmist today, let us unceasingly implore the Lord saying: “Be with me, O Lord in my distress.”

Peace be with you!

Maranatha!!

Homilía Para El 1er domingo De Cuaresma, Año C

Un Viaje Hacia Victoria Y Salvación
Rdgs: (1ra: Dt 26, 4-10; Sal: 90; 2da: Ro 10, 8-13; Ev: Lc 4, 1-13)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

El Miércoles de Ceniza, comenzamos nuestro camino con Cristo. Como un viaje que durará alrededor de seis y media semanas. El tiempo de Cuaresma nos presenta la oportunidad de re-vivir el misterio pascual de Cristo. Nos expone a otras dimensiones de la vida, y por lo tanto, nos equipa para la gloria de la Pascua.

Este primer domingo de Cuaresma, se inicia en una esperanzadora y alegre. Las lecturas nos presentan conceptos como la fe, la salvación y la victoria sobre el pecado. Nos recuerdan la necesidad de alabar a Dios por las grandes maravillas que Él hecho para nuestros padres en la fe. A través de nuestra participación en esta Cuaresma, Dios está listo para extender las mismas maravillas a nosotros. 

La primera lectura comienza con una muy breve reseña de Moisés sobre de cómo Dios libró a Su pueblo escogido Israel de la esclavitud en la tierra de Egipto. Por lo tanto, esto nos recuerda nuestra salvadora viaje. Este tiempo de Cuaresma, nos encontramos en un viaje a nuestra salvación, y la esperanza de la salvación que nos sostenga durante toda esta temporada y más allá.

La segunda lectura, presenta otra dimensión a este viaje hacia la salvación. La fe se presenta como una herramienta necesaria que debe ser manifestada a través de nuestras confesiones. Sin la fe, será prácticamente imposible de llegar a nuestro destino. Fe en este caso es la energía que nos motiva como se marcha. Si a lo largo de este viaje esta temporada, que se cansa, dirigiéndose a Jesús es la mejor opción disponible para nosotros. Si le pedimos con fe, vamos a encontrar la fuerza para continuar.

Esta temporada, por lo tanto, debemos ser conscientes del hecho de que abundan las tentaciones, al igual que nuestro Señor fue tentado por el diablo en el evangelio. Es importante señalar que el tentador está siempre en busca de un punto de contacto o debilidad. Esta es la razón porque, una vez que se dio cuenta de que Cristo era muy hambriento, el diábolo pensó que era una oportunidad para tentar a Cristo. Sin embargo, la buena noticia es que el diablo estaba equivocado, porque Cristo no le dio la oportunidad. Por lo tanto, el diablo no puede tener éxito si no abrirnos una avenida para él en nuestras vidas.

No debemos dar el diablo alguna oportunidad esta temporada y en toda nuestra vida. Por lo tanto, dejemos cerrar todas las avenidas al diábolo en el curso de este viaje por llevando este aviso: “¡Carretera Cerrada o No Hay Vacante Aquí!” Las avenidas que deben ser estrechamente vigilados esta temporada, como la tentación de Cristo nos enseña incluyen: las avenidas de hambre y de sed por el pecado, la avenida de popularidad barata, vana gloria, orgullo y egoísmo. Estos son los obstáculos que impiden nuestro crecimiento espiritual, la victoria y, por supuesto, a nuestra salvación.

Como Pablo escribe: “Nuestra armas de guerra no son humanas. Sino que tienen la fuerza de  Dios para destruir fortalezas: todos estos argumentos y soberbia que se opone al conocimiento de Dios “(2 Co 10, 4). Nuestras armas esta temporada deben incluir una fe firme en Dios, la oración, la rectitud, las buenas obras, y la palabra de Dios. Esto es porque que, esta temporada: “No nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a las fuerza oscuras, los espíritus y sus fuerzas malas del mundo de arriba.” (Ef 6, 10-12). Así que, debemos permitir que el Espíritu Santo para estar en control por ser dóciles a él. 

Por último, confiando en el brazo de nuestra carne no nos ayudará esta temporada. Esto es porque, nos podría fallar. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, esta temporada, Dios está totalmente dispuesto a hacer por nosotros lo que hizo por nuestros padres en la fe en los tiempos de la antigüedad. Por lo tanto, junto con el salmista, dejemos incesantemente implorar el Señor diciendo: “Acompáñame señor en mi angustia.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

Homily For Ash Wednesday, Year A, B & C

It Is Not An Easy Road, But Jesus Walks With Us

Rdgs: (1st: Jo 2, 12-18; Ps: 50; 2nd: II Cor 5, 20. 6, 2; Gos: Mt 6, 1-6. 16-18)

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Ash Wednesday marks the beginning of the Lenten season of the Church’s Liturgical Year. According to the Church’s teaching, the weekdays of Lent from Ash Wednesday to the Saturday before Palm Sunday take precedence over the memorial of the saints.

Lent is not just a period of “fulfilling an obligation imposed on us by the church,” during this period of the year. Rather, it marks the beginning of an important part of our salvific history. It is truly a season of re-living or re-enacting the entire Paschal Mystery of Christ.

Hence, today’s readings remind us of the importance of this season of Lent which begins with our celebration of Ash Wednesday. The prophet Joel calls us to repentance through: “Fasting, mourning and weeping.” While Paul calls this season: “A moment of grace, a favorable time, and of course, the day of salvation.” Hence he admonished us to make use of this season in order to reconcile ourselves with both men and God. Like our first reading, the gospel reminds of the most important virtues of this season: “almsgiving, prayer and fasting.” Not only did it highlight these virtues, it also reminds us that our Lenten observance must be carried out with humility.

According to Old Testament practices, wearing ash is a sign of shame, defeat and most importantly, a sign of repentance. For us Christians, it means more than these. It also marks an important point in our history of salvation. Though, the ash we are going to receive today is a symbol of death, but it strengthens our hope of rising with Christ. Hence, Timothy reminds us that: If we die with Christ, we will also rise with him” (2Tim.2, 11).

Today, we shall freely receive the ash made from the palms of the last Palm Sunday. This ash is a symbol of penance made sacramental by the blessings of the Church. It is a symbol of our voluntary decision and willingness to walk and suffer with Christ this season. It also reminds us that life passes away on Earth. Hence, we are reminded of this fact through these words: “Remember, Man is dust, and unto dust you shall return.”

The lantern season does not end with Ash Wednesday as many of us think. This is because many will simply receive the ash today and disappear. No, this is not the right way to observe this season. The Lenten season is best observed by attending liturgical functions like Stations of the Cross and retreats.

It also involves taking good advantage of the sacraments especially, the sacraments of reconciliation, visiting the Blessed Sacrament, and going on pilgrimages. It involves moments of deep reflections on the mystery of our salvation. It is a period of reconciliation, fasting, prayer and almsgiving as our readings remind us today. Of course, we must not forget that this is season provides us a great opportunity to carry out both spiritual and corporal works of mercy.

Finally, it is important to say that this season we need a lot of discipline, courage, perseverance, faith and tranquility of mind in order to triumph. So with the psalmist, let us implore the Lord this season: “Have mercy on us, O Lord, for we have sinned.”

Peace be with you!

Maranatha!!

Homilía Para El Miércoles De Ceniza, Año A, B y C

No Es Un Camino Fácil, Pero Jesús Camina Con Nosotros

Lecturas: (1o: Jl 2, 12-18; Sal: 50; 2 º: I Co 5, 20. 6, 2; Ev: Mt 6, 1-6. 16-18)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma de la Iglesia del Año litúrgico. Según la doctrina de la Iglesia, los días de la semana de Cuaresma desde Miércoles de Ceniza hasta el sábado antes de domingo de Ramos tienen precedencia sobre la memoria de los santos.

La Cuaresma no es simplemente un período “para cumplir la obligación que nos impone la iglesia,” durante este período del año. Más bien, se marca el inicio de una parte importante de nuestra historia salvífica. Es realmente una temporada de re-vivir todo el misterio pascual de Cristo.

Por lo tanto, las lecturas de hoy nos recuerdan la importancia de este tiempo de Cuaresma, que comienza con la celebración de Miércoles de Ceniza. El profeta Joel nos llama al arrepentimiento a través de: ” Ayuno y llorando.” Mientras que Pablo llama a esta temporada: “un momento de gracia, un tiempo favorable, y por supuesto, el día de la salvación.”

Por lo tanto, él nos advirtió que aprovechamos esta temporada con el fin de reconciliar con los hombres y Dios. Como nuestra primera lectura, el evangelio nos recuerda de las más importantes virtudes de esta temporada: “La limosna, la oración y el ayuno.” No sólo resaltar estas virtudes, sino también nos recuerda que nuestra observancia de Cuaresma debe ser llevada a cabo con humildad y piedad.

Según al Antiguo Testamento, llevar cenizas es un signo de vergüenza, derrota y lo más importante, un signo de arrepentimiento. Para nosotros, los cristianos, se significa más de estos. También es un punto importante en nuestra historia de la salvación. Aunque, la ceniza que vamos a recibir hoy es un símbolo de la muerte, sino se fortalece nuestra esperanza de levantar con Cristo. Por lo tanto, Timoteo nos recuerda que: “Si morimos con Cristo, nos levantaríamos con Él” (2 Tim 2, 11).

Hoy, vamos a recibir libremente la ceniza de las palmas del último Domingo de Ramos. Esta ceniza es un símbolo de la penitencia hecha sacramental por las bendiciones de la Iglesia. Se trata de un símbolo de nuestra decisión voluntaria de caminar con Cristo esta temporada. También nos recuerda que la vida pasa en la tierra. Por lo tanto, se nos recuerda de este hecho a través de estas palabras: “Recuerda, El Hombre es polvo, y al polvo volverás”.

La temporada cuaresma no termine con el Miércoles de Ceniza como muchos de nosotros pensamos. Esto es porque muchos simplemente recibirán la ceniza hoy y desaparecerán. No, este no es la manera correcta para observar esta temporada. El tiempo de Cuaresma se observa mejor asistiendo a las funciones litúrgicas como vía cruces y los retiros.

También se involucra tomar una buena ventaja de los sacramentos, especialmente el sacramento de la reconciliación. Se involucra visitas al Santísimo Sacramento y a peregrinar. Se involucra momentos de reflexión profunda en el misterio de nuestra salvación. Se trata de un período de reconciliación, el ayuno, la oración y la limosna como nuestras lecturas nos recuerdan hoy. Por supuesto, no podemos olvidar que esta temporada nos ofrece una gran oportunidad para llevar a cabo las obras de misericordia espiritual y corporal. Esto es especialmente, como celebramos el año de la misericordia.

Por último, es importante decir que, a lo largo de esta temporada, necesitamos mucha disciplina, valentía, perseverancia, fe y la tranquilidad de la mente con el fin de triunfar. Con el salmista, pidamos al Señor esta temporada: “Ten piedad de nosotros, O Señor, porque hemos pecados”. 

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

Homily for 5th Sunday of Ordinary Time, Year C

The Lord Makes Us His Worthy Messengers

Rdgs: (1st: Is 6, 1-8; Ps: 137; 2nd: I Cor 15, 1-11; Gos: Lk 5, 1-11)

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Last Sunday the church reminded us of our privileged call to be God’s prophets and messengers. On this fifth Sunday of ordinary time, she reminds us that though we are utterly unworthy to be God’s messengers, Christ cleanses us from our sins and gives us the strength to say: “Here I am, Lord Send me.” He is the one that makes us worthy missionaries. Hence today’s message is a continuation of last week’s.

A close look at all our readings today reveals one common phenomenon. This is the feeling and expression of unworthiness by all the personalities (Isaiah, Paul and Peter). Truly speaking and given fact that they are humans beings, they were not worthy for God’s mission. This is why the scripture tells us that: There is none as holy as the Lord… (I Sam. 2, 2), and that: “all our righteous acts are like filthy rags (Ish. 64, 6). Of course, any person who grasps this truth is already on the path of salvation. These feelings and expressions of unworthiness were marks of humility on Isaiah who said: “I am a man of unclean lips,” on Paul who admitted: “I am the least of the apostles,” and on Peter who Pleaded: Leave me, Lord; I am a sinful man.”

They acknowledged their unworthiness, weaknesses and vulnerabilities before God. They acknowledged the fact that they were not worthy to bear the sacred message of God. Somehow, their feelings and humility were indirect means of drawing God’s attention to the fact that they needed his grace, and blessing in order to succeed. Of course, God knew all these before choosing them. It did not matter to Him whether they were weak or strong. God is simply the one who sanctifies and makes us worthy for his work.

In today’s gospel, one question that needs serious attention is: How could Peter a professional and experienced fisherman who could not catch any fish throughout the night be able to catch men for God? I mean “Homo sapiens” who are the most difficult of all the species created by God? Of course, Christ knew he was not worthy, yet He went for him. He chose him in spite of his unworthiness and made him worthy for the mission. From the lives and excuses of these the figures today, we must learn that it is the grace of God that makes us worthy for His mission and not only our “special qualities or experiences.” They matter but, are limited.

There is another important truth and lesson that emerges both from our readings today and the first reading of last week. This is the fact that, there will always be millions of reasons to try to dodge the call of God. Last week, while Jeremiah claimed that he was still too young (Jer 1, 6), today Isaiah claims to be “a man of unclean leaps.” So, there will always be millions of reasons, not to help the poor, feed the hungry, give drink to the thirsty, clothe the naked, shelter the homeless, visit the sick, visit the imprisoned, bury the dead.

There will be a million reasons not to attend masses, not to pray the rosary, not to go for confession when we need it, not to visit Christ in the Blessed Sacrament. There will always be reasons not to be able to take care of my wife, my husband, my children and my neighbors. Too many reasons my dear friend! However, God will not relent until we do his will, because he has an adequate response for every reason that we give

Finally, At times we feel like Isaiah, Paul or Peter in today’s readings. We feel so unworthy of our call that we can hardly do anything for the sake of the Gospel. Rightly, we should feel so perhaps because of our inadequacies and fear. However, we should realize that it is God who cleanses us of our sins and makes us worthy to be his messengers. Therefore, we are not to be afraid. Rather, we should be docile to the spirit of Jesus Christ. He makes only those who are available worthy and capable for his mission. If we are ready to say like Isaiah: Here I am, Lord send me.” Christ is also ready to make us “fishers of men.”

Peace be with you.

Maranatha!

 

Homilía para el 5to Domingo del tiempo ordinario, año C

El Señor Nos Hace Sus Mensajeros Dignos

Lecturas:(1ra: Is 6, 1-8; Sal: 137; 2da: I Co 15, 1-11; Ev: Lc 5, 1-11)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

El pasado domingo, la iglesia nos recordaba nuestra privilegiada llamada a ser profetas y mensajeros. En este quinto domingo del tiempo ordinario, nos recuerda que a pesar de que somos absolutamente indignos de ser mensajeros de Dios, Cristo nos limpia de nuestros pecados y nos da la fuerza para decir: “Aquí estoy, Señor envíame.” Él es el único que nos hace dignos misioneros. Por lo tanto el mensaje de hoy es una continuación de la semana pasada.

Un vistazo a todas nuestras lecturas hoy revela un fenómeno común. Este es el sentir y la expresión de indignidad por todas las personalidades (Isaías, San Pablo y San Pedro). Verdaderamente y dado que son seres humanos, no son dignos de la misión de Dios. Esta es la razón por la cual la escritura nos dice que: “No hay uno santo como el Señor… (I Sam 2, 2); y que: “Todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia ante Dios” (Is 64, 6). Por supuesto, cualquier persona que capta esta verdad está ya en el camino de la salvación. Estos sentimientos y expresiones de indignidad habían marcado la humildad de Isaías, que dijo: “Yo soy un hombre de labios impuros”, en San Pablo, quien confesó: “Yo soy el más pequeño de los apóstoles”, y en Pedro, que se confesó: “Señor, yo soy un hombre pecador”.

Se han reconocido sus afectos, sus debilidades y vulnerabilidades ante Dios. Se han reconocido el hecho de que no son dignos de llevar el mensaje sagrado de Dios. De alguna manera, sus sentimientos y humildad son medios indirectos de dibujar la atención de Dios al hecho de que se necesita su gracia y bendición para tener éxito. Por supuesto, Dios conocía a todos ellos antes de elegirlos. No le importa si son fuertes o débiles. Dios es el que santifica y nos hace dignos de su trabajo.

En el evangelio de hoy, una cuestión que habría que prestar mucha atención es la siguiente: ¿Cómo podría Pedro un profesional y experimentado pescador que no podía coger ningún pez a lo largo de la noche ser capaz de capturar los hombres para Dios? Es decir, “Homo sapiens” que son los más difíciles de todas las especies creadas por Dios. Por supuesto, Cristo sabía que no era digno, pero fue para Él. Le escogió a pesar de su indignidad y le hizo merecedor de la misión. De las vidas y las experiencias de estas figuras, tenemos que aprender que es la gracia de Dios que nos hace dignos de su misión y no sólo de nuestras “cualidades especiales o las experiencias.” Son importantes, pero son limitadas.

Hay otra importante verdad y lección que se extrae tanto de nuestras lecturas hoy y la primera lectura de la semana pasada. Este es el hecho de que, siempre habrá millones de razones para tratar de eludir el llamado de Dios. La semana pasada, mientras que Jeremías dijo que él era demasiado joven (Jer 1, 6), hoy Isaías afirma que él es “un hombre de labios impuros.” Por lo tanto, siempre habrá millones de razones, para no ayudar a los pobres, los hambrientos, dar a beber al sediento, vestir al desnudo, dar refugio a los desamparados, visitar a los enfermos, los presos, enterrar a los muertos.

Habrá millones de razones para no asistir a las misas, no rezar el rosario, para no ir a la confesión cuando lo necesitamos, para no visitar a Cristo en el Santísimo Sacramento. Siempre habrá razones para no ser capaz de cuidar de mi esposa, mi marido, mis hijos y mis vecinos. ¡Demasiadas razones, mi querido amigo! Sin embargo, Dios no descansará  hasta que no hagamos su voluntad, puesto que tiene una respuesta adecuada para cada razón por la que damos.

Por último, a veces nos sentimos como Isaías, Pablo o Pedro, según  las lecturas de hoy. Nos sentimos tan indignos de nuestra llamada que no podemos hacer nada por el bien del Evangelio. Con toda razón, hemos de sentir eso, tal vez debido a nuestra insuficiencia y el miedo. Sin embargo, debemos ser conscientes que es Dios quien nos limpia de nuestros pecados y nos hace dignos de ser sus mensajeros. Por lo tanto, no vamos a tener miedo. Más bien, debemos ser dóciles al espíritu de Jesucristo. Lo hacen sólo aquellos que están disponibles a ser dignos y capaces para su misión. Si estamos dispuestos a decir como Isaías: “Aquí estoy, envíame,” Cristo también está dispuesto a hacernos “pescadores de hombres”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesus)!

Homily For 4th Sunday Of Ordinary Time, Year C

Responding To God’s Call With Love

Rdgs: (1st: Jer 1, 4-5. 17-19; Ps: 70; 2nd: I Cor 12, 31-13, 13; Gos: Lk 2, 21-30)

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this forth Sunday of Ordinary time, the church reminds us that we are privileged to be called by God to be his prophets. Through our baptism as Christians, God called each one of us to take His word and proclaim it to the world. However, we cannot succeed in this call without love for God, the Word, and the people of God. Hence, in spite of all the difficulties associated with this call, love must motivate us to continue.

The focus of today’s first reading is principally on a call to action, and to proclaim the good news to all the nations. This call is both an imperative and a privilege given to us by God. This mission is very important to God. Hence, He warns us: Do not be afraid or in their presence, I will make you dismayed. On the other hand, He promises to provide the strength and protection we require to accomplish our call: “I for my own part today will make you into a fortified city, a pillar of iron, and a wall of bronze to confront all these land.

These simply show that the call to this prophetic ministry is not solely our business. Rather, it is a collaborative ministry between God and us. We make ourselves available, while God provides the strength and protection. He is the owner of the message and the mission. He will also provide all that it takes to succeed in his mission.

One very important point to note in this reading is the fact that God did not call us by accident. Rather, He reflected on it very well before calling us. He knew each one of us personally and still knows us now very well. Also, he knows what he wants us to do for him. Hence, He calls us by our personal names and reminds us: “Before I formed you in the womb I knew you; before you came to birth I consecrated you; I have appointed you as the prophet of the nations. This means that we are not strangers to God and His call. He does not call strangers to his mission, but those he knows personally.

In our second reading today Paul reminds us that the “impetus agitat” or driving force for this prophetic mission must be the following cardinal virtues: Love, Faith and Hope. Faith in God sustains us in our prophetic ministry in spite of the obstacles we encounter. Also hope in a bright future motivates us to remain focused, and to believe that our efforts will not be in vain. A prophet or Christian who has these cardinal virtues will succeed in his ministry.

Saint Augustine of Hippo once said: “Love and do whatever you want to do.” This simply means that love is the greatest and most important of these virtues. If love is not at the base of our mission, all our efforts might be in vain. A prophet who lacks love for God, the good news, and for the people he is called to prophesy is a clashing cymbal. Love must motivate us God’s initiative to be his prophets for the salvation of all nations and people.

In today’s gospel, Christ demonstrated prophetic love. Therefore, it was not difficult for him to win the approval of the people: “…He won the approval of all and they were astonished by the gracious words that came from his lips. Without these gracious words motivated by love for the salvation of the people, all his efforts would have been in vain. It is also important to point out that life is not always easy for a true prophet. He faces oppositions, persecutions castigations, rejections, and even threats to his life. In spite of all these, Christ did not relent. Instead, he continued to cherish God’s call. Like Christ, we must continue to love and cherish the people while remaining faithful to God who called us. As those called to be prophets and missionaries we must be committed to the good news.

So, we are privileged to be called by God to be his prophets. That is, to take his words and proclaim it to people of all nations. We must do this both through the words of our mouths, and through our actions. So, it is important to know that a prophet or missionary without commitment to the good news is simply a tourist. Therefore with the psalmist, let us renew our commitment to God by proclaiming: “My lips will tell of your justice and of your help day by day. O God, you have taught me from my youth, and I will still proclaim your wonders.”

Peace be with you!

Maranatha!