Homily For 3rd Sunday Of Easter, Year A

Alleluia! The Risen Christ Is With Us

Readings: 1st: Acts 2: 14.22-33; Ps: 15: 1-2. 5-11; 2nd: 1Pt 1: 17-21; Gos: Jh 24: 13-35)

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Diocesis of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.  

 

On this third Sunday of Easter, we continue to appreciate God’s love for us. Today, the Church enjoins us to continue to be joyful. This is because, Christ has not only ransomed us with his precious blood. Also, he continues to be with us through the scriptures (liturgy of the word), and in the breaking of bread (liturgy of the Eucharist), the core of the Holy Mass.

In the first reading of this Sunday, after the Pentecostal experience, Peter continues to bear witness to the risen and glorified Christ. He argues that, since it was impossible for Christ to be held captive by death, so it is equally impossible for us, whom Christ has ransomed with his precious blood to remain captives. This is because, we share in Christ’s new life. Now, we abide in his presence. Hence, there is no cause for alarms because: “Those who abide in the presence of the Most High, will rest in the shadow of the Almighty” (Ps. 91:1).

In the second reading, Peter calls us to live a life that is worthy of our new state through the resurrection of Christ. In order words, if God is truly our father, we must try to live holy lives, because: “Those who call upon the name of the Lord, must depart from iniquity” (II Tim 2, 19). It is a life of witness, and one that shows that Christ truly alive in us.

Today’s gospel draws our attention to very important aspects of our Christian life. That is, the liturgy of the Word, and that of the Body and Blood of Christ (The Holy Eucharist). It is important to note the sequence of activities on this journey to Emmaus. First, Christ illuminated the minds of his disciples with scriptures (liturgy of the Word): “Then starting with Moses…, he explained to them the passages through the scriptures about himself.”

Second, Christ celebrated the liturgy of his own body and blood (the Eucharist) with them: “While he was still with them at table, he took the bread, and said the blessing; then he broke it, and gave it to them.” Afterwards, something very important happened: “…Their eyes opened, and they recognized him…” It is important to note that, it was only after these two important celebrations, that these disciples recognized Christ their master.

The celebration of the eucharist with his disciples, underscores the importance of Christ’s injunction: “Do this in memory of me.” Indeed, he has ransomed and given us new life through his paschal mystery. Yet, in order to sustain and nourish this new life, He left us himself in these two important liturgies of the Holy Mass (Word and Eucharist). Hence, the saying: “Liturgy is Life!” This means that, if we forget these liturgies celebrated by Christ himself, we forget our new life in him.

Christ did this today to remind us that each time we celebrate these liturgies worthily, He opens our eyes, in order to recognize his divine presence with us. Through the breaking of bread in memory of Him, He nourishes our life, and makes it new every day.

Therefore, at Mass, we recognize Christ every day, and renew our life in Him. This is because, Christ at Mass, offers himself again, as a precious ransom for the renewal of our own life. Therefore, let us ask the Christ to always open the eyes of our minds, so that we may recognize Him during every eucharistic celebration. Alleluia, the risen Christ is with us!

Peace be with you all.

Maranatha

Homilía Para El Tercer Domingo De Pascua, Año A

¡Aleluya! Cristo Resucitado Esta Con Nosotros

Lecturas: 1ra: Hch 2, 22-33; Sal: 15, 1-2.5-11: 2da: I Ped 1, 17-21: Ev: Jn 24, 13-35

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com. 

En este tercer domingo de Pascua, seguimos a apreciar el amor de Dios para nosotros. Hoy, la Iglesia nos insta a seguir alegres. Esto es porque, Cristo no sólo nos ha rescatado con su sangre preciosa. También, él continúa de estar con nosotros a través de las escrituras (liturgia de la palabra) y en la fracción de pan (liturgia de la Eucaristía), el núcleo de la Misa.

En este tercer domingo de Pascua, seguimos a apreciar el amor de Dios para nosotros. Hoy, la Iglesia nos insta a seguir alegres. Esto es porque, Cristo no sólo nos ha rescatado con su sangre preciosa. También, él continúa de estar con nosotros a través de las escrituras (liturgia de la palabra) y en la fracción de pan (liturgia de la Eucaristía), el núcleo de la Misa.

En la primera lectura de este domingo, tras de su experiencia pentecostal, Pedro, continúa a dar testimonio a Cristo resucitado y glorificado. Argumenta que era imposible para Cristo estar cautivo por la muerte, por eso, es igualmente imposible para nosotros, que Cristo ha redimido con su sangre preciosa, permanecer cautivos. Esto es porque, compartimos en la vida nueva de Cristo. Ahora, habitamos en su presencia. Por lo tanto, no hay ninguna causa para las alarmas porque: El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente ” (Salmo 91:1).

En la segunda lectura, Pedro nos llama a vivir una vida digna de nuestro estado nuevo mediante la resurrección de Cristo. En palabras de orden, si Dios es verdaderamente nuestro padre, debemos intentar vivir una vida Santa, porque: “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.” (II Tim 2, 19). Es una vida de testimonio, y que muestra que Cristo vivo verdaderamente en nosotros.

El evangelio de hoy llama nuestra atención a aspectos importantes de nuestra vida cristiana. Es decir, la liturgia de la palabra, y del cuerpo y la sangre de Cristo. Es importante tener en cuenta la secuencia de las actividades en este viaje a Emaús. En primer lugar, Cristo ilumina las mentes de sus discípulos con las escrituras (liturgia de la palabra): “Entonces desde Moisés…él les explicó los pasos a través de las escrituras sobre sí mismo”.

En segundo lugar, Cristo celebra la liturgia de su propio cuerpo y sangre (la Eucaristía) con ellos: “Mientras que él todavía estaba con ellos en la mesa, tomó pan, y dijo la bendición; lo partió, y les dio.” Luego, sucedió algo muy importante: “…Sus ojos se abrieron y lo reconocieron…” Es importante tener en cuenta que fue sólo después de estas dos celebraciones importantes, que estos discípulos reconocieron a Cristo, su maestro.

La celebración de la Eucaristía con sus discípulos, subraya la importancia del mandato de Cristo: “Hagan esto en memoria mía”. De hecho, nos ha redimido y nos da nueva vida a través de su misterio Pascual. Aún, a fin de sostener y alimentar esta nueva vida, nos dejó él mismo en estas dos liturgias importantes de la misa Santa (Palabra y eucaristía). De ahí, el refrán: “¡La liturgia es vida!” Esto significa que, si olvidamos estas liturgias celebradas por Cristo sí mismo, olvidamos nuestra nueva vida en él. 

Cristo hizo esto hoy para recordarnos que cada vez que celebramos estas liturgias dignamente, se abre nuestros ojos, para reconocer su presencia divina con nosotros. A través de la fracción del pan en memoria de Él, alimenta nuestra vida y lo hace nuevo cada día.

Por lo tanto, en la misa, reconocemos a Cristo cada día, y renovamos nuestra vida en Él. Esto es porque, Cristo en la misa se ofrece otra vez como un rescate precioso para la renovación de nuestra propia vida. Por lo tanto, lo pedimos Cristo que siempre abrir los ojos de nuestras mentes, para que podamos reconocerle durante cada celebración eucarística. ¡Aleluya, Cristo resucitado está con nosotros!

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For 2nd Sunday Of Easter (Divine Mercy Sunday), Year A

His Mercy Endures Forever, Alleluia, Alleluia

Readings: 1st: Acts 2: 42-47; Ps 117: 2-4. 13-24; 2nd: 1Pt 1: 3-9; Gos Jn 20: 19-31)           

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Diocesis of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.  

Today is the second Sunday of Easter. It is and also, the Divine Mercy Sunday. On this special Sunday, the Church continues to relish in the joy the risen Christ. We are called to celebrate the risen Christ the first fruit of all those who have fallen asleep, the hope of Christians, and the Cause of Our Joy.

Today’s first reading recounts the new zeal, the new love, and the new spirit of the early Christian community. A people who used to be afraid of the Jews and persecution, now have been transformed to a courageous people. They are now proud of themselves and their new heritage.

This heritage is their sharing in the resurrection of Jesus Christ. He is the cause of their joy, love, unity and strength. This is what the resurrection of Christ did for us also. It restored our confidence as the people of God. It lifts us from the dust, and places us exactly where we belong. In short, it reinstates us.

In the second reading, Peter draws our attention to the mercy of God towards us. In his mercy, God has given us a new birth by allowing us to share in the resurrection of Christ: “So that we have a sure hope, and the promise of an inheritance that can never be destroyed.” So, what we celebrate this season is also God’s wonderful mercy.

Surely, our salvation is guaranteed through the resurrection of Christ. However, the necessary tool for taking this salvation according to Peter, is our Faith. “Through your faith, God’s power will guard you, until the salvation which has been prepared for you is revealed at the end of time. So, only faith can guarantee our salvation in the resurrected Christ.

In today’s gospel, Christ presented himself to his disciples. During this very important visit, He dispelled their fears and doubts. He restored their peace, and commissioned them as ministers of the sacrament of reconciliation.

It suffices to note that it was not easy for Thomas to believe that Christ has risen. As we witness to the risen Christ, we shall certainly encounter those (some Thomas) who will doubt our testimony. Let us not be bothered by their unbelief and stubbornness. This is because, God himself will convince them through the power of the Holy Spirit.

All we need is, to simply to pass on the message and leave Christ the risen Lord to convince them. So, like the disciples of Christ, let us continue to announce the good news to the whole world that Jesus Christ our Lord has truly risen from the dead.

As we celebrate divine mercy Sunday today, we are reminded that God extended his mercy to us by allowing his son pay the ransom for our sins. Christ accomplished this through his paschal mystery.

Finally, we too, must extend this mercy to others. Hence, we are called to be apostles of mercy. So, as we spread the good news of Christ’s resurrection, we must give thanks to God the Father of our Lord Jesus Christ. This is because, in his mercy and generosity endures forever.

Peace be with you all!!

Maranatha!!

Homilía Para El 2do Domingo (La Divina Misericordia) de Pascua, Ano A

Su Misericordia Es Eterna, Aleluya, Aleluya

Lectura: 1ra: Hch 2: 42-47; Sal: 117: 2-4. 13-24; 2da: 1Pt 1: 3-9; Ev: Jn 20: 19-31

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com. 

Hoy es el segundo domingo de Pascua. Es también, el domingo de la divina misericordia. En este domingo especial, la iglesia continúa disfrutar de la alegría de Cristo resucitado. Estamos llamados a celebrar al Cristo resucitado el primer fruto de quienes han dormido, la esperanza de los cristianos y la causa de nuestra alegría.

La primera lectura de hoy relata el celo nuevo, el nuevo amor y el nuevo espíritu de la comunidad cristiana temprana. Un pueblo que tenía miedo de los judíos y la persecución, ahora se han transformado a un pueblo valiente. Ahora están orgullosos de ellos mismos y de su nueva herencia

Esta herencia es su participación en la resurrección de Jesucristo. Él es la causa de su alegría, amor, unidad y fuerza. Esto es lo que la resurrección de Cristo hizo por nosotros también. Has restaurada nuestra confianza como el pueblo de Dios. Nos eleva desde el polvo y nos sitúa exactamente donde pertenecemos. En pocas palabras, se nos has reinstituido.

En la segunda lectura, Pedro llama la atención sobre la misericordia de Dios hacia nosotros. En su misericordia, Dios nos ha dado un nuevo nacimiento por lo que nos permite compartir en la resurrección de Cristo: “para que tengamos una esperanza y la promesa de una herencia que nunca puede ser destruida.” Por lo tanto, lo que celebramos esta temporada es también la maravillosa misericordia de Dios.

Seguramente, nuestra salvación está garantizada por la resurrección de Cristo. Sin embargo, las herramientas necesarias para tomar esta salvación según Pedro, es nuestra fe. “No han visto a Jesucristo, y lo aman, no lo ven y creen en el…alcanzando así la meta de su fe: su propia salvación.” Así que, solo nuestra fe puede garantizar nuestra salvación en Cristo.

En el Evangelio de hoy, Cristo se presentó a sus discípulos. Durante esta visita muy importante, se disipó sus temores y dudas. Restauró su paz y nombró como ministros del sacramento de la reconciliación. 

Basta para señalar que no fue fácil para Tomas a creer que Cristo ha resucitado. Mientras que continuamos a testificar que Cristo has resucitado, sin duda encontramos algunos Tomas que dudaran nuestro testimonio. No tenemos que ser molestados por sus incredulidad y obstinación, porque, Dios si mismo les convencerá a través del poder del Espíritu Santo.

Todo lo que necesitamos es, simplemente transmitir el mensaje y dejar que Cristo resucitado convencerlos. Por lo tanto, como los discípulos de Cristo, sigamos a anunciar la buena noticia a todo el mundo que Jesucristo nuestro Señor ha resucitado de entre los muertos.

Hoy, al celebrar la misericordia divina en este domingo, nos recuerdas que Dios extendió su misericordia a nosotros al permitir que su hijo pagar el rescate por nuestros pecados. Cristo logra esto a través de su misterio Pascual.

Por último, también debemos extender esta misericordia a los demás. Por lo tanto, estamos llamados a ser apóstoles de la misericordia. Así, como difundimos la buena noticia de la resurrección de Cristo, debemos dar gracias a Dios el padre de nuestro Señor Jesucristo. Esto es porque, su misericordia y su generosidad es eterna.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For Easter Vigil, Year A

Do Not Be Afraid, Christ is Risen! Alleluia, Alleluia

Readings: 1st: Ex 14, 15. 15,1; Ps 117; 2nd: Rom 6, 3-11: Gos: Mt 28, 1-10

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Diocesis of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.    

 

At times, we usually associate nights with evil. However, we forget that God created everything good (Gen 1, 31). This night is the most important and jubilant night for all of us. It is unique among all other nights because it is a night of victory, liberation, and healing. It is the climax of the history of our salvation. It is the night of Easter. That night we have all being waiting for.

The simplest way to summarize the event of this night is by reflecting deeply on the words of the Exultet which we heard this night. “…This is the night when the pillar of fire destroyed the darkness of sin. This is the night when Christians everywhere are washed clean of sin, freed from all defilement, are restored to grace and, grow together in holiness. This is the night when Jesus Christ broke the chains of death and rose triumphant from the grave…”

Just as Moses led Israel out of Egypt into liberation after Passover in the third reading of this night, so through his resurrection, Christ inaugurates a new people of God who walk towards liberation. The old people was Israel. Both people had their Pascha. There was a Jewish Pascha and this night is the Christian Pascha.

In the first Pascha, the people were liberated from Egypt’s oppression, and were placed on their way to the promised land. In our case, we the new people of God, have been liberated from darkness caused by sin. So, guided by the risen Christ, we have started living, and walking in the light.

In tonight’s liturgy, there is an impressionable symbolism. That is the ritual of the Paschal Candle. The church remains in the dark. The paschal candle is lighted while the priest or Deacon acclaims: “Light of Christ!” it is easy to understand. Humanity was in darkness and confusion. Christ has made himself light the we may be able to see and walk.

The Church, we are the new people of God. Through his resurrection, Christ achieved the new Pascha. Therefore, the central message of this paschal night is liberation. Let us leave oppression behind and being to walk towards freedom. With all the joy of one who has left the prison walls or the hospital bed, let us begin to walk in order to build a new life, a new family, a new community and a new nation.

As Paul tells us in the epistle of this night, we died with Christ, now we have also resurrected with him. This night through the renewal of our baptismal vows and promises, God in his mercy has called to new life. So, our life is now the life of Christ. So, let us walk with him and live with him.

As the angels said to the women in the gospel, so he is saying to us this night: There is no need to be afraid or worry…He has risen from the dead, as he said he would do.” Therefore, this is a night made by the Lord. It is a night of a new life and a new hope. The resurrected church of the Lord is alive, because Christ our Lord has resurrected. In the Holy Eucharist and in the union of believers the risen Christ is our strength and life. “So, let us give thanks to the Lord, for his love for his people endures forever.” Alleluia, Alleluia

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía Para la Vigilia Pascual, Año A

¡No Teman, Cristo Resucitó! Aleluya, Aleluya.

Lectura: (1o: Ge 1, 1-31. 2, 1-2; Sal 115; 2o Ro 6, 3-11; Ev: Mc 16, 1-7)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

A veces, solemos asociar noches con el mal. Sin embargo, nos olvidamos de que Dios creó todo bueno” (Ge 1, 31). Esta noche es la más importante y jubilosa noche para todos nosotros. Es única entre las otras noches, porque es una noche de victoria, la liberación y la curación. Es el momento culminante de la historia de nuestra salvación. Es la noche de Pascua. Esa noche tenemos todos están esperando.

La forma más sencilla de resumir el evento de esta noche es reflexionar profundamente sobre estas palabras del Pregón que hemos oído esta noche. “…Esta es la noche cuando la columna de fuego destruyó la oscuridad del pecado. Esta es la noche cuando los cristianos en todas partes se limpian de sus pecados, libres de toda impureza, son restaurados a la gracia y, crecen en santidad. Esta es la noche cuando Jesucristo rompe las cadenas de la muerte y se levanta triunfante de la tumba…”

Igual que Moisés condujeron a Israel fuera de Egipto en liberación después de la Pascua en la tercera lectura de esta noche, así que, a través de su resurrección, Cristo inaugura un nuevo pueblo de Dios que camina hacia la liberación. El antiguo pueblo fue Israel. Ambos pueblos tuvieron su Pascua. Había una Pascua judía y esta noche es la Pascua cristiana.

En la primera Pascua, las personas fueron liberadas de la opresión de Egipto y fueron colocadas en su camino a la tierra prometida. En nuestro caso, el nuevo pueblo de Dios, nos hemos estado liberado de la oscuridad causada por el pecado. Así, guiados por Cristo resucitado, hemos empezado a vivir y caminar en la luz.

En la liturgia de esta noche, hay un simbolismo impresionante. Es el rito del cirio pascual. La iglesia permanece a oscuras. Se enciende el cirio pascual mientras el sacerdote o diácono aclama: “Luz de Cristo!” Es fácil entender. La humanidad estaba en tinieblas y confusión. Cristo se ha hecho luz para que podemos ver y caminar. Cristo se instala en medio de nosotros como una luz para guiarnos en el camino de nuestra liberación humana.

La iglesia, somos el nuevo pueblo de Dios. A través de su resurrección, Cristo consigue la nueva Pascua. Por lo tanto, el mensaje central de esta noche Pascual es liberación. Dejemos la opresión atrás y caminar hacia la libertad. Con toda la alegría de quien ha dejado las paredes de la prisión o la cama del hospital, empecemos a caminar con el fin de construir una nueva vida, una nueva familia, una comunidad nueva y una nueva nación.

Como Pablo nos dice en la epístola de esta noche, hemos muerto con Cristo, ahora nosotros también hemos resucitado con él. Esta noche a través de la renovación de nuestros votos bautismales y promesas, Dios en su misericordia nos ha llamado a una nueva vida. Así, nuestra vida es ahora la vida de Cristo. Por lo tanto, caminamos con él y vivemos con él.

Finalmente, también como el Ángel dijo a las mujeres en el Evangelio, así que él nos está diciendo esta noche: “No hay que tener miedo o preocuparse… Él ha resucitado de entre los muertos, como él dijo que iba a hacer. “ Por lo tanto, se trata de una noche hecha por el Señor. Es una noche de una nueva vida y una nueva esperanza. La iglesia del Señor está resucitada y viva, porque Cristo nuestro Señor ha resucitado. En la Sagrada Eucaristía y en esta unión de creyentes Cristo resucitado es nuestra fuerza y vida. “Así que, demos gracias al Señor, porque es bueno. Su amor dura para siempre y su misericordia es eterna.” Aleluya, Aleluya

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

Homily for Easter Sunday – Year A, B, & C

Christ Our Lord Is Risen Today: Alleluia, Alleluia, Alleluia!

Readings: 1st: Acts 10: 34. 37-43; Ps 117: 1-2. 16-23; 2nd: Col 3:1-4; Gos Jn 20: 1-9)     

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Diocesis of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.    

 Christ Our Lord is risen today! Alleluia! Alleluia!! A couple of weeks ago, we started what seemed like a hopeless, unending and a sorrowful journey. Today, we have joyfully come to the end of that journey. A journey that began sorrowfully has ended joyfully. Light has eventually overcome darkness and we have seen the glory of Christ.

The simple and short story is that, Christ has completely overcome the power of death. He has fulfilled his promise: “I will rise on the third day.” The battle is over, and there is no controversy, because Jesus is Lord! The Lord has won the battle for our salvation.

By his resurrection this Easter, Jesus makes a very important statement. That is, he is both the Lord of the living and of the dead. We died with him through our Lenten observances. So, let us also rise with him through the power of the Holy Spirit. That same power that resurrected him is capable of resurrecting our weakened bodies (Rom 8, 11).

Today, a new epoch has completely begun because the historical Jesus, who suffered, who was crucified and who died, has been glorified through his resurrection. He is now the glorified messiah, and he lives to die no more. We all have a share in this glory. Hence, from now, this shall be our story: God has resurrected his Son, Jesus Christ from the dead.

Therefore, as his disciples, our testimony from today shall be: “We saw Christ’s glory as he rose! Christ is truly risen from the dead.” Like the apostles, our duty now is to spread this good news. Like Peter, in today’s first reading, we must say to all people: “Now we are his witnesses, we eat and drank with him after his resurrection from the dead…”

This Easter day, we are also all called to join Paul in giving thanks to God: “Who in his great mercy has given us a new birth, by raising Jesus Christ from the dead” (Act 2: 42-43). The death of Christ was ours. Also, his resurrection, glory and triumph are equally ours.

Christ did not put us to shame. Rather, we now have a sure hope in an inheritance that can never be destroyed. So, having been raised with Christ, we must act like the living and not the dead. This is because, we share in the new life of Christ.

We must seek the things of light, things that are noble, true, just and things that glorify God. We must seek heavenly things by living like free people and citizens of heaven.” This is what our Paul instructs us to do in today’s second reading: “Since you have been brought back to true life with Christ, seek the things that are in heaven, where Christ is…”

Through this, Paul calls us to be aware of our new and exalted position in Christ. Let us be happy and rejoice for what God has done for us today in Christ. Let us sing with the Psalmist on this glorious day of Easter: “This day was made by the Lord; we rejoice and are glad. Alleluia, Alleluia, Alleluia!

Peace be with you all!

Maranatha!!