Homilía Para El Cuarto Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

 Escuchando A Jesús y Prestando Atención Sólo A Sus Auténticos Profetas

Lecturas: (1o: Dt 18, 15-20; Sal: 94, 1-9; 2 º: 1 Co 7, 32-35: Ev: Mc 1, 21-28)

 Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

En vista de miríada “voces profética” en nuestro tiempo que surgen diariamente en nombre del Señor (y nos deja confundido y explotado) para varias razones y motivos, en este cuarto domingo del tiempo ordinario, la madre iglesia nos anima para celebrar y escuchar atentamente a Jesucristo, el profeta y maestro que habla con autoridad. La iglesia también nos recuerda las consecuencias de no escuchar a Jesús, como auténtico profeta. Por otro lado, ella sin embargo nos recuerda las consecuencias de hablar falsamente en nombre del Señor para engañar a cualquiera o a los demás.

En medio de confusiones, incertidumbres, dificultades, enfermedades, carencia de trabajo, y varios problemas que afecta a la humanidad, a quien deberíamos escuchar o de dónde deberíamos esperar auxilio excepto “de Dios que hizo cielo y tierra.” Desafortunadamente, cuando estamos intimidados por estas circunstancias la tendencia es buscar en otras direcciones, y no escuchar al Señor. También, la otra tendencia de muchos profetas y maestros falsos es aparecer y pretender ser como los oráculos de Dios. Esto siempre dice: “Pobreza y las grandes dificultades son dobladores de la mente.” En situaciones como estas, según Karl Marx: “La Religión se convierte en el opio de las masas o gente,” quien con impaciencia están buscando de solución a sus problemas. Situaciones difíciles pueden romper la voluntad de una persona, y así pues se presenta la oportunidad para la explotación y manipulación por falsos profetas y maestros. Hoy, esto es una enfermedad seria de nuestra sociedad que desafortunadamente puede continuar si rechazamos escuchar solo a Jesucristo y sus profetas auténticos.

Una vez más, en una situación como la de hoy día, donde hay muchos profetas que están llamando y gritando para ser escuchados, y pretendiendo hablar en nombre del Señor, ¿Qué hacemos? Mis queridos hermanos, hoy en nuestra primera lectura de Deuteronomio, Dios nos prometió un gran profeta y ha cumplido esta promesa en Cristo. En su parte, Cristo ha instituido para Él mismo auténticos ministros para llevar sus palabras proféticas. Así pues, todo lo que necesitamos es estar cerca  a Jesús y escucharlo a Él, y sus profetas auténticos. Si estamos atentos a Él, no seremos engañados por falsos profetas en nuestra circunstancia. Estos es porque, Dios nos advirtió por Moisés: “Algunos no escucharán mis palabras, las que este profeta anuncie en mi nombre, yo mismo le pediré cuentas de ello.” En otros verbos, no debamos descuidar las enseñanzas de Jesús, y las de sus auténticos profetas y, fieles testigos. Por otro lado, Moisés nos advirtió que evitáramos la intensión de ser falso profeta o pretender falsamente hablar en nombre del Señor: “Pero si un profeta tiene la presunción de decir en mi nombre una palabra que yo no he mandado decir y si habla  en nombre de otros dioses,  ese profeta morirá.”

El evangelio de hoy continúa explicando el ministerio de Jesús el gran profeta y maestro. Como el profeta prometido, Marcos nos dice: “Y quedaron asombrados  de su doctrina, porque les ensañaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” Esta es una marca distintiva  entre un profeta verdadero y falso. Esto es porque, ciertamente, es viva la palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos, penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas.” La palabra de Dios no puede tocar a alguien sin haber hecho una impresión o calmar la tormenta y, elementos en la vida de la persona. Cuando la palabra de Dios está predicada con autoridad, ello tiene mucho peso. Por otro lado, cuando la palabra de Dios está empleada para la manipulación y explotación de las personas, tiene consecuencias negativas en el falso profeta, y también en sus seguidores.

Así pues, debemos ser cuidadosos “de los profetas, que vienen a nosotros  con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt 7, 15). Ellos se mueven y gritan como oráculo de Dios. Esta advertencia es muy importante porque, nuestra sociedad ha sido infestada y asediada por tales profetas y maestros falsos. Ellos usan todos los medios incluyendo a lo diabólico para ganar los pobres y ricos, mujeres desesperadas que están buscando esposos y bebés, jóvenes desesperados que no tienen trabajo, y todas clases de personas inocentes, para adoctrinar y explotar a ellos. Desafortunadamente, estos profetas falsos hablan “en nombre del Señor,” y con mucha autoridad retórica. Ellos han asumido los trabajos de los hechiceros y adivinos. Este es lo que Padre Ramón Arazu, C.S.Sp se refería que como “Priest Craft” (fraude de los ministros de la religión). Estos, instigan sentimientos espirituales en las mentes y familias de sus victimas para permanecer relevante, para ganar más gente a ellos mismos y, para vender sus artículos. Así Pues, en lugar de dirigir a la gente a Cristo, ellos dirigen la gente a comprar más “velas de santos” cual ellos han diseñando y importan de China; ellos dirigen  la gente a comprar más “aceites de santos”,  pañuelos, gorras, camisetas, panfletos, y otros artículos que ellos venden para mantenerse ellos mismos. Estos falsos profetas actúan a través estos artículos lo cual ellos venden antes o después de sus programas más que a través del espíritu de Jesucristo. Además, ellos les gusta mantener una autonomía de poder, territorial y financiera (Amos 7, 12-15), y por supuesto, deben tomar títulos  que provoquen un sentido de misterio y miedo.

En vista de esto, ¿cómo podemos saber si un profeta habla en nombre del Señor o por Dios? ¡Cuando lo que el profeta dice es realizado! Esto parece como una respuesta muy buena, pero en este caso no contesta toda la pregunta porque, no siempre es verdadero. Esto es porque pablo nos recuerda: “Que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Por tanto no es mucho que sus ministros se disfracen también de ministros de justicia. Pero, su fin será conforme a sus obras” (2 Cor 11, 14-15). A veces, sus predicciones se cumplen, pero cuando ellas no se han cumplido su simple excusa es siempre: “Dios ha cambiado su mente como lo hizo hacia Nínive” (Jon 3, 1-10). Sin embargo, la noticia triste es que un profeta auténtico puede convertirse en un falso profeta. Esto es cuando el profeta pierde foco, se ha enredado con ser mundano, se hace orgulloso, y por supuesto, cuando él se detiene escuchando a Jesús y la iglesia que lo ha llamado. En contraste a los escribas y fariseos, Jesús enseñó con autoridad personal que no fue basado tampoco en credenciales mundanas ni su capacidad para citar los precedentes, pero en el espíritu que descendió en Él, en el día de su bautismo (Mc 1, 10). Su única credencial es que, Él es el hijo de Dios (Mc1, 1). Así pues, su autoridad llega desde su padre. Por lo tanto, un profeta verdadero debe depender principalmente del Espíritu de Dios y no solo en artículos y precedentes.

Por fin, queridos hermanos, es muy importante que discernamos todos del espíritu y palabra de estos profetas, y tratemos de comparar a ellos con la palabra de Dios en la Sagrada Escritura. Lo que sea contrario al sentido sencillo de la Sagrada Escritura, o dé aspecto a una espiritualidad negativa, ciertamente no puede proceder de Dios. Continuemos escuchando a Jesús, y solo sus profetas auténticos que hablan por Dios porque, si ignoramos su llamada es lo mismo que ignorar Dios. Por lo tanto: “¡Ojala escuchéis hoy su voz; No endurezcáis el corazón…!”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

Homily For The 4th Sunday Of Ordinary Time, Year B

Listening To Jesus &, Paying Attention Only To His Authentic Prophets

Rdgs: (1st: Deut 18, 15-20; Ps 94, 1-9; 2nd: 1Cor 7, 32-35: Gos: Mk 1, 21-28)

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

In view of the myriad of “prophetic voices” that spring up daily “in the Lord’s name” and for different motives in our time thus leaving us exploited and confused, on this 4th Sunday of ordinary time, the church encourages us to celebrate and listen attentively to Jesus Christ, the prophet and teacher who speaks with authority. She also, reminds us of the consequences of not listening to him and his authentic prophets. On the other hand she also reminds us of the consequences of uttering falsehood in the Lord’s name in order to deceive anyone.

In the midst of confusions, uncertainties, hardships, sicknesses, joblessness and all kinds of problems that afflict humanity, who should we listen to, or from where should we expect help except from, “the Lord who made heaven and earth!” (Ps 121, 2). Unfortunately, when we are overwhelmed by these circumstances the tendency is for us look elsewhere, and not to listen to the Lord.  Also, another tendency is for many false prophets and teachers to spring up and claim to be the oracles of God. It is often said that poverty and grave difficulties are mind benders.  In situations like these according to Karl Marx: “religion becomes the opium of the masses,” who are impatiently in search of quick solutions to their problems. Difficult situations can break the will of a person and thus give room for exploitations and manipulations by false prophets and teachers. This is one of the greatest sicknesses of our society today and unfortunately it will continue to be in as much as we refuse to listen only to Jesus Christ and his authentic prophets.

Again, in a situation like ours today where there are many “self styled prophetic voices” clamoring to be heard and claiming to speak in the name of the Lord, what do we do? My dear friends today in our first reading from Deuteronomy God promised us a great prophet and He has fulfilled this promise in Christ. On his own part, Christ has raised up for himself authentic ministers to bear his prophetic word. So, all we need to do is simply to draw close to Jesus, listen to him and to his authentic prophets. If we pay attention to him, we will not be deceived by false prophets anymore no matter our circumstances. This is why, God warns us through Moses: “Those who will not listen to the words of the prophet, the man who does not listen to my words that he speaks shall be answerable.” In other words, we must not neglect the teachings of Jesus and his authentic and faithful witnesses. On the other hand, Moses warns us to refrain from being false prophets and from false claims of speaking in the name of the Lord: “…But the prophet who says in my name what I did not say or, who speaks in the name of other gods, that prophet shall die.”

Today’s gospel continues to highlight the ministry of Jesus the great prophet and teacher. As the promised prophet, Mark tells us that: “His teaching made a deep impression on them and unlike the scribes and Pharisees, he taught with authority.” This is one distinguishing mark between a true and a fake prophet. This is because, “the word of God is alive and active sharper than two edged sword” (Heb 4, 12). It cannot touch someone without leaving an impression or calming the raging storm and elements in the person’s life. The word of God when delivered with authority from a true prophet carries its weight. On the contrary, when it is employed as a means of manipulation and exploitation, it has negative consequences on the false prophet as well as on his followers.

Thus, we must be very mindful of the wolves in sheep’s clothing parading as prophets and oracles of God (Mtt 7, 15). This is very important, because our society has been infested and besieged by many of such prophets and teachers. They employ every means including diabolical ones in order to attract the poor as well as the rich, desperate ladies searching for husbands and babies, desperate youths searching for prosperity, and all kinds of innocent and helpless people, in order to indoctrinate and exploit them. Unfortunately they all speak “in the name of the Lord”, and with “rhetorical authority”. They have taken over the jobs of the witch doctors and diviners, and this is what Very Rev. Fr. Raymond Arazu, C.S.Sp refers to as “Priest Craft.” They whip up spiritual sentiments in the minds and families of their victims in order to remain relevant, in order to attract more people to themselves, and of course, in order to sale their articles. So instead of directing people to Christ, they direct them to buy more “holy candles” they specially designed and imported from China; to drink more “holy oil” bottled under the most unhygienic conditions in their closets without minding the health conditions of their “clients”, especially the cholesterol patients; to “blessed” stickers, handkerchiefs, face caps, aprons, t-shirts, pamphlets, etcetera. They act more through these articles they sale before and after their programs than through the Spirit of Jesus Christ. Furthermore, they like to maintain power, territorial and financial autonomy (Amos 7, 12- 15), and of course, must take up  titles that evoke awe or convey a sense of mystery.

In light of all these, how do we know a prophet that speaks for God? If what the prophet says comes true! This seems like a good answer, but does not answer all the questions because it is not always the case and true. This is why Paul reminds us that: “Even Satan disguises himself as an angel of light” (2 Cor 11, 14). At times, their predictions come true, and when it fails, the simplest excuse is: “God has changed his mind as he did over Nineveh” (Jon 3, 1-10). However, the sad news is that an authentic prophet can also err, when he loses focus, becomes over entangled with the mundane, gets carried away by pride and, of course, when he stops listing to Jesus Christ and the church who called him. In contrast to the scribes and Pharisees, Jesus taught with personal authority which was based neither on mundane credentials nor his ability to cite precedents, but on the Spirit that descended on him at his baptism (1:10). His only credential is that he is the Son of God (1:1). So, his authority comes from his father. Hence, a true prophet should rely principally on the Spirit of God and not only on articles and precedents. Brethren, it is important we discern every spirit and word of these prophets and try to match them with the word of God in the scriptures. Whatever is against the plain sense of the scripture, or which gives countenance to, or promotes sin, unhealthy life style or, even negative and shallow spirituality, obviously cannot be from God. Let us continue to listen to Jesus and, pay attention only to his authentic prophets who speak for God because, to ignore their calls is the same as ignoring God. Therefore, “O that today you listen to his voice; harden not your hearts.”

Peace be with You!

Maranatha!!

Homilía Para El Tercer Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

¡No Hay Más Tiempo: ¡Arrepiéntanse, Crean Y Conviértanse En Pescadores De Hombres!

Lecturas: (1o: Jon 3, 1-5. 10; Sal: 24, 4-9; 2 º: 1 Co 7, 29-31: Ev: Mc 1, 14-20)

 Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

En este tercer domingo del tiempo ordinario la iglesia nos anima para examinar y cambiar nuestros caminos para evitar la inminente ira de Dios y para poder disfrutar de su misericordia. Igualmente nos recuerda la urgencia de la llamada. Esta urgencia es un tema que recorre y unifica las tres lecturas de este domingo. Jonás se lamenta: “sólo cuarenta días y Nínive será destruida”, Pablo nos recuerda que: “nuestro tiempo es corto”, mientras que Jesucristo proclama: El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios está cerca.”  Entonces, no debemos resistir tenazmente a este mundo de paso. Finalmente, ella nos anima a colaborar con Jesús como: “Pescadores de hombres”, a fin de transformar y salvar a nuestro mundo.

La primera lectura es una señal de que Dios es un padre muy misericordioso. Aunque su ira hierve tanto, todo lo que quiere es que cambiemos nuestro presente camino malsano. Los habitantes de Nínive oyeron el mensaje, creyeron, se arrepintieron, y Dios tuvo misericordia de ellos y su ciudad. La historia de Nínive es simplemente una señal de que Dios nos ama misericordiosamente, y que la historia está en sus manos. Esta misericordia y amor es lo que Él desea que usemos para comunicarle a nuestro mundo. Por lo tanto, nos dice: “¡Levántate, ve y predica a ellos!” Muchas veces he hecho una pausa para reflexionar sobre si las homilías, sermones y conferencias religiosas que recibimos casi diariamente hacen cualquier impacto en nuestras vidas y el mundo. A menudo, me he preguntado: si estos sermones nos tocan como decimos y lo hacemos, entonces, ¿por qué nosotros, y nuestro mundo no hemos cambiado? ¿Por qué es que la maldad, falsedad, terquedad a la voluntad de Dios, odio, robo a mano armada, asesinatos, inmoralidad, la corrupción, injusticia y agonía han persistido y continúan aumentando en nuestra tierra? Muchas veces uno escucha a la gente decir cosas como: “¡El sacerdote o el Pastor predicó bien! El mensaje de hoy fue muy interesante y potente”. A veces también, se oyen voces de la congregación exclamando: “¡Amén! ¡Continúe pastor! ¡Sí Señor! Y, aún fuertes ovaciones y aplausos para el predicador. Estos tampoco significan que el mensaje fue “bueno”, o simplemente lo que queríamos oír. Mientras que estas expresiones no están absolutamente malas, sin embargo ellos me preguntan por más: ¿El mensaje en realidad hace cualquier impacto en nuestras vidas? Mi respuesta a todos estos comentarios siempre y simplemente ha sido: ¡He predicado bien sólo cuando el mensaje ha transformado su vida y trae buenos frutos para ti!” Jonás predicaba solo un breve sermón, y el pueblo de Nínive creyó en Dios, se arrepintió y ayunó con paños de saco.  ¿Cuánto tiempo debemos esperar para quitar las piedras que están bloqueando nuestros corazones para la palabra de Dios? ¿Qué hacemos con toda la palabra de Dios que escuchamos todos los días? Respondamos a la buena nueva de hoy con urgencia porque “nuestro tiempo es corto”. La mejor señal de que hemos aceptado la buena nueva es conversión, arrepentimiento y viviéndolo diariamente.

En la segunda lectura, Pablo nos recuerda que: ¡nuestro tiempo es corto… para el mundo que conocemos que está desapareciendo!” Lo que Pablo se refiere aquí es simplemente la noción de sensibilidad y urgencia que debería marcar nuestras vidas y acciones. Por lo tanto, él dibuja nuestra atención a los signos del tiempo. Tristemente, muchos de nosotros nos engañamos a nosotros mismos, por pensar que estamos bien en el camino y donde estamos. Esto es porque estamos cómodos económicamente y materialmente. La verdad es que ¡nadie está a salvo! Entonces, todos deben estar listos porque la advertencia de Pablo afecta a todos nosotros: los casados, los solteros, los que están de luto, los que están disfrutando, aquellos que están comprando y vendiendo, los ricos y pobres, los maestros y esclavos, líderes y seguidores. Esta advertencia llega en el momento apropiado. Entonces, es una advertencia que nos llama para revalorar nuestra relación con Dios y con nuestro mundo. Es una advertencia para no ser ociosos, sino para ir a predicar la buena nueva de Jesucristo para salvar a nuestra gente y mundo.

En el Evangelio de hoy, continuamos en el período de transición que comenzó la semana pasada. Juan el Bautista casi ha concluido hoy su testimonio y su ministerio, mientras que Jesús ha comenzado su ministerio en Galilea. Hoy, Jesús predica el mismo mensaje de arrepentimiento predicado por Jonás y Juan el Bautista, sus predecesores. De manera especial, nos dice: “Arrepiéntanse y crean en la  buena nueva,” que ha venido a traer. Como la primera y segunda lectura, este mensaje llega con un sentido de urgencia. Tenemos que arrepentirnos principalmente por la terquedad de nuestro corazón, que se nos ha hecho más difícil para nosotros el ceder totalmente a Dios como Nínive. A la buena nueva que debemos volver y creer es a la del Reino de Dios que nos trae: misericordia y perdón; la paz y la restauración, amistad con Dios (Efesios 6:15); la esperanza del cielo y de la vida eterna (Col 1:23); la verdad de la palabra confiable de Dios (Col1:5), la promesa y la recompensa para aquellos que buscan a Dios (Efesios 3:6); la inmortalidad y la vida eterna (Tim 1:10); salvación y la libertad para vivir como los hijos de Dios (Efesios 1:13).

Además de esto, Jesús está listo para hacernos: “Pescadores de hombres”, y para hacernos dignos instrumentos de la buena nueva. Entonces, Jesús continúa invitándonos a participar en su misión: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Sin embargo, debemos ser conscientes de la condición: ¡Síganme! Esta es una invitación y ministerio a transformar nuestra vida. Nuestra respuesta debe ser positiva, porque es para nuestro bien, de nuestros cofrades y de nuestro mundo. Los pescadores de hombres significan simplemente socios en el Reino, compañeros y accionistas en la obra del Evangelio. Los pescadores de hombres son aquellos, que están listos para dar la milla extra, para ayudar a sus hermanos y hermanas a la respuesta de la llamada urgente de Jesucristo: “El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.” Los pescadores de hombres son aquellos que como Jonás, Pedro, Pablo, y los discípulos en nuestras lecturas de hoy, nos recuerdan que nuestro tiempo se hace corto. Ellos son ” los guardianes del tiempo”, y aquellos que han creído, que se arrepintieron y ahora llevan la buena nueva de salvación. Ellos los incluyen a ustedes y a mí que estamos escuchando este mensaje ahora mismo.

Hoy, Dios quiere que seamos socios en el ministerio colaborativo de transformar y cambiar vidas, el ministerio para ayudar nuestros hermanos y hermanas para volver a la dirección correcta. Como Jonás, podemos oír  la invitación más de una vez antes de aceptarlo. También podemos experimentar mares turbulentos y ondas. Como Pedro también, podemos abandonar nuestras redes de pesca, ganchos y barcos. Además, podemos abandonar nuestras maletas cargadas con sabiduría y grados mundanos, nuestras zonas de comodidad, nuestros amigos, nuestras esposas elegantes y los niños, nuestros países hermosos y nuestra gente para ganarse el respeto por el Dios Todopoderoso. Con suerte y con alegría, veremos el valor de un único mensaje, que tiene la capacidad de convertir una ciudad entera en una nueva dirección. Todos estos son desafiantes aventuras hacia un Dios poderoso y amoroso. Por lo tanto, no deberíamos nunca subestimar el potencial y la eficacia de nuestro ministerio colaborativo de predicación y testimonio a nuestro mundo. Un solo breve mensaje de Jonás transformó a Nínive, y un solo mensaje de Pedro, el veterano pescador de hombres, durante el primer Pentecostés transformó a tres mil personas, y fueron movidos ellos a la dirección correcta (Hecho 2, 40-42). Entonces, debemos permitir que el mismo mensaje nos transforme, e imploremos a Dios diciendo: “Señor, hazme conocer tus caminos, Enséñame tus caminos.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

Homily for The 3rd Sunday of Ordinary Time, Year B

There’s No More Time! Let’s Repent, Believe and Become Fishers of Men!!

Rdgs: (1st: Jon 3, 1-5. 10; Ps 24, 4-9; 2nd: 1Cor 7, 29-31: Gos: Mk 1, 14-20)

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this third of Sunday of ordinary time the church encourages us to re-examine and change our ways in order to avoid the imminent wrath of God, and to enjoy his mercy. She equally reminds us of its urgency (in relation to time), which is one theme that runs through and unifies the three readings of this Sunday. Jonah laments: “Only forty days, and Nineveh will be destroyed”, Paul reminds us that: “Our time is growing short”, while Jesus Christ proclaims: “The time has come…the kingdom of God is close at hand.” So, we must not hold tenaciously to this passing world. Finally, She encourages us to collaborate with Jesus as: “Fishers of Men,” in order to transform and save our world.

The first reading is a proof that God is indeed a very merciful father. Even though his anger boils so hard, all he wants is that we turn away from our present unhealthy ways. The inhabitants of Nineveh heard the message, believed it, repented and God had mercy on them and their city. The story of Nineveh is simply a sign that God loves mercifully and that history is in His hands. This mercy and love is what He wishes to use us to communicate to our world. Hence, he says to us: “Up, go…and…preach to them!” Many times I have paused to reflect on whether the homilies, sermons, and religious lectures we receive almost on daily basis make any impact on our lives and world. I have often asked myself: If these sermons touch us as we often claim they do, then, why are we and our world still the way we are today? Why are wickedness, falsehood, stubbornness to the will of God, hatred, armed robbery, killing, immorality, corruption, injustice, and agony persisting and increasing in our land? Often times one hears people say things like: “The Priest or Pastor preached well! Today’s message was very interesting and powerful!” Sometimes also, one hears voices from the congregation exclaiming: “Amen! Ride on pastor! Yes Lord! And, even loud ovations and applauses for the preacher. These either mean that the message was “okay,” or simply what they wanted to hear. While these are not absolutely bad, however they prompt me to further ask: Does the message actually make any impact in our lives? To such compliments I have simply and always responded, “I have preached well only when the message has transformed your life and bears good fruits in you!” Jonah preached just a brief sermon, and the people of Nineveh believed in God, repented and fasted with sack cloths. How much longer must we ourselves wait before the stone is rolled off our hearts, before we till our hearts for the word of God. What do we do with all the word of God we hear every day?  Let us heed the good news of today with urgency because “our time is growing short.” The best sign that we have accepted the good news is conversion, repentance and living it daily.

In the Second reading, Paul reminds us that: “Our time is growing short…for the world we know is passing away!” What Paul refers to here is simply the notion of sensitivity and urgency that should mark our lives and actions. Therefore, he draws our attention to the signs of the time. Unfortunately, many of us deceive ourselves thinking that we are okay the way and where we are. This is possibly because we are economically and materially comfortable. The truth is that none is safe! So, everyone must get ready because Paul’s warning affects everyone; the married, the single, those mourning, those enjoying, those buying and selling, the rich and the poor, masters and slaves, leaders and followers, etcetera. This warning comes at the appropriate time. So, it is a warning that calls us to revaluate our relationship with God and with our world. It is a warning not to be idle, but to go on preaching the good news of Jesus Christ in order to save our people and world.

In today’s gospel, we continue in the period of transition that commenced last week. Today John the Baptist has almost concluded his testimony and ministry, while Jesus has started his in Galilee. Today, Jesus preaches the same message of repentance preached by Jonah and John the Baptist his predecessors. In a special way, he calls us to: “Repent and believe the good news” that he has come to deliver. Like the first and second readings, this message comes with a sense of urgency. We are to repent principally from stubbornness of heart that has made it difficult for us to yield totally to God as Nineveh did. The good news we must turn around and believe is that of God’s kingdom which brings us: mercy and forgiveness; peace and the restoration of relationship with God (Eph 6:15);  the hope of heaven and everlasting life (Col 1:23); the truth of God’s reliable word (Col1:5), the promise and reward to those who seek God (Eph 3:6); immortality and everlasting life (Tim 1:10); salvation, and liberty to live as children of one God (Eph 1:13).  

In addition to these, Jesus is ready to make us “Fishers of Men.” He is ready to make us worthy instruments of the good news. So, Jesus continues to invite us to participate in his mission: “Follow me and I will make you fishers of men.”  However, we must be mindful of the condition attached: “Follow me!” This is a life transforming invitation and ministry. Our response to it should be positive, because it is for our good, that of our brethrens, and that of our world. Fishers of Men simply means partners in the kingdom, co-workers, and shareholders in the work of the gospel. Fishers of Men are those who willing to go extra mile in order to help their brothers and sisters heed the urgent call of Jesus Christ: “repent, and believe…for our time is growing short…and the kingdom of God is at hand…” They are those who like Jonah, Peter, Paul and the disciples in our readings today remind others that our time is growing short. They are the “time keepers” and those who themselves have believed, repented, and now bear the good news of salvation. They are supposed to be you and me listening to this message.

Today God wants us to be partners in the collaborative ministry of transforming and changing lives, the ministry of enabling our brothers and sisters to turn in the right direction. Like Jonah, we may have to hear the call more than once before we get it right. We may have to experience turbulent seas and waves; abandon our fishing nets, hooks and boats like Peter. Also, we may have to abandon our suitcases loaded with worldly degrees and wisdom, our comfort zones, our friends, our elegant wives and children, our beautiful countries and our people in order to gain respect for the Almighty God. Hopefully and joyfully, we will all see the value of a single message, which has the capacity to turn an entire city in a new direction. All these are challenging adventures towards a powerful and loving God. Hence, we should never under rate the potential and efficacy of our collaborative ministry of preaching and witnessing to our world. A single message transformed Nineveh and, a single message from Peter, the veteran Fisher of Men, during the first Pentecost transformed three thousand people on the spot and moved them in the opposite direction (Acts 2, 40-42). Let us therefore implore God by saying: “Lord, make me know your ways, teach me your paths!”

Peace be with You!

Maranatha!!

Homilía Del 2º Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

“Vengan a Ver!”: Respondiendo Al Llamado De Dios Con Todas Nuestras Facultades

Lecturas: (1o: 1Sam 3, 3-10. 19: Sal: 39, 2-10; 2o: 1 Co 6, 13-15, 17-20: Ev: Jn 1, 35-42)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

Hoy es el segundo domingo del tiempo ordinario, año B. En ello, escuchamos a la voz del Señor nuestro Dios que nos invita no sólo a: “Venga a ver”, pero también, a ser sus discípulos. Hoy, la Santa madre iglesia, el buen consejero, nos recuerda que la llamada de Dios es real. Igualmente, ayuda a cada uno de nosotros para discernir lo que Dios quiere que hagamos. Dios nos llama personalmente por nuestros nombres y esperan que responder porque desea usarnos para su gloria y para el bien de nuestros hermanos y hermanas. Para responder efectivamente, nuestro cuerpo, alma, y espíritu deben participar plenamente, porque pertenecen a Dios nuestro Criador

Una vez, un padre Judío tragó esto quejarse sobre su hijo a un Rabí: “Benjamín me educaron en la fe, le dio un muy caro educación Mitzvah. Me costó una fortuna para educarlo, entonces me dijo la semana pasada que ha decidido ser un cristiano, rabino ¿qué hecho mal?” Luego, el rabino respondió: “es gracioso, que deberías venir a mí. Como tú, también crié a mi hijo en la fe, le pagó la universidad que me costó una fortuna, y luego un día, me dice que ha decidido convertirse en cristiano. Así lo hizo, pidió el padre judío. Recurrí a Dios por la respuesta, respondió el rabino. Nuevamente, el padre Judío curiosamente preguntó: “Qué dijo Dios? El rabino respondió, Dios dijo: “Deberías venir a mí!” (Cortesía: guy-sports.com/jokes). ¿De hecho, como ambos hombres, escuchamos el llamado de Dios obvio (deberías venir a mí) cada día de diferentes maneras, pero respondemos?

Nuestra primera lectura del primer libro de Samuel relata la dramática llamada de Samuel. De hecho, nos recuerda a nuestro propio llamado. Muchas veces, algunos cofrades me han preguntado: “¿cómo habla Dios a uno, cuando y donde él habla, y, ¿cómo puedo responder a la llamada de Dios? Estos son muy interesantes preguntas que reflejan nuestras confusiones como que hoy vemos en el joven Samuel. Mi sencilla respuesta a estas preguntas han sido siempre: la vida está llena de voces de Dios. Como padre, él habla y nos llama a su servicio todos los días. Sin embargo, el único problema es que a veces nos falta la facultad espiritual para discernirlos. Tenemos que estar en el lugar correcto todo el tiempo como Samuel, y tenemos que estar dispuestos siempre a escuchar a Dios. En otros verbos, aunque vivimos en un mundo muy ruidoso, todavía escuchamos Dios si sólo nos podemos disciplinarnos contra el ruido espiritual y biológico. Como Samuel, siempre debemos estar dispuestos a decir: “Habla Señor, tu sirviente está escuchando”. Preguntémonos estas preguntas muy importantes: ¿todavía tenemos tiempo para escuchar a Dios? ¿Cuándo fue la última vez que pasamos hasta diez minutos en silencio escuchando a Dios? ¿Cuántos de nosotros será paciente si digo que hagamos una sencilla ejercicio ahora por sentado en silencio y escuchar a Dios. Les aseguro que muchos comenzará a mirar sus relojes y contando los minutos. Probablemente, también la mitad de la gente en esta iglesia  habría dejado por el momento abrimos los ojos. Estamos demasiado ocupados que apenas tenemos tiempo para escuchar a nuestro padre. Sin embargo, decimos todavía: “En Dios confiamos!” ¿Cómo podemos confiar en un Dios que no escuchamos cualquiera más? En cambio, preferimos escuchar a los astrólogos, vudús, y adivinos. Prestamos más atención a las predicciones de Nostradamus que hacemos a Dios, y a sus profetas. Escúchanos más a nuestros relojes corriendo y nos llamando a la próxima acción, que hacemos a la voz de Dios que nos llama a la acción hacia nuestros hermanos y hermanas necesitados. Qué ironía! Debemos despertar, escuchar a Dios, y responder a su llamada. ¡Es urgente!

La segunda lectura de este domingo suena como “teología moral de Pablo”. Esto es porque toca un tema moral muy importante que casi ha profanado soluciones en nuestra sociedad moderna. De hecho, mientras hablo, se sigue desarrollando más tentáculos. Este tema es la inmoralidad que Paul reducido simplemente a la fornicación. ¿De lo qué relevancia es esto para responder al llamado de Dios? Este vicio es un pecado contra nuestro cuerpo, así como contra el espíritu de Dios que vive en nosotros. Aunque es una cuestión moral, se ralentiza nuestro crecimiento espiritual y por lo tanto, nuestra capacidad para responder eficazmente a la llamada de Dios. Esta lectura simplemente muestra la relación entre la moralidad y la espiritualidad. Muestra cómo el espiritual esta afecto por el físico, y como importante que es que preservemos nuestros cuerpos exclusivamente para el trabajo y la gloria de Dios. Pablo y la iglesia simplemente nos recuerda que debemos utilizar todos los aspectos y la facultad de nuestras vidas para responder a la invitación de Dios. El espíritu de Dios que es el agente principal de la misión no puede vivir en un cuerpo o un alma corrupta: “Sus cuerpos son el templo del Espíritu Santo, que está en ti desde que lo recibió de Dios”. Además de fornicación, hay tantos otros vicios como la adicción a las drogas, alcoholismo, y mucho más que obstruyen nuestra respuesta efectiva a la llamada de Dios. Es cierto que estas son cuestiones morales y asuntos del cuerpo. Sin embargo, ellos seriamente retardan crecimiento espiritual y prevenir uno de responder adecuadamente a la llamada de Dios. Por eso Dios destruyó hijos de Elí, Jofní y Pinjás: “… y cómo  ustedes duermen con las mujeres que velaban a la entrada de la tienda de reunión… el Señor ha dicho… ambos morirán el mismo día…” (1Sam 2, 22-34).

El Evangelio de este Domingo nos presenta el temprano ministerio de Jesús. Testimonios sobre él continúa especialmente de Juan el Bautista quien aceptó el llamado de Dios y está llegando al final de su ministerio. Su papel hoy es digno de mención. Más especialmente, él está cumpliendo su propia profecía: Yo no soy él que es venir…! Seguramente, no era el Mesías que fue por qué dirigió incluso sus propios discípulos así: “He aquí el Cordero de Dios!” por lo tanto, él no tuvo problemas que sus discípulos lo dejaron de seguir a Jesús. Cumplió su llamado por otros mostrando el camino a la salvación. Lo más importante, este evangelio nos reta a reflexionar sobre nuestra respuesta a la llamada de Jesús. Hoy, dice que nosotros como dijo a sus primeros discípulos: “Vengan y vean!” Esta es una invitación a seguirlo. Así mismo, Andrew invitó a su hermano Pedro usando las palabras del Señor: “”Venga a ver” el Mesías,” y Pedro respondió inmediatamente, dejando todo. Además, cuando la mujer Samaritana encontró Cristo usó las mismas palabras para invitar a sus parientes: “… vamos a ver…” (Jn 4, 29). Por supuesto, ellos respondieron por seguirla. Respondiendo a la invitación de Jesús debe ser un negocio diario y requiere la totalidad de nuestro ser (cuerpo, alma y espíritu). Cuando respondemos a él, debemos también ayudar a otros hacerlo.

A veces, necesitamos ayuda para discernir el llamado de Dios, lo que él quiere nos para hacer, y donde quiere que seamos. Hay algunos cuya llamada es ayudar a los demás. Este fue el papel de Eli en la llamada de Samuel. Esto es igualmente el papel de John el Bautista jugado en la historia de nuestra salvación y lo más importante en la vida de sus propios discípulos hoy. Por lo tanto, con humildad, debemos buscar la ayuda de estos hermanos cuando estamos confundidos sobre la voz que oímos y el camino que debemos seguir en la vida. Esto es importante porque, ninguno debe quedar fuera. Por esta razón cada día Dios nos llama por nuestros nombres y nos dice: “Venga a ver”. Por lo tanto, nuestra respuesta siempre debe ser: “Señor habla por tu siervo escucha” y como el salmista: “Aquí estoy señor, he venido para hacer tu voluntad”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

Homily for 2nd Sunday of Ordinary Time, Year B

“Come and See!” Responding to God’s Call with all our Faculties

Rdgs: (1st: 1Sam 3, 3-10. 19: Ps 39, 2-10; 2nd: 1 Cor 6, 13-15, 17-20: Gos: Jn 1, 35-42)

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today is the second Sunday of ordinary time, year B. In it, we hear the voice of the Lord our God re-echoing louder as ever before inviting us not only to: “Come and see,” but also, to be his disciples. Today the Holy Mother Church, the good counselor, reminds us that God’s call is real. She equally helps each one of us to discern what God wants us to do. God calls us personally by our names and expects us to respond because he wishes to use us for the purpose of his glory and for the good of our brethrens. To respond effectively, our Body, Soul and Spirit must be fully involved because, they belong to God.

Once a Jewish father brought this complain about his son to a Rabi: “I brought Benjamin up in the faith, gave him a very expensive bar Mitzvah. It cost me a fortune to educate him, then he tells me last week he has decided to be a Christian, Rabbi where did I go wrong?” Then, the Rabi responded: “It is funny, that you should come to me. Like you, I too, brought my boy up in the faith, put him through university that cost me a fortune, and then one day he too, tells me he has decided to become a Christian.” So what did you do, asked the Jewish Father. I turned to God for the answer, replied the Rabbi. Again, the Jewish father curiously asked: “So what did God say?  The Rabi responded, God said: “You should come to me!” (Courtesy: guy-sports.com/jokes). Indeed, like both men, we hear God’s obvious call (you should come to me) every day in different ways, but do we respond?

Our first reading from the first book of Samuel recounts the dramatic call of Samuel. In fact, it reminds us of our own call. Many times, some brethrens have asked me: “How does God speak to one, when and where does he speak, and, how can I respond to God’s call? These are very interesting questions which reflect our confusions as we see in the young Samuel today. My simple response to these questions have always been: Life is full of voices of God. As a father, he speaks to and calls us to his service every day. However, the only problem is that sometimes we lack the spiritual faculty to discern them. We need to be in the right place all the time as Samuel was, and we need to be disposed all times to listen to God. In other words, though we live in a very noisy world, we can still hear God if only we can discipline ourselves against spiritual and biological noise.  Like Samuel, we must always be ready to say: “Speak Lord, for your servant is listening.” Let us ask ourselves these very important questions: Do we still have time to listen to God? When was the last time we spent up to ten minutes in silence listening to God? How many of us will be patient if I say let us do a simple exercise now by sitting quietly and listening to God. I assure you that many will start looking at their watches and counting the minutes. Probably too, half the people in this church would have left by the time we open our eyes. We are getting too busy that we hardly have time to listen to our Father. Yet, “In God We Trust!” How can we trust in a God whom we do not listen to anymore? Instead, we prefer to listen to astrologers, star gazers, voodoos, and fortune tellers. We pay more attention to the predictions of Nostradamus more than we do to God and his prophets. We listen more to our watches ticking and calling us to the next action than we do to the voice of God which calls us to action towards our brothers and sisters in need. What an irony! We must wake up, listen to God, and answer His call. It is urgent!

The second reading of this Sunday sounds like “Paul’s Moral Theology.” This is because it touches a very important moral issue that has almost defiled solutions in our modern day society. In fact, as we I speak, it keeps developing more tentacles. This issue is immorality which Paul simply narrowed down to fornication. Of what relevance is this to responding to God’s Call? This vice is a sin against our body as well as against the Spirit of God who lives in us. Though a moral issue, it slows down our spiritual growth and consequently, our ability to respond effectively to God’s call. This reading simply shows the relationship between morality and spirituality. It shows how the spiritual is affected by the physical, and how important it is that we preserve our bodies solely for the work and glory of God. Paul and the church are simply reminding us that we must use every aspect and faculty of our lives to respond to God’s invitation. The spirit of God who is the principal agent of mission cannot live in a corrupt Body or Soul: “Your bodies are the temple of the Holy Spirit, who is in you since you received him from God.” In addition to fornication, there are so many other vices like drug addiction, drunkenness, and lots more that obstruct our effective response to God’s call. It is true that these are moral issues and matters of the body. Yet, they retard spiritual growth seriously and prevent one from responding adequately to God’s call. This was why God destroyed Eli’s sons, Hophni and Phinehas: “…and how they lay with the women who served at the entrance to the tent of meeting…the Lord has said…both of them shall die on the same day….” (I Sam 2, 22-34). 

The Gospel of this Sunday presents us with the early ministry of Jesus. Testimonies about him continues especially from John the Baptist who accepted God’s call and is coming to the end of his ministry. His role today is worthy of mention. Most especially, he is fulfilling his own prophecy: “I am not he who is to come…! Surely, he was not the messiah that was why he directed even his own disciples thus: “Behold the Lamb of God!” Hence, he had no problems about his own disciples deserting him to follow Jesus. He fulfilled his call by showing others the way to salvation. Most importantly, this gospel challenges us to reflect on our response to the call of Jesus. Today, He says to us as he said to his first disciples, “come and see!” This is an invitation to follow him. Likewise, Andrew invited his brother Peter using the Lord’s own words: “come and see the messiah,” and Peter responded immediately, by leaving everything. Also, when the Samaritan woman encountered Christ she used the same words to invite her kinsmen: “…come and see…” (Jn 4, 29). Of course, they responded by following her. Responding to Jesus’ invitation should be a daily business and requires the whole of our being (Body, Soul and Spirit). When we respond to it, we must also help others do so.

At times we need help to discern God’s call, what he wants us to do, and where he wants us to be. There are some whose call it is to help others. This was the role Eli played in the call of Samuel. This is equally the role John the Baptist played in the history of our salvation and most importantly in the life of his own disciples today. Therefore, in humility, we must seek the help of these brethren whenever we are confused about the voice we hear and the way we must follow in life. This is important because, none should be left out. This is why everyday God calls us by our names and says to us: “come and see.” Therefore, our response should always be: “Speak Lord for your servant is listening,” and like the Psalmist: “Here I am Lord I have come to do your will.”

Peace be with You!

Maranatha!!

Homilía para el Bautismo del Señor (1º Domingo del Tiempo Ordinario), Año B

Restaurado a la Vida de la Gracia a través de las Aguas del Bautismo

Lecturas: (1º: 55, 1-11; Sal: [Is 12, 2-6]; 2º: 1Jn 5, 1-9; Ev: Mc 1, 7-11)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en: canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

“Este Sacramento es también llamado el lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, ya que significa y trae realmente sobre el nacimiento del agua y del espíritu sin la cual nadie puede entrar en el Reino de Dios” (Catecismo de la iglesia católica 1215). Hoy es el primer domingo del tiempo ordinario, así como la fiesta del bautismo del Señor. Este domingo es como un puente entre dos grandes ciudades. Mientras que definitivamente marca el final de la temporada de Navidad, igualmente marca el principio del tiempo ordinario del año, B. Hoy la iglesia nos recuerda el hecho de que Jesús fue bautizado con agua, ungido con el poder del Espíritu Santo para traer sanación, paz y salvación a todas las naciones. La celebración de hoy nos da la oportunidad de reflexionar sobre por qué Jesús, aunque era Dios tuvo que pasar por el agua del bautismo. También nos recuerda de la eficacia de nuestro propio bautismo.

Mientras yo estaba reflexionando sobre la importancia de la celebración de hoy, recordé dos historias breves, muy graciosas, pero interesantes de “Jokebuddha.com” sobre bautismo. El Primero: Una vez, un padre estaba en la iglesia con su hija de cinco años. Se sentaron al frente así que podrían mirar y apreciar el servicio muy bien. Durante este servicio en particular, el sacerdote realizaba el bautismo de los niños. Cuando la niña observa que el sacerdote estaba diciendo algo y vertiendo agua sobre la cabeza de un bebé, curiosamente ella miró a su padre y le preguntó: ¿“Papá, por qué está el sacerdote lavando el cerebro de ese bebé?” La segunda historia es: Antes de realizar un bautismo, el sacerdote se acercó a un hombre joven y le dijo solemnemente: “el bautismo es un paso serio. ¿Estás preparado para ello?” El hombre respondió: “Creo que si,  mi esposa hizo aperitivos, también tenemos muchas galletas y pasteles para todos nuestros invitados.”El sacerdote respondió: “No, me refiero a que, ¿estás preparado espiritualmente?” Entonces, el hombre respondió: ¡“Seguro, tengo cuatro cartones de cerveza y muchas botellas de whisky!”

Visto positivamente (aunque gracioso), la pregunta de la chica tiene mucho significado. Esto es porque el bautismo actualmente nos purifica del Pecado Original y nos restaura completamente. Por otro lado, como el hombre que se estaba preparando para una fiesta en lugar del bautismo, muchos de nosotros todavía necesitamos comprender la eficacia real del bautismo. El bautismo no es sólo un sacramento instituido por Jesús, es también una fuente de gracia y bendición. Además, presenta una experiencia dinámica para cualquiera que decide seguir a Cristo. El bautismo es un “Sacramento muy sencillo”. Es “sencillo” en forma, materia, carácter y en su administración. Sin embargo, el hecho de su simplicidad no reduce su eficacia. Como el sacerdote dijo, “el bautismo es un paso serio”. De hecho, es la fundación y más poderosa de todos los otros sacramentos, porque sin él no pueden realizarse los demás. Su sencillez es lo que lo hace un sacramento universal de gracia y de vida que nos limpia del Pecado Original, y nos devuelve a nuestro estado original de inocencia.

La primera lectura de este domingo por el profeta Isaías es una invitación especial y universal a todos para venir a Cristo, “el agua viva” que a través de su propio bautismo ha santificado nuestra propia agua del bautismo. Esta agua viva es Cristo en cuyo nombre fuimos bautizados. Esto es una invitación universal porque nadie se queda fuera. Es especial porque no tiene ninguna barrera. En lugar de eso, es abierto a todas las naciones y más especialmente a aquellos que verdaderamente tienen sed. Se aplica a aquellos que están verdaderamente abiertos a la salvación que Dios ofrece a través de su hijo unigénito Jesucristo. Por lo tanto, es un llamado para aceptar la oferta de Dios de la salvación pero creyendo en Jesucristo, el agua viva.

En nuestra segunda lectura, Juan llama nuestra atención a la importancia de creer en Jesucristo. Lo más importante, destacó tres entidades que dan testimonio a Cristo como hijo de Dios. Estos incluyen: agua, sangre y espíritu. Cada día nos estamos contaminando por el pecado ambos internamente y externamente. En vista de ello, el agua del bautismo que Cristo trae, continúa a ser eficaz en nuestras vidas. Cristo continúa lavándonos y nos regenera con el agua del bautismo, el poder del Espíritu Santo y por supuesto, a través de su preciosa sangre. En palabras de Mateo Enrique: “esta agua y sangre incluyen todo lo necesario para nuestra salvación. Por el agua, nuestras almas son lavadas y purificadas para el cielo y la morada de los Santos en luz. Por la sangre, estamos justificados, reconciliados y justos ante Dios…El agua, así como la sangre, vino por el lado del sacrificio redentor. Él amó a la iglesia y se entregó por ella, que santifica y limpia con el lavamiento del agua…”

El Evangelio pone de relieve el núcleo de nuestra celebración de hoy. Cristo tuvo que ser bautizado con el fin de hacer un camino para nosotros, para purificar el agua del bautismo en que nosotros mismos deberíamos ser bañados. Esto es porque, como el primero entre sus hermanos (Rm 8, 29), siempre lleva la delantera para mostrarnos el camino. Por aceptar ser bautizado, Cristo purifica el agua en el que somos bautizados. Por lo tanto, el bautismo de Cristo es la piedra angular de nuestro propio bautismo. Él ha sanado el agua y  dio a ello la capacidad para limpiar el Pecado Original. Entonces, la celebración de hoy es un camino a través del cual estamos recordando la bondad de Dios para nosotros. Mientras que Jesús fue bautizado con agua, el espíritu del Padre dio testimonio y confirmó que Él es verdaderamente el Hijo del Padre. Esto sucede igualmente con nosotros, no sólo en el bautismo, pero todos los días. Si continuamos caminando con Dios y haciendo su voluntad para mantener nuestras promesas durante nuestro bautismo, el Espíritu Santo, continuará declarando que somos hijos e hijas de Dios. Como verdaderos cristianos y los hijos de Dios lavados en el agua del bautismo, debemos oír la voz de nuestro Padre cada día en nuestras vidas declarando: “este es mi Hijo amado/en quien me complazco.” Sin embargo, esto sólo puede ser si persistimos en el cumplimiento de nuestras promesas como hizo Cristo. Por lo tanto, como celebramos el bautismo del Señor hoy, renovemos nuestro propio bautismo recordando las promesas que hicimos a Dios en nombre de Jesucristo. Dejemos ahora quitar la naturaleza adámica destruida por el Pecado Original y ser vestidos con la nueva vida de la gracia desde nuestro bautismo (EF 4, 20). Finalmente, con alegría, vamos a dejarnos limpiar por Cristo, que es, el agua de salvación. (Is 2, 3).

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!