Homilía para el Bautismo del Señor (1º Domingo del Tiempo Ordinario), Año B

Restaurado a la Vida de la Gracia a través de las Aguas del Bautismo

Lecturas: (1º: 55, 1-11; Sal: [Is 12, 2-6]; 2º: 1Jn 5, 1-9; Ev: Mc 1, 7-11)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en: canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

“Este Sacramento es también llamado el lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, ya que significa y trae realmente sobre el nacimiento del agua y del espíritu sin la cual nadie puede entrar en el Reino de Dios” (Catecismo de la iglesia católica 1215). Hoy es el primer domingo del tiempo ordinario, así como la fiesta del bautismo del Señor. Este domingo es como un puente entre dos grandes ciudades. Mientras que definitivamente marca el final de la temporada de Navidad, igualmente marca el principio del tiempo ordinario del año, B. Hoy la iglesia nos recuerda el hecho de que Jesús fue bautizado con agua, ungido con el poder del Espíritu Santo para traer sanación, paz y salvación a todas las naciones. La celebración de hoy nos da la oportunidad de reflexionar sobre por qué Jesús, aunque era Dios tuvo que pasar por el agua del bautismo. También nos recuerda de la eficacia de nuestro propio bautismo.

Mientras yo estaba reflexionando sobre la importancia de la celebración de hoy, recordé dos historias breves, muy graciosas, pero interesantes de “Jokebuddha.com” sobre bautismo. El Primero: Una vez, un padre estaba en la iglesia con su hija de cinco años. Se sentaron al frente así que podrían mirar y apreciar el servicio muy bien. Durante este servicio en particular, el sacerdote realizaba el bautismo de los niños. Cuando la niña observa que el sacerdote estaba diciendo algo y vertiendo agua sobre la cabeza de un bebé, curiosamente ella miró a su padre y le preguntó: ¿“Papá, por qué está el sacerdote lavando el cerebro de ese bebé?” La segunda historia es: Antes de realizar un bautismo, el sacerdote se acercó a un hombre joven y le dijo solemnemente: “el bautismo es un paso serio. ¿Estás preparado para ello?” El hombre respondió: “Creo que si,  mi esposa hizo aperitivos, también tenemos muchas galletas y pasteles para todos nuestros invitados.”El sacerdote respondió: “No, me refiero a que, ¿estás preparado espiritualmente?” Entonces, el hombre respondió: ¡“Seguro, tengo cuatro cartones de cerveza y muchas botellas de whisky!”

Visto positivamente (aunque gracioso), la pregunta de la chica tiene mucho significado. Esto es porque el bautismo actualmente nos purifica del Pecado Original y nos restaura completamente. Por otro lado, como el hombre que se estaba preparando para una fiesta en lugar del bautismo, muchos de nosotros todavía necesitamos comprender la eficacia real del bautismo. El bautismo no es sólo un sacramento instituido por Jesús, es también una fuente de gracia y bendición. Además, presenta una experiencia dinámica para cualquiera que decide seguir a Cristo. El bautismo es un “Sacramento muy sencillo”. Es “sencillo” en forma, materia, carácter y en su administración. Sin embargo, el hecho de su simplicidad no reduce su eficacia. Como el sacerdote dijo, “el bautismo es un paso serio”. De hecho, es la fundación y más poderosa de todos los otros sacramentos, porque sin él no pueden realizarse los demás. Su sencillez es lo que lo hace un sacramento universal de gracia y de vida que nos limpia del Pecado Original, y nos devuelve a nuestro estado original de inocencia.

La primera lectura de este domingo por el profeta Isaías es una invitación especial y universal a todos para venir a Cristo, “el agua viva” que a través de su propio bautismo ha santificado nuestra propia agua del bautismo. Esta agua viva es Cristo en cuyo nombre fuimos bautizados. Esto es una invitación universal porque nadie se queda fuera. Es especial porque no tiene ninguna barrera. En lugar de eso, es abierto a todas las naciones y más especialmente a aquellos que verdaderamente tienen sed. Se aplica a aquellos que están verdaderamente abiertos a la salvación que Dios ofrece a través de su hijo unigénito Jesucristo. Por lo tanto, es un llamado para aceptar la oferta de Dios de la salvación pero creyendo en Jesucristo, el agua viva.

En nuestra segunda lectura, Juan llama nuestra atención a la importancia de creer en Jesucristo. Lo más importante, destacó tres entidades que dan testimonio a Cristo como hijo de Dios. Estos incluyen: agua, sangre y espíritu. Cada día nos estamos contaminando por el pecado ambos internamente y externamente. En vista de ello, el agua del bautismo que Cristo trae, continúa a ser eficaz en nuestras vidas. Cristo continúa lavándonos y nos regenera con el agua del bautismo, el poder del Espíritu Santo y por supuesto, a través de su preciosa sangre. En palabras de Mateo Enrique: “esta agua y sangre incluyen todo lo necesario para nuestra salvación. Por el agua, nuestras almas son lavadas y purificadas para el cielo y la morada de los Santos en luz. Por la sangre, estamos justificados, reconciliados y justos ante Dios…El agua, así como la sangre, vino por el lado del sacrificio redentor. Él amó a la iglesia y se entregó por ella, que santifica y limpia con el lavamiento del agua…”

El Evangelio pone de relieve el núcleo de nuestra celebración de hoy. Cristo tuvo que ser bautizado con el fin de hacer un camino para nosotros, para purificar el agua del bautismo en que nosotros mismos deberíamos ser bañados. Esto es porque, como el primero entre sus hermanos (Rm 8, 29), siempre lleva la delantera para mostrarnos el camino. Por aceptar ser bautizado, Cristo purifica el agua en el que somos bautizados. Por lo tanto, el bautismo de Cristo es la piedra angular de nuestro propio bautismo. Él ha sanado el agua y  dio a ello la capacidad para limpiar el Pecado Original. Entonces, la celebración de hoy es un camino a través del cual estamos recordando la bondad de Dios para nosotros. Mientras que Jesús fue bautizado con agua, el espíritu del Padre dio testimonio y confirmó que Él es verdaderamente el Hijo del Padre. Esto sucede igualmente con nosotros, no sólo en el bautismo, pero todos los días. Si continuamos caminando con Dios y haciendo su voluntad para mantener nuestras promesas durante nuestro bautismo, el Espíritu Santo, continuará declarando que somos hijos e hijas de Dios. Como verdaderos cristianos y los hijos de Dios lavados en el agua del bautismo, debemos oír la voz de nuestro Padre cada día en nuestras vidas declarando: “este es mi Hijo amado/en quien me complazco.” Sin embargo, esto sólo puede ser si persistimos en el cumplimiento de nuestras promesas como hizo Cristo. Por lo tanto, como celebramos el bautismo del Señor hoy, renovemos nuestro propio bautismo recordando las promesas que hicimos a Dios en nombre de Jesucristo. Dejemos ahora quitar la naturaleza adámica destruida por el Pecado Original y ser vestidos con la nueva vida de la gracia desde nuestro bautismo (EF 4, 20). Finalmente, con alegría, vamos a dejarnos limpiar por Cristo, que es, el agua de salvación. (Is 2, 3).

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

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