Homilía Para El Sexto Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

¡Por Supuesto! Jesús Quiere Sanarnos De La Lepra De Impotencia

Lect: (1o: Lev 13, 1-2. 44-46; Sal: 31, 1-2. 5. 11; 2 º: 1Cor 10, 31. 11, 1: Ev: Mc 1, 40-45)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

Hace unos días nosotros celebramos la fiesta de la jornada mundial del enfermo. Hoy en el sexto domingo del tiempo ordinario, la iglesia nos recuerda el hecho de que Jesús es el amigo de los marginados. Ella también nos recuerda que a diferencia del sacerdote de levíticos, Jesús esta todavía dispuesto para hacer lo inimaginable o inconcebible para salvarnos de la lepra de la impotencia. Por fin, ella nos anima para hacer que Jesús sea nuestro modelo a seguir, para ser bondadosos con nuestros hermanos en lugar de colocar estigmas en ellos.

Mientras reflexiono sobre la lectura de este domingo, yo recordé el evento del pasado 23 de Octubre, 2015 cuando oímos el rumor que se había extendido por toda la isla que algunos sacerdotes de Nigeria llegaron a Dorado, Puerto Rico con la enfermedad del Ebola. Solo Dios supo cómo me sentí cuando oí este impopular y mal rumor desde un canal de televisión desesperado en la isla. Fue cuando supe lo que significa ser estigmatizado. Aunque, todo fue confirmado luego que era falso por el mismo canal de televisión, todavía el periodo no era fácil. Lo que lo hizo más difícil fue que durante este periodo, a parte de miembros de nuestra religiosa familia inmediata y empleados, solo una persona llamó para decir: “Yo oí el rumor y sé que no es verdadero, no importa sus mentiras.” Otros se distanciaron mientras esperaban por la confirmación del rumor. Algunos hicieron bromas de nosotros. Tal vez para excusarse, supieron que este rumor fue uno de tal rumores y chismes que es la característica de la isla, y así pues decidieron pasarlo por alto.  Pero, el factor es que nunca llamaron o tuvieron cuidado para decir: “¿cómo llevas este rumor?” ¿Por qué esta historia? El silencio fue como la estigma sufrida por el leproso en nuestro evangelio y resuena la ley de levítico que dice: “Él debe vivir aparte; debe vivir fuera del campamento.” Esta fue la situación en los días de Jesús hasta que de repente y eventualmente giró la mesa e hizo lo imaginable.

Nuestra primera lectura y evangelio tienen mucho en común. Esto es porque ambos se refieren a la situación de marginación que se hizo por la lepra. Durante el tiempo de Jesús en el Antiguo Israel, la lepra fue una enfermedad terrible como el Ebola, Chikungunya, o HIV AIDS de nuestro tiempo. El contacto con la lepra era un asunto o caso de vida o muerte. Aunque fue una enfermedad física, según la tradición Judía y creencia o práctica religiosa, la lepra fue muy asociada con pecado.  Por lo tanto, la inmediata consecuencia del que está sufriendo de lepra era que el paciente de lepra fue maldito y se convierte en marginado automáticamente y que debe ser desterrado: “Mientras dura la enfermedad… por lo tanto, debe vivir aparte. Esto es porque si él continúa viviendo con otros, les contaminará. Un triste aspecto de esta condición era que la victima tenía que anunciar su propia enfermedad según la ley dice: “…Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embazado pregonara; ¡inmundo, inmundo¡ ¿Esto es diferente del estigma que colocamos en otros que sufren una enfermedad u otro cosa? Nuestra primera lectura debe recordarnos del reciente brote de la enfermedad en nuestro mundo, nuestras reacciones, y más especialmente el estigma que los enfermos sufren. Leyendo acerca de la manera en que los pacientes de lepra fueron tratados en la biblia, es posible concluir que su tratamiento y castigos fueron más severos o duros. Sin embargo, nuestra historia ciertamente demuestra que hemos sido peor que el código levítico prescrito. Estoy seguro que no hemos olvidado demasiado pronto que hubo casos en los pasados años cuando los enfermos fueron congregados por la fuerza, matados, y sepultadas  en tumbas de mesas porque estaban enfermos, débiles, improductivos, y desperdiciando los recursos de la comunidad o país. Durante el programa T-4 de los nazis, un estimado de 250.000 – 350.000 alemanes fueron puestos a muerte por estar débiles y enfermos. ¿Cuál es la razón detrás del “evangelio sistemático de eutanasia” que empacamos, predicar y presentar a nuestros hermanos enfermos hoy? De hecho, parece que más enfermos mueren debido al estigma, que sufren de la enfermedad actual. Sin embargo, la verdad es que mis queridos hermanos, que aparte de la lepra física, hay más clases de lepras mortales que Dios solamente por medio de Cristo, nos podría curar. A través del pecado, somos los marginados, pero estamos restaurados a través de la misericordia de Dios y Jesús en acción de gracia.

En la segunda lectura Pablo nos implora: “Seguid mi modelo, como yo sigo el Cristo.” Este modelo es de sacrificio y de cuidado a los demás, para acercarnos a los pueblos especialmente en sus debilidades o fragilidades, enfermedades, y asegurando que no se sientan rechazados. Es el modelo que se niega al favoritísimo, segregación, estigmatización de los enfermos o la presentación de impíos, engañosos y, seductores de opciones hacia ellos. Esto es porque Pablo dijo: “Por mi parte, Yo procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de ellos, para que todos se salven.” Esto es exactamente lo que Cristo hizo y todavía está listo para hacer para nosotros.  Él tomó el riesgo para liberarnos de la lepra de impotencia. Él no tuvo miedo de nuestra lepra. En cambio, permanece con nosotros. Pablo replica esta acción con su vida y nos anima para hacer lo mismo con nuestra  propia vida.

En el evangelio de este domingo como que el de la semana pasada, Jesús continúa sanándonos. Hoy él encontró un leproso. En lugar de tratar de evitarlo, rechazarlo o de estigmatizarlo, lo ha tocado y le sanó. En reacción a la petición humilde del leproso: “Si quieres, puedes limpiarme”, Jesús respondió con ambos verbos y acción: “¡Quiero, sé limpio! Cuando Jesús tocó el leproso, Él no solo ha tocado algo impuro, pero hizo algo prohibido según la ley de levítico. La razón es sencilla. Él es la plenitud y cumplimiento de la ley y sabe lo que el hombre necesita más. Por haber sanado este hombre, Jesús mostró que él no fue excluido de la salvación. Aunque, el hombre desobedeció a Jesús por haber anunciado el milagro y, por no presentarse él mismo al sacerdote como Jesús le dijo, la verdad es que, la alegría de él haber sido sanado y, la posibilidad de su regreso a su comunidad,  era demasiado que se olvidó de la instrucción que Jesús le dio a él. El hecho del Evangelio de hoy es que Jesús demostró ser diferente de los sacerdotes levíticos cuya responsabilidad era para anunciar el juicio y para asegurarse de que un leproso era expulsado y castigado severamente. Por el contrario, Jesús como un verdadero amigo y hermano curó y cuidó al hombre.

Jesús comunica el amor y misericordia de Dios en señales que habla más elocuente que verbos. Esto es lo que debemos aprender de Jesús hoy día. ¿Cómo nos acercamos a los marginados, los intocables, los enfermos y, aquellos que encontramos difícil para amar en nuestra sociedad? ¿Ofrecemos misericordia y ayuda como Jesús? No hay ninguna ganancia diciendo que en nuestro mundo, muchas personas todavía sufren y mueren de estigmas que colocamos sobre  ellos debido a su  pobreza, enfermedad,  debilidad o fragilidad. Por fin, es importante que recordemos, que cada uno de nosotros manifestamos una lepra indefensa y, algo más que esto  habría sido encontrado en nuestras vidas hoy día si Jesús no hubiera venido para ayudarnos. Especialmente, es bueno saber que hay una buena voluntad y disposición en Jesús para ayudarnos más. Jesucristo esta siempre listo para mostrarnos su misericordia y para liberarnos de lo que sea que nos hace impuros. Así pues, Jesús continua diciendo: “¡Por supuesto! ¡Quiero!” Por lo tanto, alabemos el Señor: “Tu eres mi refugio; me rodeas de cantos de liberación.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s