Homilía Para El Sexto Domingo De Pascua, Año B

Celebrando El Amor Sacrificial E Incondicional De Dios Para Nosotros

Lectura: (1o: Hecho 10, 25-26. 34-48; Sal 97, 1-4; 2o 1Jn 4, 7-10; Ev: Jn 15, 9-17)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

En este sexto domingo de Pascua celebramos a nuestro Señor, cuyo amor es sacrificio y universal. Celebramos a un Dios que no tiene favoritos y libremente nos comunica su espíritu de amor a través de su iglesia y a nuestros padres. La plenitud de este amor se expresa en Jesucristo, quien es amor. También se expresa en nuestros padres que han colaborado con el Dios que nos da la vida.

Un tema importante que corre a lo largo de todas las lecturas de este domingo es el amor. Es decir, el amor de Dios para todos nosotros y la necesidad de replicar este amor por expresarlo con sacrificio a los demás como Cristo hizo por nosotros. El amor de Dios para nosotros sólo puede compararse con el amor de una madre a su bebé (Is 49, 15). Mientras que reflexionando sobre las lecturas de este domingo me recordé una canción que dice: “el amor de Jesús es maravilloso, es tan grande que no puedo salir de él, tan alto que no puedo superarlo y, tan profundo que no puedo estar debajo de él…” Dios amó a Cristo y Cristo nos amó. Así que debemos mantener la cadena para extenderla a otros. Nuestra primera lectura es un relato de cómo Cornelio y su familia (aunque gentiles), recibieron el Espíritu Santo instantáneamente. Esto como lo describió Pedro demuestra que “Dios no tiene ningún favorito”. En palabras de orden, el amor de Dios es universal. Todo lo que quiere que hagamos es aceptar este amor y venir a él.

La segunda lectura y el Evangelio de Juan nos recuerdan cuánto nos amó Cristo. Ellos nos recuerdan permanecer en este amor y por supuesto amarnos unos a otros con sacrificio. Así que, como personas creadas a imagen de Dios que es amor, nos debemos mostrar este amor. Esta es la única manera que podemos expresar plenamente esta imagen de Dios en nosotros, porque Dios es amor. Cuando amamos verdaderamente estamos siendo como Dios. Cuando nos amamos también estamos extendiendo su reino. Cuando expresamos este amor, testificamos que el espíritu de Dios mora en nosotros. Así que el Evangelio de hoy es una medida cautelar para amarnos uno al otro: “lo que yo les mando hacer a ustedes, es amarse uno al otro”. Como un mandato que significa que no tenemos ninguna opción de amaros unos a otros. La razón es muy simple. Nosotros mismos somos productos del amor. Este amor fluye de esta manera, de Dios a Cristo y de Cristo para nosotros. También fluye de Dios a nuestros padres y de nuestros padres a nosotros. Por esta razón Cristo nos dice hoy: “Como el padre me ha amado así he amado.” Así que no tenemos razón para no dejarlo fluir a los demás. No debemos romper la cadena de amor.

El amor que estamos hablando aquí va más allá de la mera emoción. El amor que Cristo se refiere aquí es un “amor sacrificial” Las emociones fuertes podrán acompañarlo, pero es el compromiso de la voluntad que mantiene amor sacrificial firme e invariable. Esta es la marca de un cristiano bueno y verdadero. Por lo tanto, amor sacrificial debe tener paciencia para soportar dolores sin quejas, demuestra paciencia bajo provocación, y es firme a pesar de la oposición y las dificultades. Amor sacrificial es compasivo, considerado, gentil y amable. Este amor no es celoso, especialmente cuando uno es consciente de que el otro será notado más que él. Trabaja para el bienestar y el bien del otro. Este amor no es arrogante, incluso cuando creemos que estamos bien y otros mal. Amor sacrificial no es egoísta ni busca sus propios intereses. Por el contrario, es un acto de la voluntad que desea servir y no ser servido. Es decir, un fuerte compromiso de ayudar y apreciar a otros incondicionalmente. Siempre está listo para dar más que recibir. Está listo para salir a buscar a otros en lugar de ser solicitado. El amor sacrificial se regocija con la verdad y nunca falla.

Finalmente, hoy celebramos el día de las madres aquí y en algunas otras partes del mundo, lo que celebramos hoy es un símbolo único de amor sacrificial, caridad, dedicación y sacrificio. Por lo tanto, hoy es una oportunidad para darles muchas gracias a nuestras madres por cooperar con Dios en el amor a fin de darnos la vida. Es una oportunidad para apreciar sus esfuerzos y su sacrificio por nosotros. Entonces, tenemos que decir gracias mamá por concebirme en el amor; Gracias mamá por nutrirme en amor en su vientre durante nueve meses. Gracias mamá por no abortarme. Gracias mamá por darme a luz a mí y lactarme en el amor. Gracias mamá por estar ahí para mí en todo momento y aguantar todos mis problemas. Gracias mamá por todo el sacrificio que hiciste para mí. Gracias por ser la mejor mamá del mundo. Como agradecer a nuestras madres que nos dejan también dar gracias a Dios  porque “Ha demostrado su salvación a las Naciones.” ¡Aleluya, Aleluya!

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

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