Homilía Para Duodécimo  Domingo Tiempo Ordinario, Año B (Dia de los Padres)

¡No Tenga Miedo, El Señor Calmará Su Tormenta!

Lectura: (1o: Job 3, 1. 8-11; Sal 106; 2o 2Co 5, 14-17; Ev: Mc 4, 35-41)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el duodécimo domingo del tiempo ordinario de la iglesia. En él, la Santa madre iglesia nos recuerda y anima que, Cristo está con nosotros aun en medio de todas las tormentas de esta vida. Por lo tanto, esto es un gran motivo de celebración y acción de gracias porque estamos tan contentos de que Jesús nos cuida.

Tanto la primera lectura de hoy del libro de Job y, el Evangelio de Marcos, nos recuerdan que Dios es el creador del mundo. Por lo tanto, Él tiene el poder de controlar y regular todas las fuerzas naturales, físicas y espirituales o actividades en este mundo. Él tiene todo el mundo en sus manos y por lo tanto, dirige el curso de nuestras vidas y la historia de este mundo. Él sabe cuando es mejor intervenir en nuestra vida personal y en la historia de nuestro mundo. Esto es evidente en su respuesta oportuna a Job y en su intervención en la situación de sus discípulos. Según nuestra segunda lectura, cuando Dios interviene, lo hace por amor a nosotros sus hijos y el mundo. Esto fue lo que hizo cuando Él permitió que su único hijo Jesucristo muriera en el momento oportuno para salvarnos y renovarnos.

La vida está llena de tormentas. A veces, pueden llegar a ser tan fuertes y extrañas que nuestra fuerza humana ya no puede apoyarnos. En algunos momentos, el miedo y los problemas, podrían asumir el control en la etapa central de nuestra vida. Incluso en algunos casos, podríamos perder nuestra fe en Dios, pensando que Él nos ha abandonado o que no existe. Estas tormentas vienen en diferentes formas. Podrían ser: problemas en nuestro matrimonio, nuestros hijos que no están respondiendo bien, falta de buen trabajo, financiamiento pobre, incapacidad para procrear o una enfermedad prolongada que ha contaminado todos los tratamientos. También podrían ser la incapacidad para encontrar o mantener una relación buena y estable, o estar afuera con la gente todo el tiempo. También podrían ser pobres resultados en nuestros negocios o académicos. La lista es interminable, pero éstos representan las realidades que enfrentamos cada día. Cofrades, la verdad es que no hay ninguna garantía de que nuestra vida estará completamente libre de las tormentas. Sin embargo, la buena noticia es que existe una seguridad de que Cristo está con nosotros para ayudarnos a tener éxito.

Hay dos verdades básicas que el Evangelio nos revela sobre estos problemas. La primera es que, Cristo está contigo en ese barco y es consciente de lo que estás luchando con la tormenta. Por lo tanto, no puede estar con Él y hundiéndote todavía. ¡No, no es posible! La segunda es que, no importa la experiencia que crees que tienes de navegar tu propio barco, no puedes superar tus tormentas solo. Por lo tanto, Cristo nos dice: “Aparte de mí, puedes hacer nada”. No cabe duda de que antes de invitar a Cristo, sus discípulos hicieron mucho esfuerzo para controlar su propio barco. Sin embargo, cuando no pudieron, ellos gritaron: “¿Maestro, no te importa que perezcamos?” Por supuesto, Cristo intervino porque Él nos aseguró: “Me llamas en momentos de problemas y te ayudaré” (Ps 50:15).

Hay tres cosas que debemos continuar haciendo. En primer lugar, en lugar de vivir en el miedo, sentados quejándose como Job y renunciar totalmente, gritemos e invitemos al Señor para que nos ayude. Esto es porque: “Nuestro auxilio viene del Señor que hizo los cielos y la tierra” (Ps 121, 1 – 2). En segundo lugar, debemos continuar mostrando profunda fe en Dios, su hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo. Es decir, fe que nos hace creer que Dios nos creó en el amor, nos sustenta con su providencia y nos salvará a través de su misericordia. En tercer lugar, debemos continuar siendo agradecidos a Dios en todas las circunstancias de nuestra vida. Por lo tanto, con el salmista digamos… “Dar gracias al Señor porque su amor y su misericordia permanecen por siempre”

Por último, hoy es el día de los padres y saludamos a todos los padres. Padres no recibe todos los elogios que las madres hacen y, ciertamente no reciben los regalos que hacen. Y muchas veces no decimos lo suficiente acerca de los padres lo importantes. Por lo que es importante tener en cuenta sin ellos, no podemos estar, ti y a yo. Un día, un profesor dijo un niño: “¿Qué es lo mejor que tu papá ha hecho por ti en esta vida? El niño dijo: “Se casó con mi madre y la ayudó a dio a luz a mí.” Así que, es algo hermoso y maravilloso de pensar y apreciar a nuestros padres.

Cuando pensamos acerca de padres piadosos, pensamos en que padres maravillosos que están hoy aquí en esta iglesia. Le animo a seguir siendo buenos padres, como San José el obrero. Por último, en el este del día de los padres, es importante reconocer y recompensar a nuestros padres por estar ahí para nosotros, para proteger y proveer para nosotros y,  nos enseñan activamente las buenas maneras de la vida. Hermanos, es importante y significativo para decir a tu padre hoy: “Gracias Padre por todo, especialmente, por dándome  parte de su vida. Felicidades a todos los padres.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

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