Homilía Para el Décimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Buscando A Cristo, El Pan De Vida Del Cielo

Lectura: (1o: Ex 16, 2-4; Sal 77; 2o Ef 17, 20-24; Ev: Jn 6, 24-35)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el décimo octavo domingo del tiempo ordinario. En este domingo nos regocijamos por el gran alimento que Dios nos da diariamente a través de Cristo, que es el pan de vida. A través de Cristo, nosotros como cristianos hemos experimentado lo que Pablo se refiere como la revolución espiritual que es contrario a la revolución de la física de los israelitas en el desierto contra Dios y sus sirvientes. Así que, nuestra satisfacción ya no es dependiente sólo en cosas materiales sino, sobre todo en las cosas espirituales y el alimento (es decir, la Eucaristía) que Cristo nos ofrece en nuestro camino.

Lo que vemos en la primera lectura hoy es una confirmación del refrán que dice: “Un hombre hambriento es un hombre enojado”. Debido al hambre de alimento físico los israelitas se rebelaron contra Moisés y despreciaron a Dios. Rápidamente se olvidaron de las grandes cosas que Dios había hecho por ellos. Como cuando separó el mar rojo y derrotó a los egipcios con el fin de salvarlos. Debido al hambre, ellos ponen a Dios a prueba y dudaban de su habilidad para proveer para ellos. Dios sin embargo, resultó ser un gran proveedor alimentándolos con el maná del cielo.

En el Evangelio, Jesús lee la mente de la gente que lo sigue. Realizó el milagro de la multiplicación de los panes y peces por necesidad. Sin embargo, estos seguidores se han llevado sólo por las cosas materiales y no por los signos que van a obtener de Cristo. Así, en lugar de aceptar a Cristo primero y la palabra de Dios que predicaba, han permitido el hambre física para eclipsar su hambre espiritual. Fueron en busca de pan físico pero fallaron en  reconocer a Cristo – el pan espiritual de la vida presente con ellos.

Una lección importante que nuestra primera lectura y el Evangelio nos enseñan hoy en día es, que cuando prestamos demasiada atención a las cosas materiales, podríamos dejar de prestar atención a lo espiritual, o incluso podríamos olvidar la bondad de Dios en el pasado. Así, en lugar de contar nuestras bendiciones podríamos terminar contando nuestros males y culpar a Dios por nuestras desgracias. Nuestra relación con Dios debe basarse no solo en cuanto a las cosas materiales que es capaz de proveer para nosotros.

Más bien, debemos ser conducidos por el espíritu y permitirle renovar nuestras mentes. Cuando esto sucede, entonces tenemos una mejor relación con Él. Por desgracia, muchas veces repetimos lo que hicieron los israelitas por murmurar contra Dios. “Dios es bueno” sólo cuando las cosas van bien. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a dificultades olvidamos toda su bondad y lo castigamos. Imaginen a los Israelitas arrepintiéndose de ser enviados a Egipto porque tenían hambre. Imaginen a ellos prefiriendo la esclavitud a la libertad, simplemente porque tenían hambre. Lo que hicieron fue similar a lo que hizo Esaú cuando tenía hambre, al vender su derecho de nacimiento por un plato de avena (Ge 23, 29-34).

Por esta razón Pablo nos aconsejó hoy en nuestra segunda lectura: “… No deben ustedes vivir como los paganos, que proceden conforme a lo vano de sus criterios…Cristo les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de vivir… que obtienen dañar los deseos ilusorios.” Ilusorios deseos son los deseos físicos que no duran, o nos impiden apreciar la bondad de Dios para nosotros. Es decir, aquellos deseos que son más físicamente que orientados a lo espiritual.

Finalmente, el Evangelio nos enseña que Cristo es el pan del cielo, y está presente en la Sagrada Eucaristía. Así que cada vez que lo recibimos tanto física como espiritualmente, recibimos más de vida y satisfacción. Él es el que nos alimenta y nos fortalece en nuestro camino en este mundo, como Dios fortaleció a los israelitas en el desierto cuando, “Él les dio pan del cielo.”

!La pa sea con ustedes!

!Maranatha (Ven Senor Jesus)!

Homily For 18th Sunday Of Ordinary Time, Year B

Seeking Christ, The Bread Of Life From Heaven

Readings: 1st: Ex 16, 2-4; Ps 77; 2nd: Eph 4, 17. 20-24; Gos Jn 6, 24-35

 This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today is the eighteenth Sunday of ordinary time. This Sunday we rejoice because of the great nourishment that God gives us daily through Christ, who is the bread of life. Through Christ, we as Christians have undergone what Paul refers to as the spiritual revolution which is contrary to the physical revolution of the Israelites in the desert against Moses and God. So our satisfaction is no longer dependent only material things but, mostly on spiritual things and food (that is, the Eucharist) which Christ provides for us on our journey.

What we see in the first reading today is a confirmation of the saying that: “A hungry man is an angry man.” Due to hunger for physical food the Israelites revolted against Moses and so, despised God. They quickly forgot all the great things that God has just done for them. How he separated the Red Sea and defeated the Egyptians in order to save them. Due to hunger, they put God to test and doubted His ability to provide for them.  God however, proved to be a great provider by feeding them with manna from heaven.

In the gospel, Jesus read the mind of the people following him. He performed the miracle of multiplication of bread and fish out of necessity. However, these followers have become carried away only by the material things and the signs they are going to get from Christ. So, rather than first accepting Christ and the word of God he preached, they have allowed physical hunger to overshadow their spiritual hunger. They were looking for physical bread but failed to recognize Christ – the spiritual bread of life present with them.

One important lesson our first reading and gospel teach us today is that when we pay too much attention to material things, we might fail to pay attention to the spiritual ones, or might even forget the goodness of God in the past.  So, rather than counting our blessings we might end up counting our woes, and blaming God for our misfortunes. Our relationship with God must not be based alone on how much material things he is able to provide for us.

Rather, we must be led by the spirit and allow him to renew our minds. When this happens, then we have a better relationship with Him. Unfortunately, often times we repeat what the Israelites did by murmuring against God. “God is good” only when thing are going on well. However, when we are faced with difficulties we forget all his goodness and castigate him. Imagine the Israelites regretting being delivered from Egypt because they were hungry. Imagine them preferring slavery to freedom, simply because they were hungry. What they did was similar to what Esau did when he was hungry, by selling his birth right for a plate of porridge (Gen 23, 29-34).

This is the reason Paul advised us today in our second reading:  “I urge you in the name of the Lord do not go on living the aimless kind of life that pagans live…you must give up your old way of life…which gets corrupted by following  illusory  desires.” Illusory desires include those physical desires that do not last or prevent us from appreciating God’s goodness to us. That is, those desires that are more physically rather than spiritually oriented.

Finally, the gospel teaches us that Christ is the bread from heaven and is present in the Holy Eucharist. So each time we receive him both physically and spiritually, we receive more life and satisfaction.  He is the one who feeds and strengthens us on our journey in this world, as God strengthened the Israelites in the desert when, “He gave them bread from heaven.”

Peace be with you!

Maranatha!!

Homilía Para el Decimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Cuando la Compasión abraza a la Generosidad, ¡los Milagros Suceden!

Lectura: (1o: 2Re 4, 42-44; Sal 144; 2o Ef 4, 1-6; Ev: Jn 6, 1-15)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

En este decimoséptimo domingo del tiempo ordinario celebramos a Cristo “el Eliseo nuevo” que nos alimenta y nos hace un solo espíritu en sí mismo. Hoy, nuestra primera lectura y el Evangelio son muy similares. Esto es porque ambos narran los milagros de la multiplicación del pan y la alimentación de la multitud. También, ambos milagros fueron motivados por la compasión y la generosidad.

En nuestra primera lectura de hoy, el profeta Eliseo consiguió un regalo y notó que la gente estaba hambrienta. Movido por la compasión y la generosidad, por lo tanto, decidió darles de comer con lo que recibió. El Señor vio su corazón generoso y compasivo y hablaba por él: “Comerán y sobrará”. Del mismo modo, en nuestro evangelio de hoy, movido por la compasión de sus ovejas, Jesús – “el nuevo Eliseo,” replica el mismo milagro de Eliseo. Alimentó a más de cinco mil personas con dos panes y dos peces. Esto demuestra que Jesús siempre se preocupa por nuestro bienestar, por alimentarnos con la buena noticia y con la Santa Eucaristía. Él se preocupa tanto por nuestras necesidades físicas y espirituales.

Hay tres lecciones importantes que debemos aprender de estos milagros. El primero es la compasión de Eliseo y Jesús por su rebaño y su comunidad. La compasión siempre mueve a Jesús a hacer algo grande por su gente. Compasión significa sentir y compartir los dolores y las alegrías de la otra persona. Es la base de la empatía y simpatía. Sin ello no podemos entender lo que otros están pasando. Sin ello, nuestra comunidad y la familia se derrumbarán. Necesitamos compasión para entender lo que significa que los demás están hambrientos, sedientos, enfermos, sin hogar, desempleados y solitarios. La segunda lección es, que Dios puede transformar algo pequeño en algo grande. Así, en lugar de discutir y dudar como los discípulos de Eliseo y Jesús, todos tenemos que obedecer los mandamientos de Dios cuando Él habla por medio de sus profetas genuinos. Esto es porque nuestro Dios es un Dios de imposibles.

La tercera y muy importante lección es la generosidad del niño pequeño en el milagro de Jesús. Él es un héroe en este milagro. Ofreció lo que tenía generosamente y se convirtió en la base de un milagro para su comunidad. ¿Cómo respondemos a las necesidades de nuestra comunidad y la familia sobre todo, cuando no hay suficientes recursos para continuar? Este muchacho hizo una diferencia con lo poco que tenía. Por lo tanto, cambió el destino de su comunidad, de un pueblo hambriento a un pueblo satisfecho. Expone el espíritu de comunidad que Pablo menciona en nuestra segunda lectura. Es decir, cuando nos recordó de las virtudes que necesitamos en orden para vivir y sobrevivir juntos como cuerpo de Cristo, unidos por una fe, un bautismo y un solo espíritu. Las virtudes incluyen: “Caridad, compasión, generosidad, humildad, gentileza y paciencia hacia uno y otro.”

Por último, debemos estar preparados para ofrecer lo poco que tenemos. Esto es porque podría ser la fuente de un milagro para nuestra comunidad. Poca oferta podría hacer una diferencia en la vida de alguien en su comunidad. Cuando se abraza la compasión y la generosidad, el resultado suele ser un gran milagro para la comunidad unida por una fe, un solo espíritu y un solo bautismo en Cristo. No hay milagro sin compasión y generosidad. Ser compasivo es ser como Cristo, y ser generoso es cooperar con Cristo en su ministerio y milagros. Hoy, Jesús está buscando a aquellos que están dispuestos a ofrecer sólo dos peces y cinco panes para llevar a cabo el milagro necesario seriamente en su familia y su comunidad. ¡Esa persona podría ser usted! Si no oculta lo que tiene, podría ser el próximo héroe en el siguiente milagro de Jesús para su familia y su comunidad.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

Homily For 17th Sunday Of Ordinary Time, Year B

When Compassion Embraces Generosity, Miracle Happens!

Readings: 1st: 2Kg 4, 42-44; Ps 144; 2nd: Eph 4, 1-6; Gos Jn 6, 1-15

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this seventeenth Sunday of ordinary time we celebrate Christ the new Elisha who feeds us and makes us one spirit in himself. Today, our first reading and the gospel are quite similar. This is because both narrate the miracles of the multiplication of bread and, the feeding of the crowd. Also, both miracles were motivated by compassion and generosity.

In our first reading today, the prophet Elisha got a gift and noticed that the people were hungry. So, moved by compassion and generosity, he decided to feed them with what he received. The Lord saw his generous and compassionate heart and spoke though him: “They will eat and have left over.” Similarly, in our gospel today, moved by compassion for his flock, Jesus – “the new Elisha,” replicated the same miracle of Elisha. He fed more than five thousand people with just two loaves of bread and two fish. This shows that Jesus always cares for our well being by feeding us both with the good news, and with the Holy Eucharist. He cares both for our physical and spiritual needs.

There are three important lessons we must learn from these miracles. The first is the compassion of Elisha and Jesus towards their flock and community. Compassion always moves Jesus to do something great for his people. Compassion means, feeling and sharing both the pains and the joys of the other person. It is the basis of empathy and sympathy. Without it we cannot understand what others are going through. Without it, our community and family will collapse. We need compassion to understand what it means for others to be hungry, thirsty, sick, homeless, jobless, and lonely. The Second lesson is that God can transform something little into something great. So, rather than argue and doubt like the disciples of Elisha and Jesus, all we need to do is, obey God’s commands when he speaks through his genuine prophets. This is because our God is a God of impossibilities.

The third and very important lesson is the generosity of the small boy in Jesus’ miracle. He is a hero in this miracle. He offered what he had generously and it became the basis of a miracle for his community. How do we respond to the needs of our community and family especially, when there are not enough resources to carry on? This boy made a difference with the little he had. So, he changed the destiny of his community from a hungry people to a satisfied people. He exhibited the community spirit that Paul mentioned in our second reading. That is, when he reminded us of the virtues that we need in order to live and survive together as a body of Christ united by one faith, one baptism and one spirit. The virtues include: “Charity, compassion, generosity, humility, gentility and patience towards one another.”

Finally, we must be ready to offer the little we have. This is because it might be the source of a miracle for our community. That little offer might make a difference in the life of someone in your community. When compassion and generosity embraces, the result is usually a great miracle for the community united by one faith, one spirit and one baptism in Christ. There can be no miracles without compassion and generosity. To be compassionate is to be like Christ and, to be generous is to cooperate with Christ in his miracles and ministry. Today, Jesus is looking for those who are ready to offer just two fish and five loaves of bread in order to perform the miracle seriously needed in your family and community. That person might be you! If you do not hide what you have, you could be the next hero in the next miracle of Jesus for your community and family.

Peace be with you!!

Maranatha!!!

Homilía Para el Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

El Señor Compasivo nos Reunirá, Curará y nos Restaurará

Lectura: (1o: Je 23, 1-6; Sal 23; 2o Ef 2, 13-18; Ev: Mc 6, 30-34)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el decimosexto domingo del tiempo ordinario. En este domingo agraciado y glorioso, la Iglesia nos invita a celebrar a Cristo el buen pastor que reúne a toda su gente dispersa y los conduce al Padre. La reunión del pueblo de Dios es un tema que todas las lecturas de este domingo expresa de una manera u otra.

Decir que la gente se dispersa podría significar lo siguiente. En primer lugar, antes de que ellos fueran dispersos por cualquier razón, estaban juntos y disfrutaron de la unidad. La segunda es que, hay esperanza de que algún día volverán a vivir juntos. Sin embargo, la pregunta es, ¿por qué la gente se dispersa o dejan su tierra querida? ¿Por qué existe tanta migración masiva y miseria en el mundo hoy? La verdad es que ningún niño se va lejos de su casa sin ninguna razón.

Estudios en “Irritabilidad y sensibilidad” muestran que los organismos vivos naturalmente se alejan de las amenazas y peligros. A través del “instinto de supervivencia,” logran superarse y seguir viviendo. ¡Algo está mal en alguna parte! Por esta razón personas toman el riesgo para avanzar. Estos incluyen, el riesgo de ahogarse en el mar, el riesgo de muerte de hambre en los desiertos más peligrosos del mundo, el riesgo de congelación en el frío y por supuesto el riesgo de ser encarcelado por infringir las leyes de inmigración muy duras. La razón de esto es bastante simple. Es un signo de que les han fallado sus líderes y el sistema que se supone que los proteja. Es una lucha por la supervivencia de un pueblo abandonado a su suerte.

La dispersión de un pueblo es un signo de que algo ha ido mal. En el caso de Israel, la mayoría de las veces su dispersión fue consecuencia de: mala dirección, un sistema fallido como sus pecados. Así como ovejas sin pastor, las masas pobres tienen que valerse por sí mismas a riesgo de los peligrosos lobos representados por todas las situaciones difíciles. Esta es la verdadera imagen que hoy vemos en el mundo. Sin embargo, hoy en día, Dios nos da esperanza a través del profeta Jeremías: “Mira, vienen los días, cuando yo levantaré una rama virtuosa de David que reinará como verdadero rey y será sabio, practicando la honestidad e integridad en la tierra.”

Por su parte, Pablo nos recuerda que: “… Tu que solías estar tan lejos, has sido traído de vuelta gracias a la sangre de Cristo.” Esto simplemente significa que Cristo es el cumplimiento de la profecía de Jeremías. Él es nuestra paz y ha roto la barrera que nos mantiene aparte. Por lo tanto, la buena noticia este domingo, es que Dios es capaz de restaurarnos y a los elementos rotos de nuestra tierra. Este es un mensaje de esperanza y no podría haber llegado en otro momento mejor que ahora que estamos pasando a través de todas las formas económicas, políticas y crisis sociales, incluyendo las migraciones más grandes y más mortales que el mundo ha presenciado jamás.

Por último, en el Evangelio de este domingo, Cristo demostró que Él es ese buen pastor prometido por Jeremías. Él demostró que Él no descansará hasta que nosotros y nuestra tierra estemos completamente sanados y restaurados. Esto fue por qué Él tuvo que romper su descanso y vacaciones para atender a su pueblo. Como un compasivo Señor y pastor, Jesús conoce nuestra situación. No se mantiene tranquilo en nuestras situaciones. Él ve nuestra impotencia y sabe cómo nuestros líderes nos han dejado vagando como ovejas sin pastor. Él está haciendo algo al respecto y no descansará hasta que estemos reunidos y restaurados. Todo lo que necesitamos es simplemente hacer lo que Dios quiere que hagamos para curar a nosotros y nuestra tierra. También tenemos que creer en Él por siempre diciendo: “¡El Señor es mi pastor; nada me faltará!”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

Homily For 16th Sunday Of Ordinary Time, Year B

The Compassionate Lord Will Gather, Heal and Restore Us

Readings: 1st: Jer 23, 1-6; Ps 23; 2nd: Eph 2, 13-18; Gos Mk 6, 30-34

 This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working at the Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico – Republica Dominicana. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today is the sixteenth Sunday of ordinary time. On this graceful and glorious Sunday, the church invites us to celebrate Christ the good shepherd who gathers all his scattered people and leads them to the Father. Gathering of God’s people is one theme that all the reading s of this Sunday expressed in one way or the other.

To say that people are scattered could mean the following. First, before they were scattered for whatever reason, they were together and enjoyed unity. The second is that, there is hope that one day they will return to live together. However, the question is, why would people scatter or leave their beloved land, why is there so much mass migration and destitution all over the world today? The truth is that no child runs away from home for no reason.

Studies in “Irritability and Sensibility” show that living organisms naturally drift away from threats and dangers. Through “survival instinct,” they manage to overcome and continue to live. Something is wrong somewhere! That is why people take all the risk in order to move. These include, the risk of drowning in the sea, the risk of starving to death in the most dangerous deserts of the world, the risk of freezing in the cold, and of course the risk of being imprisoned for infringing very harsh immigration laws. The reason for this is quite simple. It is a sign that their leaders and system which are supposed to protect them have failed them. It is a struggle for survival by a people abandoned to their own fate by their leaders.

The scattering of a people is a sign that something has gone wrong. In the case of Israel, most times their scattering was a consequence of: bad leadership, a failed system as well as their sins. So like sheep without a shepherd, the poor masses have to fend for themselves at the risk of the dangerous wolves represented by all tough situations. This is the true picture we see all over the world today. However, today, God gives us hope thorough the prophet Jeremiah: “See, the days are coming, when I will raise a virtuous branch for David who will reign as a true king and be wise, practicing honesty and integrity in the land.”  

On his part, Paul reminds us that: “…You that used to be so far apart have been brought very close, by the blood of Christ.” This simply means that Christ is the fulfillment of the prophecy of Jeremiah. He is our peace, and has broken down the barrier which used to keep us apart. Hence, the good news this Sunday is that God is capable of restoring us and the broken elements of our land. This is a message of hope and could not have come at any other time better than now that we are passing through all form of economic, political and social crisis including the greatest and most deadly migrations the world has ever witnessed.

Finally, in the gospel of this Sunday, Christ demonstrated that he is that good shepherd promised by Jeremiah. He demonstrated that he will not rest until we and our land is completely healed and restored. This was why he had to break his rest and vacation in order to attend to his people. As a compassionate Lord and shepherd, Jesus knows our situation. He is not keeping quiet in our situations. He sees our helplessness and knows how our leaders have left us wandering about like sheep without shepherd. He is doing something about it and, will not rest until we are gathered and restored. All we need is simply to do whatever God wants us to do in order to heal us and our land. We also need to believe Him by constantly saying: “The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want!”

Peace be with you!!

Maranatha!!!

Homilía Para Decimoquinto Domingo Tiempo Ordinario, Año B

Cumpliendo el Propósito Y La Voluntad De Dios Para Elegirme

Lectura: (1o: Am 7, 12-15; Sal 84; 2o Ef 1, 3-14; Ev: Mc 6, 7-13)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el decimoquinto domingo del tiempo ordinario. Un tema importante que es común a todas las lecturas de este domingo es: la “Elección de Dios.” Esto apunta simplemente a ambas, la naturaleza misionera de la iglesia y de nuestra vocación como mensajeros de Dios. Las lecturas nos recuerdan que la elección de Dios de nosotros no era un producto del azar, sino un acto deliberado. Por lo tanto, este domingo, la Iglesia nos ofrece una gran oportunidad para preguntarnos estas preguntas muy pertinentes: ¿Cuál es el propósito de Dios para elegirme como su mensajero y, estoy cumpliendo con este propósito?”

En nuestra primera lectura, Dios elige a Amós – un pobre granjero para ir y profetizar en el reino del norte de Israel. Dios tenía un propósito para ello. Él sabía muy bien que hubo profetas allí. Sin embargo, no fueron su elección porque había comprometido sus llamados. Por ser corruptos y distraídos por el materialismo, ya podía entregar a los jueces los oprimidos y los débiles. En vez de hablar de los pobres, débiles y los oprimidos, hablaron de sus estómagos, bolsillos y cuentas bancarias. Por lo tanto, Dios consideró que la única persona que era conveniente para su trabajo era un granjero pobre inocente que fue separado desde el materialismo de la época y el reino del norte. Por supuesto, a pesar de las oposiciones y desafíos que enfrentó de los “profetas profesionales y pagados” del reino del norte, Amós cumplió el propósito de Dios de la elección sin ser corrompida por el materialismo de su tiempo.

En nuestra segunda lectura, Pablo no sólo nos dijo que fuimos seleccionados en Cristo. En cambio, él fue más allá para recordarnos la razón por la que Dios nos eligió: “Para ser santos e intachables y vivir a través del amor en su presencia…” En pocas palabras, se trata de la principal voluntad y propósito de Dios por habernos elegido. Sin embargo, como uno no vive solo para sí mismo, el propósito secundario por qué Dios nos elige es alcanzar a otros. Es decir, desarrollar un espíritu misionero. Estas dos metas y propósitos que juntos forman el definitivo objetivo y propósito de Dios para nosotros.

El Evangelio de hoy pone de relieve este propósito secundario. Cristo tomó tiempo para preparar a sus discípulos para ayudarles a alcanzar el propósito principal de Dios en sus vidas. Luego, los envió a alcanzar el propósito secundario. Es decir, la misión a su comunidad y el mundo. A través de estos, misión “ad intra” se convirtió en la fundación de misión “ad extra.” Esto es lo que el crecimiento en Cristo significa. Significa esforzarse, lograr el propósito principal de ser santo, impecable, amoroso y también, ir a ayudar a otros a lograrlo. Esto es lo que significa ser misionero y desarrollar un espíritu misionero. Para que esto sea posible, no debemos ser egoístas, el amor debe movernos a invitar a otros a compartir nuestra experiencia. Por lo tanto, debemos comportarnos como una hormiga que se encuentra un pedazo de comida e invita a otros a compartirla con él.

Finalmente, para asegurarse de que sus discípulos no perdieran el foco de este propósito, Cristo les instruyó sobre cómo ir sobre su misión. Jesús sabía la influencia del materialismo y que cualquier alma puede ser llevado cautivo por él y definitivamente perder el enfoque de su misión. Era porqué él instruyó a su discípulo contra él. Por lo tanto, para tener éxito en la misión de Cristo, debemos ser cuidadosos sobre el materialismo, el capitalismo extremo y cualquier cosa que pudiera distraernos de cumplir con el propósito de Dios por elegirnos.

Por lo tanto, acatar las instrucciones de Jesús es un medio seguro de cumplir con el propósito de Dios. Mientras que descuidarlas es la forma más fácil de perder foco y caer. Lamentablemente, la mayoría de nosotros los pastores, sacerdotes, religiosos y, por supuesto, el pueblo de Dios hemos perdido el enfoque de nuestra misión por desobedecer las instrucciones de Cristo. Nos hemos vuelto tan distraídos que no prestamos atención a la finalidad de nuestra misión y al llamado como cristianos. Por esta razón es que logramos poco. Por lo tanto, debemos constantemente recordarnos que Dios nos escogió para un propósito y debemos esforzarnos por lograrlo.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!