Homilía Para el Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

El Señor Compasivo nos Reunirá, Curará y nos Restaurará

Lectura: (1o: Je 23, 1-6; Sal 23; 2o Ef 2, 13-18; Ev: Mc 6, 30-34)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el decimosexto domingo del tiempo ordinario. En este domingo agraciado y glorioso, la Iglesia nos invita a celebrar a Cristo el buen pastor que reúne a toda su gente dispersa y los conduce al Padre. La reunión del pueblo de Dios es un tema que todas las lecturas de este domingo expresa de una manera u otra.

Decir que la gente se dispersa podría significar lo siguiente. En primer lugar, antes de que ellos fueran dispersos por cualquier razón, estaban juntos y disfrutaron de la unidad. La segunda es que, hay esperanza de que algún día volverán a vivir juntos. Sin embargo, la pregunta es, ¿por qué la gente se dispersa o dejan su tierra querida? ¿Por qué existe tanta migración masiva y miseria en el mundo hoy? La verdad es que ningún niño se va lejos de su casa sin ninguna razón.

Estudios en “Irritabilidad y sensibilidad” muestran que los organismos vivos naturalmente se alejan de las amenazas y peligros. A través del “instinto de supervivencia,” logran superarse y seguir viviendo. ¡Algo está mal en alguna parte! Por esta razón personas toman el riesgo para avanzar. Estos incluyen, el riesgo de ahogarse en el mar, el riesgo de muerte de hambre en los desiertos más peligrosos del mundo, el riesgo de congelación en el frío y por supuesto el riesgo de ser encarcelado por infringir las leyes de inmigración muy duras. La razón de esto es bastante simple. Es un signo de que les han fallado sus líderes y el sistema que se supone que los proteja. Es una lucha por la supervivencia de un pueblo abandonado a su suerte.

La dispersión de un pueblo es un signo de que algo ha ido mal. En el caso de Israel, la mayoría de las veces su dispersión fue consecuencia de: mala dirección, un sistema fallido como sus pecados. Así como ovejas sin pastor, las masas pobres tienen que valerse por sí mismas a riesgo de los peligrosos lobos representados por todas las situaciones difíciles. Esta es la verdadera imagen que hoy vemos en el mundo. Sin embargo, hoy en día, Dios nos da esperanza a través del profeta Jeremías: “Mira, vienen los días, cuando yo levantaré una rama virtuosa de David que reinará como verdadero rey y será sabio, practicando la honestidad e integridad en la tierra.”

Por su parte, Pablo nos recuerda que: “… Tu que solías estar tan lejos, has sido traído de vuelta gracias a la sangre de Cristo.” Esto simplemente significa que Cristo es el cumplimiento de la profecía de Jeremías. Él es nuestra paz y ha roto la barrera que nos mantiene aparte. Por lo tanto, la buena noticia este domingo, es que Dios es capaz de restaurarnos y a los elementos rotos de nuestra tierra. Este es un mensaje de esperanza y no podría haber llegado en otro momento mejor que ahora que estamos pasando a través de todas las formas económicas, políticas y crisis sociales, incluyendo las migraciones más grandes y más mortales que el mundo ha presenciado jamás.

Por último, en el Evangelio de este domingo, Cristo demostró que Él es ese buen pastor prometido por Jeremías. Él demostró que Él no descansará hasta que nosotros y nuestra tierra estemos completamente sanados y restaurados. Esto fue por qué Él tuvo que romper su descanso y vacaciones para atender a su pueblo. Como un compasivo Señor y pastor, Jesús conoce nuestra situación. No se mantiene tranquilo en nuestras situaciones. Él ve nuestra impotencia y sabe cómo nuestros líderes nos han dejado vagando como ovejas sin pastor. Él está haciendo algo al respecto y no descansará hasta que estemos reunidos y restaurados. Todo lo que necesitamos es simplemente hacer lo que Dios quiere que hagamos para curar a nosotros y nuestra tierra. También tenemos que creer en Él por siempre diciendo: “¡El Señor es mi pastor; nada me faltará!”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

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