Homilía Para el Décimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Buscando A Cristo, El Pan De Vida Del Cielo

Lectura: (1o: Ex 16, 2-4; Sal 77; 2o Ef 17, 20-24; Ev: Jn 6, 24-35)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el décimo octavo domingo del tiempo ordinario. En este domingo nos regocijamos por el gran alimento que Dios nos da diariamente a través de Cristo, que es el pan de vida. A través de Cristo, nosotros como cristianos hemos experimentado lo que Pablo se refiere como la revolución espiritual que es contrario a la revolución de la física de los israelitas en el desierto contra Dios y sus sirvientes. Así que, nuestra satisfacción ya no es dependiente sólo en cosas materiales sino, sobre todo en las cosas espirituales y el alimento (es decir, la Eucaristía) que Cristo nos ofrece en nuestro camino.

Lo que vemos en la primera lectura hoy es una confirmación del refrán que dice: “Un hombre hambriento es un hombre enojado”. Debido al hambre de alimento físico los israelitas se rebelaron contra Moisés y despreciaron a Dios. Rápidamente se olvidaron de las grandes cosas que Dios había hecho por ellos. Como cuando separó el mar rojo y derrotó a los egipcios con el fin de salvarlos. Debido al hambre, ellos ponen a Dios a prueba y dudaban de su habilidad para proveer para ellos. Dios sin embargo, resultó ser un gran proveedor alimentándolos con el maná del cielo.

En el Evangelio, Jesús lee la mente de la gente que lo sigue. Realizó el milagro de la multiplicación de los panes y peces por necesidad. Sin embargo, estos seguidores se han llevado sólo por las cosas materiales y no por los signos que van a obtener de Cristo. Así, en lugar de aceptar a Cristo primero y la palabra de Dios que predicaba, han permitido el hambre física para eclipsar su hambre espiritual. Fueron en busca de pan físico pero fallaron en  reconocer a Cristo – el pan espiritual de la vida presente con ellos.

Una lección importante que nuestra primera lectura y el Evangelio nos enseñan hoy en día es, que cuando prestamos demasiada atención a las cosas materiales, podríamos dejar de prestar atención a lo espiritual, o incluso podríamos olvidar la bondad de Dios en el pasado. Así, en lugar de contar nuestras bendiciones podríamos terminar contando nuestros males y culpar a Dios por nuestras desgracias. Nuestra relación con Dios debe basarse no solo en cuanto a las cosas materiales que es capaz de proveer para nosotros.

Más bien, debemos ser conducidos por el espíritu y permitirle renovar nuestras mentes. Cuando esto sucede, entonces tenemos una mejor relación con Él. Por desgracia, muchas veces repetimos lo que hicieron los israelitas por murmurar contra Dios. “Dios es bueno” sólo cuando las cosas van bien. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a dificultades olvidamos toda su bondad y lo castigamos. Imaginen a los Israelitas arrepintiéndose de ser enviados a Egipto porque tenían hambre. Imaginen a ellos prefiriendo la esclavitud a la libertad, simplemente porque tenían hambre. Lo que hicieron fue similar a lo que hizo Esaú cuando tenía hambre, al vender su derecho de nacimiento por un plato de avena (Ge 23, 29-34).

Por esta razón Pablo nos aconsejó hoy en nuestra segunda lectura: “… No deben ustedes vivir como los paganos, que proceden conforme a lo vano de sus criterios…Cristo les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de vivir… que obtienen dañar los deseos ilusorios.” Ilusorios deseos son los deseos físicos que no duran, o nos impiden apreciar la bondad de Dios para nosotros. Es decir, aquellos deseos que son más físicamente que orientados a lo espiritual.

Finalmente, el Evangelio nos enseña que Cristo es el pan del cielo, y está presente en la Sagrada Eucaristía. Así que cada vez que lo recibimos tanto física como espiritualmente, recibimos más de vida y satisfacción. Él es el que nos alimenta y nos fortalece en nuestro camino en este mundo, como Dios fortaleció a los israelitas en el desierto cuando, “Él les dio pan del cielo.”

!La pa sea con ustedes!

!Maranatha (Ven Senor Jesus)!

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