Homilía Para el Decimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Jesús Nos Atrae A Sí Mismo Todos Los Días

Lectura: (1o: 1Re, 19, 4-8; Sal 33; 2o Ef 4, 30. 5,2; Ev: Jn 6, 41-51)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el decimonoveno domingo del tiempo ordinario. Como el pan de vida, Jesús continúa atrayéndonos a sí mismo. Esto es para nutrirnos y fortalecernos en nuestro viaje, tal y como Dios llamó a Elías en el desierto para nutrirlo y animarlo. Muchas veces he oído decir: “Padre, no hay razón para vivir; Estoy cansado de esta vida. Estoy solo en mi lucha. No creo que Dios todavía escuche mis oraciones, me siento morir.” Sé muy bien que esos momentos en la vida, que hacen que la mayoría de nosotros hagamos tales declaraciones no son fáciles en absoluto. Sin embargo, hablando de esta manera es un signo de casi aceptar la derrota y pérdida de la esperanza en la restauración y la Divina Providencia. La buena noticia hoy es, que hay esperanza en Jesus el pan de vida que nos atrae a sí mismo cada día para alimentarnos.

Considero que nuestra primera lectura de hoy es muy alentadora. De muchas maneras, es muy alentadora porque muchos de nosotros estamos en el mismo barco ahora como Elías. Por lo tanto, todos nos identificamos con el Profeta y su situación. Por desgracia, el mismo Elías que era valiente contra Acab en su palacio y en el Monte Carmelo; el mismo Elías que también fue testigo de Dios en la casa de la viuda, en los años de hambruna y en el fuego y la lluvia del cielo, de repente se convirtió en temeroso y desanimado. Sin embargo, cuando pensaba que toda esperanza estaba perdida, Dios intervino divinamente por la alimentación y el fortalecimiento para su viaje. ¿Qué aprendemos de Elías hoy? ¡Simple! Debemos aprender a descansar nuestras expectativas en la soberanía de Dios, confiando en su tiempo, Divina Providencia y protección. También, otra importante y alentadora lección aquí es, que fracaso no significa derrota, o el fin de nuestra vida y viaje.

En nuestra segunda lectura, Pablo nos recuerda que como hijos de Dios, cada uno de nosotros lleva una marca del Espíritu Santo. Este espíritu es nuestra guía, fuerza y compañía en el viaje de la vida. Por lo tanto, debemos confiar en él y caminar con Él. Llorando nos dificultará nuestro viaje. Si confiamos en Él y caminamos con Él, nos conducirá con seguridad a través de los ásperos caminos de la vida. Él nos conducirá a Cristo el pan de vida que nutre y nos fortalece en nuestro camino. Pablo nos dice cómo mantener esta relación con el Espíritu Santo. “Nunca tengan rencor contra otro, o pierdan los estribos, levante su voz a nadie o se insulten mutuamente… perdonarnos unos a otros tan fácilmente como también Dios nos perdona en Cristo.”

Hoy, como lo fue para Elías, Jesús se enfrenta a sus propios obstáculos. Los fariseos no creyeron en Él. En cambio, buscaron medios de desacreditarlo a Él y su trabajo. Jesús no se rindió. Por el contrario permaneció enfocado. Demostró ser el pan de vida que Elías comió y fue restaurado. Por lo tanto, Él nos atrae a sí mismo cada día a través de la mesa eucarística para nutrir y fortalecer a nosotros para nuestro viaje. Él nos llena con su espíritu, que dirige y nos orienta en el camino correcto en nuestro viaje. Él es el pan de vida que satisface nuestra hambre espiritual. Hoy, Cristo está diciendo a nosotros como Él habló a Elías en el desierto, “levantarse, comer, beber y continuar su viaje” con una nueva esperanza, celo y un nuevo espíritu.

Finalmente, como lo fue para Elías hoy en día, su dolor está a punto de transformarse en alegría. Esa soledad en el desierto de tu vida está a punto de dispersarse por la multitud de ángeles que están dispuestos a asistir esa aparente derrota que está a punto de ser convertida en una gran victoria, porque: “Al caer la tarde nos visita el llanto, pero la mañana es un grito de alegría” (Ps 30, 5). No perder la esperanza. Por el contrario, pedir la gracia para continuar y lo encontrarás. Además, todo lo que necesitamos es simplemente: “Gustar y ver que el Señor es bueno,” porque realmente es el pan de vida que nos fortalece cada día.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

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