Homilía Para el veintiuno Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Haciendo La Elección Correcta: Cristo El Santo De Dios

Lectura: (1o: Jos 24, 1-2, 15-18; Sal 33; 2o Ef 5, 21-32; Ev: Jn 6, 60-69)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

En este veintiuno domingo del tiempo ordinario, la iglesia invita y nos anima a elegir siempre a Cristo, un Santo de Dios. A veces cuando llegamos al cruce de la vida, estamos confundidos sobre qué camino seguir. La verdad es que estos caminos, son momentos de nuestra vida cuando tenemos que hacer opciones que determinarán nuestro futuro; y las decisiones que afectarán y formarán nuestra futura relación con Dios, otros, nuestro ambiente y sociedad.

En un punto en mi propia vida, llegué a una de estas encrucijadas de elegir entre responder a la llamada y voluntad de Dios y, perseguir más esfuerzos académicos, mejores puestos de trabajo y por supuesto, más dinero. Fue un momento difícil y confuso. Sin embargo, el Espíritu Santo proveyó  la iluminación y la inspiración que necesitaba para tomar la decisión correcta. Por esa opción es que estoy haciendo lo que estoy haciendo y, porque estoy donde estoy hoy, cumpliendo la voluntad de Dios.

Este domingo, nuestra primera lectura y Evangelio tienen mucho en común. Ambos son acerca de hacer una elección entre quedarse con y, el abandonarse a Dios. Josué pidió a los israelitas elegir entre servir a Dios y otros dioses. Cristo preguntó a sus discípulos: “¿También ustedes quieren dejarme?” Usando la analogía del matrimonio, Pablo explica y nos recuerda que igual que un hombre o una mujer elige una esposa o un esposo debido al amor, también Cristo escogió (su iglesia) y nos tomó a sí mismo: “…Cristo amó a su iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues Él quería presentársela a si mismo…Santo y sin mancha…”

La elección que hagamos determina si tendremos vida o no. Cuando rechazamos buenos valores cristianos hacemos una mala elección. Cuando rechazamos la palabra de Dios, hemos tomado una decisión equivocada, rechazando un Santo de Dios. Es importante tener en cuenta que, elegir a Dios no significa que vamos a estar totalmente libres de problemas. Sin embargo, la verdad es que elegir permanecer con Cristo es la mejor opción para hacer en la vida. El Rey David muestra su sabiduría cuando él se presentó con dos opciones de castigo para su pueblo. Él dijo: “No quiero ser castigado por los seres humanos. Que el mismo Señor sea el que nos castigue, porque Él es misericordioso.” (2 Sam 24, 10-25). A pesar de todas las probabilidades, eligiendo permanecer con Cristo es y, siempre será la mejor opción para cualquier persona que sea sabio. Esto es porque Él es un Señor amoroso y misericordioso y, porque tiene el mensaje de vida eterna.

El salmista nos dice que: “Aquellos que eligen o corren a otros dioses multiplican sus penas” (Ps 16, 4). Cuando rechazamos sus palabras y destruimos su orden natural, terminamos multiplicando nuestras penas. Esto es porque, es la elección que hemos hecho. Cuando decidimos huir de Dios, perdemos nuestra dirección. Por desgracia, podríamos encontrar el otro “despiadado y malvado maestro” en nuestro camino. Por lo tanto, no importa lo difícil que es entender las formas y las palabras de Cristo para que nosotros, nos quedemos con Él porque es la mejor opción para nuestra vida.

Así como Josué, digamos: “En cuanto a mí toca, mi casa y, yo serviremos al Señor.” Como los israelitas, digamos: “…También nosotros serviremos al Señor, porque Él es nuestro Dios”. Como fieles parejas permanezcan unidas entre sí, permanezcamos unidos con Cristo, quien nos eligió primero y nos llevó a sí mismo. Por último, como sinceros y fieles discípulos de Jesús, digamos: “Señor, ¿a quién iremos? “Tú tienes palabras de vida eterna. Creemos y sabemos que eres el Santo de Dios”. Hoy con alegría cantemos esta canción maravillosa: “He decidido seguir a Cristo. No vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

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