Homilía Para El Trigésimo 2do Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

Generosidad Y Fe En La Providencia De Dios

Lectura: (1o: 1Re 17, 8-16; Sal 145; 2o He 9, 24-28; Ev: Mc 12, 38-44)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, en el trigésimo segundo domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos anima a aprender y apreciar la virtud de la caridad. Por lo tanto, como Cristo completamente y libremente se ofrece para nuestra salvación, no debemos tener miedo a dar por el bien de los demás. En todas las lecturas de hoy, se puede establecer un tema central y que es: generosidad, o mejor aún, el total que ofrece no sólo la posesión, sino de uno mismo con fe en la Divina Providencia de Dios.

En nuestra primera lectura, la viuda se encontró con Elías el profeta de Dios que desafió a su fe. A pesar de su escasez y la pobreza, ella fue capaz de satisfacer todas las exigencias de Elías quien como “Oliver Twist fue siempre pidiendo más.” Ella pasó la prueba del ácido mediante el ejercicio de una firme convicción de que lo que Dios habló a través de su profeta estará definitivamente: “El tarro de harina no se gastará… la jarra de aceite no se vaciará.” ¡De hecho nunca se terminaron! Por supuesto esta confianza en la Providencia de Dios nunca falló a ella y a su hijo. Por el contrario, su situación mejora, moviéndose de la escasez a la abundancia, de la miseria al lujo, y de la pobreza a la prosperidad.

La segunda lectura destaca el hecho de que Cristo también ofrece (“una vez por todas”) todo para nuestra salvación. Lo hizo con total confianza en la divina providencia de Dios. Por supuesto, también ganó todo a cambio. Del mismo modo, en el Evangelio la viuda ofreció todo en fe y confiando en la divina providencia de Dios para la supervivencia. Ella tuvo que hacer ese sacrificio porque sabía el Dios que la estaba sirviendo. Por lo tanto, ella no necesita lidiar con si estaba haciendo lo correcto o no, cómo sobrevivir en el futuro, o lo que sucederá en caso de emergencia. En cambio, ella conquistó el egoísta instinto de supervivencia o preservación del uno mismo colocando todo el futuro en las manos de Dios.

Las lecciones que podemos aprender de las lecturas de hoy incluyen en primer lugar, que todas las figuras en nuestras lecturas no eran egoístas. En cambio, sacrificaron todo lo que poseían por el bien de Dios y el bien de los demás. En segundo lugar, su fe en la divina providencia de Dios es incomparable a lo que encontramos en nuestro mundo hoy. En la vida, momentos de escasez, como muchas familias están experimentando hoy en día, son momentos de prueba, así como momentos de fe.

A veces, algunos de nosotros piensan que si le damos algo a alguien en necesidad, quedaría sin nada. Sin embargo, es importante tener en cuenta que lo poco que les damos a los demás es mayor que lo mucho que ahorramos o guardamos para nosotros mismos. Por esta razón Tobías nos aconseja que: “Es mejor dar limosna que guardar como un tesoro el oro. Porque la limosna libera de la muerte, y purgará a cada pecado. Los que realizan actos de caridad y justicia tendrán la plenitud de la vida”(12, 8-9). Hay un dicho muy simple que dice: “¡Donantes nunca carecen!” Esto es porque confían en la providencia de Dios que nos da todo libremente.

Por último, como el gran proveedor, “Dios está listo para proveer todas nuestras necesidades según sus riquezas en gloria en Cristo” (Fil 4, 19). Él sabe nuestras necesidades y cómo satisfacerlas. Todo lo que necesitamos hacer es confiar en su providencia como las viudas en las lecturas  nuestras hoy. Por lo tanto, pidámosle a Cristo para que nos conceda un corazón generoso y una fe fuerte que nos permitirá trabajar para otros, dar a los demás, amar a los demás, orar por otros y sobre todo, ofrecer todo nuestro ser a Dios para la salvación de los demás.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

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