Homilía Para El 2º Domingo De Cuaresma, Año C

La Gloria Y El Esplendor De Cristo

Lecturas: (1ra: Gn 15, 5-12. 17; Sal: 26; 2da: Flp 3, 17. 4, 1; Ev: Lc 9, 28-36)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

En este segundo domingo de Cuaresma, la iglesia nos invita a no descansar en las comodidades materiales de este mundo. Más bien, debemos avanzar hacia la Tierra Prometida y la gloria futura. Si tenemos éxito en llegar allí, el Señor en quien ponemos nuestra confianza y fe transfigurará nuestros cuerpos mortales en la semejanza de su cuerpo glorificado. 

Una vez, una mujer cayó en coma por unas horas. Cuando se despertó, estaba triste y dijo a sus hijos: “Ustedes me hubieran permitido permanecer allá.” Sus hijos le dijeron que la amaban mucho, y todavía la necesitaban. Mientras ella estaba describiendo la belleza y el esplendor de la ciudad que ella vio, su pequeña hija gritó: “Mamá, ya tú estabas en el cielo. ¡Por favor, volvamos ahora allí!” Como los apóstoles, esta mujer tenía una visión de la gloria y el esplendor de la Ciudad Eterna. Así que, no quiso regresar a este mundo.

Hoy, nuestra primera lectura y el evangelio tienen mucho en común. Ambos narran la revelación de la gloria y el esplendor del futuro. En primer lugar, debido a su fe, Dios le reveló a Abraham la gloria que sería suya en el futuro. No sólo Dios reveló esto a Abraham, Él selló esto con un pacto. Esto es como una garantía de que cumplirá su promesa a Abraham.

En el evangelio, Jesús reveló su gloria futura a Pedro, Santiago y Juan, que se denominan colectivamente por los eruditos de la biblia como: “Los miembros del círculo interior de Jesús.” Ellos vieron la gloria y el esplendor de Dios revelado en Cristo, que representa la Nueva Alianza; en Moisés, que representa la ley, y en Elías, que representa los Profetas. La transfiguración de Cristo ante sus discípulos es de gran importancia, y tiene un montón de lecciones para nosotros.

Cristo podría haber ido a la montaña solo, pero decidió llevarlos con Él. Esto fue con el fin de asegurar que sus discípulos, no estén perdiendo el tiempo siguiéndolo a  Él. Lo hizo con el fin de aumentar y fortalecer la fe en Él. Lo hizo con el fin de resolver la disputa sobre su personalidad. Lo más importante, lo hizo con el fin de convencernos de la gloria futura que vamos a disfrutar si permanecemos fieles hasta el final.

Otra importante lección que debemos aprender del evangelio de hoy, nos viene de esta narrativa: “…Pedro y sus compañeros estaban cargados con sueño, pero permanecieron despiertos y vieron su gloria.” Por supuesto después de un estresante día de escalada, los discípulos estaban cansados. Sin embargo, debido a que tenían curiosidad y querían saber por qué Cristo les trajo allí, lucharon para estar despiertos. Físicamente, estaban dormidos, pero espiritualmente, se despiertan con el fin de cumplir con la tarea que les trajo allí. Como los apóstoles, también nosotros debemos permanecer espiritualmente despiertos esta temporada con el fin de experimentar la gloria de Dios. Si debemos contemplar la gloria de Dios revelada en Jesucristo, debemos estar dispuestos a hacer sacrificios.

El tiempo de Cuaresma nos ofrece la oportunidad de hacer sacrificios. Que nos prepara para la futura gloria a través de las oraciones, buenas obras, reflexiones, y abstinencia. Es un momento en el que estamos creciendo en la gracia para avanzar fieles a la montaña de la gloria de Dios. Esta temporada, tenemos que estar espiritualmente atentos a fin de saber qué es lo que Cristo quiere comunicarnos a través de su Misterio Pascual. Si entendemos esto, estaríamos en mejor posición para participar en la gloria de su resurrección. Para lograr esto, Pablo nos aconsejó para: “Permanecer fieles a nuestro Señor Jesucristo”, porque Él es: “Nuestra luz y nuestra ayuda.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor Jesús)!

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