Homilía Para El Cuatro Domingo De Pascua, Año C

 

Cristo Nuestro Buen Pastor Nunca Falla

Lecturas: (1ra: Hecho 13, 14. 43-52; Sal: 99, 1-3. 5; 2da: Ap 7, 9. 14-17; Ev: Jn 10, 27-30)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

En este cuarto domingo de Pascua, celebramos la fiesta de Cristo, nuestro Buen Pastor que voluntariamente dio su vida por sus ovejas. Celebramos nuestro pastor porque Él nos ama y se interesa por nosotros en todas las circunstancias. Él está dispuesto a guiar a todos los que lo siguen y obedecen al manantial de la vida eterna.

La primera lectura de hoy narra los acontecimientos de cómo los Apóstoles siguen difundiendo la Buena Nueva de Jesucristo. Un punto importante a observar es que hoy en día han dado un paso más. Ellos han traído la Buena Nueva a los gentiles que lo aceptaron con alegría. Esto demuestra que Cristo vino para la salvación de todo su rebaño. Como el Buen Pastor de todas las naciones, nos ofrece la salvación y protección a través de la Buena Nueva. Esto es porque es su deseo de que todos sean salvos.

Aunque llegó a los judíos en primer lugar, también era su plan salvar a todas las naciones. Por desgracia, debido a la ignorancia, el orgullo, y la terquedad de los judíos lo rechazaron. Sin embargo, esto se convirtió en una bendición para los gentiles que ahora son los elegidos de Dios. Como los judíos en el tiempo de Cristo debemos preguntarnos: ¿Hay alguna manera en la que estamos rechazando la Buena Nueva? Cualquier forma de obstinación, o la resistencia contra la Buena Nueva que escuchamos todos los días es un signo de rechazo de Cristo como los judíos hicieron. Además, uno podría rechazar a Cristo, Buen Pastor, a través de la falta de fe, o incluso del fracaso a reconocerlo en los demás.

En nuestra segunda lectura, a través de la visión de Juan, Dios nos asegura que Cristo, nuestro Buen Pastor está dispuesto a acoger y guardar todos sus hijos. Por lo tanto, Juan nos dice: “Yo vi una cantidad enorme, imposible de contar, de gente de toda nación, raza, tribu y lengua; estaban de pie delante del trono y delante del Cordero…” A través de su Hijo Jesucristo, Dios está listo para llevarnos al manantial de la salvación eterna. Su misericordia, amor y salvación no discriminan, y su reino está abierto a todo su rebaño. Esto es especialmente a todos los que humildemente y alegremente lo acogen. La salvación de Dios es como un manantial que fluye libremente. Sin embargo, sólo aquellos que son fieles a Él y se han lavado en la sangre del Cordero podrían obtener agua del manantial de la vida.

Hoy el evangelio es muy preciso. Sin embargo, lleva un mensaje muy poderoso para todos nosotros, que de acuerdo con el salmista: “Somos las ovejas del rebaño de Dios.” Por supuesto, sabemos que los derechos van con los deberes. Así, esta lectura nos avisa de nuestro deber como las ovejas de Cristo: “Las ovejas que me pertenecen a mí escuchan mi voz…y me siguen.” Por otro lado, también se especifica la responsabilidad de Cristo, el buen pastor hacia nosotros: “Yo les doy vida eterna, no se perderán bajo mi protección, y nadie jamás las robará de mí.” Por lo tanto, si obedecemos a la voz y al mandato de Cristo, estaremos seguros de su amor, cuidado y protección. Cristo, nuestro Buen Pastor, nunca falla.

Así como las ovejas de Cristo, escuchemos la llamada diaria de Jesucristo, el Buen Pastor, que dice: “He aquí que estoy a la puerta de tu corazón y llamo. Si abre la puerta, yo entraré…” (Ap 3, 20). Sí, Jesús, el Buen Pastor de todas las naciones está allí pacientemente e infinitamente en nuestra puerta. Él quiere conducirnos. Por lo tanto, no tenemos que caminar lejos de Él. El salmista nos aconsejó así: “Oh, que hoy escuchemos su voz, no endurezcan sus corazones…” (Sal 95, 8). Que el Dios Todopoderoso nos conceda la sabiduría y la gracia para seguir respondiendo obedientemente a Cristo, el Buen Pastor.

La paz sea con ustedes

Maranatha (Ven Senor Jeusus)!

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