Homilía Para El Domingo De La Trinidad, Año C

Emulando Y Viviendo En La Armonía De La Santísima Trinidad
Lecturas: (1ra: Prov 8, 22-33; Sal: 8, 4-9; 2da: Ro 5, 1-5; Ev: Jn 16, 12-15)

Este breve reflexión fue escrito por Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. El es un sacerdote Católico y miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espiritanos). El trabaja en la Sanctuario del Espiritu Santo, en Dorado, Puerto Rico, del Internacional Grupo Espiritano De Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios contacto él en:canice_c_ njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com

Hoy es Domingo de la Santísima Trinidad. La doctrina y la teología de la Trinidad es un misterio que sobrepasa todas las formas de cálculos matemáticos y lógicos. El término “Trinidad” así mismo no se menciona en cualquier lugar en la Biblia. Sin embargo, Cristo nos instruyó: “… Bautizarlos en el nombre del padre, del hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19). Por lo tanto, la Iglesia nos enseña que: “Las personas divinas son relativas uno con el otro… la distinción real de las personas entre sí reside únicamente en las relaciones que se relaciona con uno u otro… debido a la unidad, el padre está totalmente en el Hijo, y totalmente en el Espíritu Santo…” (CIC 255).

En la primera lectura de hoy, la sabiduría es personificada. Es Dios el creador, y al mismo tiempo, Él es testigo de la creación. En palabras de orden, se nos recuerda que es sólo el Dios trinitario que puede comprender y explicarse. Como seres humanos, sólo compartimos o participamos en la sabiduría de Dios. Por lo tanto, nuestra sabiduría es limitada mientras que Dios es absoluto.

En la segunda lectura, Pablo nos dice que: “El amor de Dios se vierte en nuestros corazones por el Espíritu Santo.” Cristo es la plenitud del amor de Dios. De esta forma, tenemos una idea acerca de lo que parece esta unión de las tres personas divinas. Cada uno de ellos hace su trabajo, sin embargo, siguen siendo uno e indiviso. El Evangelio de hoy hace esta unidad más clara. Todos y cada uno de ellos es testigo de la misma palabra y verdad. Cada uno afirma y confirma el trabajo de los demás. No están separados por el tiempo o espacio, porque su proyecto es el mismo. Además, se comparten la misma gloria.

Hay muchas lecciones que aprender de la solemnidad de hoy. Debemos aprender a permanecer unidos en la fe. La celebración de hoy también nos recuerda que, aunque estamos llamados a estar unidos, cada uno de nosotros es único. Esto se expresa en los diferentes modos de espiritualidad que existe en la iglesia. A pesar de esto, todavía estamos unidos en la búsqueda del Reino de Dios. Por lo tanto, ninguno debe ser privado de su singularidad. Por lo tanto, todos unidos como uno, “pero aun siendo diferentes,” debemos continuar trabajando para el progreso del Reino de Dios.

Además, como cada una de las tres personas divinas, no debemos ser egoístas o trabajar para nuestras satisfacciones personales. Ningún miembro de la Trinidad oprime o se aprovecha de los demás. Por lo tanto, debemos evitar manipular, oprimir o suprimir otros miembros de nuestras familias, comunidades o Iglesia. Deberíamos aprender a vivir en armonía uno con el otro a pesar de nuestras diferencias individuales y singularidad. Debemos evitar tratar injustamente otros miembros como si ellos no fueran importantes o no pertenecieran a la familia o la comunidad de Dios.

Podemos vivir armoniosamente juntos en esta gran familia y la Iglesia universal de Cristo, sin estallar el ego del otro, o robando a otros su dignidad y singularidad. Para nosotros como seres humanos, los conflictos son inevitables. Sin embargo, cuando los enfrentamos a través de la oración como una familia unida, se nos ayuda a fortalecer nuestra unidad. Por lo tanto, si tenemos que estar unidos, no podemos resolver nuestros conflictos a través de odios, chismes y críticas injustas de los otros.

Finalmente, hoy debemos aprender de las tres divinas personas, como amarnos y respetarnos unos a otros. Esto también significa, felicitando y agradeciendo los esfuerzos de unos a otros. Es sólo por vivir en armonía como la Santísima Trinidad que: “La grandeza del nombre del Señor se dará a conocer a través de toda la tierra” (sal. 8, 2).

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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