Homilía Para El Décimo Domingo Del Tiempo Ordinario, Año C

Jesucristo, El Autor De La Vida Nueva 
Lecturas: (1ra: 1Re 17, 17-24; Sal: 29, 2-6. 11-13; 2da: Gal 1, 11-19; Ev: Lc 7, 11-17).

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Internacional Grupo Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el décimo Domingo del tiempo ordinario. Un tema que corre a través de todas las lecturas de hoy es: “Nueva vida” o “restauración a la vida.Cada conversión es un regalo de una nueva vida. Es una nueva oportunidad para continuar en la misión de Dios. Es también como Cristo diciendo a la santa madre iglesia, nuestra madre: “Mira tu hijo está vivo otra vez.” Así, cambiando su luto en danza.

Nuestra primera lectura de hoy narra el evento de cómo Elías restauró el hijo de una viuda a la vida. Este milagro demuestra el poder de Dios en su profeta. Es decir, el poder de restaurar la vida físicamente y espiritualmente. Esto es especialmente cuando todas las esperanzas parecen perdido. La intercesión del profeta, en nombre de su pueblo es eficaz en haciendo todas las cosas nuevas. Se restaura la esperanza. Se fortalece la fe y trae alegría al pueblo de Dios. Dios escucha y nunca falla a sus profetas para el gloria de su propio nombre.

En la segunda lectura, Pablo relata su conversión. Él estaba muerto porque sus actividades como Saulo fueron motivados por su naturaleza humana, mientras que, como Pablo, llegó a ser completamente vivo a través de la gracia y el amor de Jesucristo. Como Pablo, es por la gracia de Jesucristo que somos restaurados y vivimos de nuevos. Por lo tanto, nuestra vida es sólo una gracia concedida a nosotros. Se concede a nosotros para un fin!

Pablo fue restaurado a la vida para dar testimonio a Cristo. Por eso dijo: “Ay de mí si no predico el Evangelio (I Cor 16, 19). Él fue restaurado a la vida por lo que podría convertirse en un instrumento a través del cual otros podían ser restaurados a la vida. Él fue restaurado para afectar a otros, no más negativamente sino, positivamente. Fue restaurado y renovado para llevar alegría, paz y esperanza a los demás, en lugar de dolor y dificultades.

Una mirada junta a la primera lectura y el Evangelio de hoy muestra que ambas historias son bastante similares y giran en torno a la misma línea de la historia – restauración del hijo a la vida. Uno encuentra las siguientes similitudes: una madre y una viuda estaba involucrada. Un hijo estaba invalorado. El hijo estaba muerto, un hombre de Dios milagrosamente lo restauró a la vida y finalmente lo devolvió a su madre. La restauración a la vida en ambos casos trajo alegría y provocó alabanzas a Dios.

Cada restauración es una nueva oportunidad dada a nosotros para hacer mejor en la vida. Es una oportunidad para completar a nuestra misión aquí en la tierra. Cada día, Cristo nos restaura a la vida a través de los sacramentos de la vida. Esto es especialmente, a través de los sacramentos de la penitencia y de la Santa Eucaristía. Cuando Cristo nos restaura a la vida, Él también espera que la vivamos a su plenitud. Esto significa caminar en su luz y verdad. Otro propósito para la restauración de nosotros a la vida es para que nosotros traer alegría a aquellos que nos rodean, como la restauración de estos jóvenes se convirtió en una fuente de alegría para sus familiares.

Por último, hoy en día la Iglesia nos recuerda que Dios es el autor de la vida. Él es el que a través de su hijo y el Espíritu Santo restaura y nos sustenta. Entonces, lo que hacemos con esta vida es muy importante. Esto es porque, no solo vivimos para nosotros sino para Dios. Así que, en agradecimiento de la bondad de Dios cantemos con el salmista: “Te alabaré Señor, tú me has rescatado.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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