Homilía Para El Undécimo Uno Domingo Tiempo Ordinario, Año C

La Justicia, Misericordia Y Perdón De Nuestro Dios

Lecturas: (1ra: I Sam 12, 7-10.13; Sal: 31, 1-2. 5-7. 11; 2da: Gal 2, 16. 19-21; Ev: Lc 7, 36-8, 3)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Internacional Grupo Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este Undécimo Domingo del tiempo ordinario, la iglesia desea que reflexionamos sobre este importante tema y aspecto de nuestra fe cristiana: La justicia, misericordia y el perdón de nuestro Dios. El mensaje central de hoy es que, aunque la justicia de Dios es justo y seguro, su misericordia, amor y perdón son igualmente son seguros y duran para siempre.

A juzgar de la naturaleza de Dios, su bondad, acciones y palabras, el peso de su misericordia, amor y perdón sobrepasa el peso de su juicio e ira. Por lo tanto, la iglesia ora en el segundo prefacio de común: “…Tu creaste al hombre por amor, y aunque condenado justamente, con tu misericordia lo redimiste, por Cristo, Señor nuestro.” Todas las lecturas de este domingo, incluyendo el Salmo, destacan el perdón y la misericordia de Dios.

En la primera lectura, Dios condenó David mediante el profeta Natán. Por supuesto, David se dio cuenta de sus pecados, se arrepintió y clamó: “He pecado contra el Señor.” David hizo señas sinceramente a Dios: “Perdonar Señor la culpa de mi pecado.” A pesar de que David tuvo que sufrir las consecuencias de sus pecados, se nunca disminuyó el perdón de Dios para él: “El Señor por su parte ha borrado tu; no morirás” y David lo aceptó en fe.

En la segunda lectura, Pablo escribe: “Lo que justifica un hombre no es obediencia a la ley, sino la fe en Cristo Jesús… Vivo con la vida de Cristo que vive en mí.” Se trata de una profesión fuerte de fe en la justicia y la misericordia de Jesús, que lo perdonó. A pesar de los enormes pecados y feo pasado de Pablo, él caminó muy satisfecho y confiado. Esto es porque, se experimentó la misericordia y el perdón de Cristo. Él también creyó que Jesús quien lo pronunció “perdonado y absuelto” se significaba cada pedacito de su palabra.

Contra todo impares, en el Evangelio de hoy, Cristo pronunció a la mujer: “Tus pecados son perdonados.” Esta mujer consiguió su perdón a través de su acción que comunicó volúmenes a Jesús. También se demostró su urgente necesidad de perdón y lo pidió. Igualmente se reclamó su perdón con su fe. Así que Cristo demostró que lo importante no es la gravedad de nuestros pecados, sino nuestra voluntad de pedir perdón y cambiar nuestro camino y vida. También, Cristo demostró que su justicia y misericordia no pueden ser influenciados por nuestros acusadores, ni por nuestra vida pasada. Lo que le importa es nuestro futuro y la vida.

Una muy importante lección que debemos aprender hoy en día es que, aunque Dios está listo para perdonar, debemos estar dispuestos a pedirlo. Debemos estar dispuestos a decir, no sólo a Dios, sino a nuestros hermanos, por favor, perdóname, ten misericordia de mí, o lo siento. Nosotros no debemos presumir siempre perdón. Al igual que el pecado es un acto, el perdón también es un acto que contrarresta su efecto.

También, cuando es concedida, debemos aceptar en fe y seguir con nuestras vidas. Por nuestra parte, también debemos estar dispuestos a conceder a quienes lo necesitan profundamente de nosotros. Esto es lo que significa ser imagen y semejanza de Dios. Es decir, la disposición a actuar como Dios, en su misericordia, su amor y su perdón.

Finalmente, cuando Jesús dice “Tus pecados quedan perdonados”, se significa cada pedacito de ella, y tenemos que aceptar en fe porque: “Él no es hombre que él debe mentir” (Nu 23, 19). Todo lo que Él quiere que hacemos es vivir una vida mejor y para resolver no peca otra vez. “Feliz el hombre cuyos delitos son perdonados.” 

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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