Homilía Para El Tercero décimo Domingo Del Tiempo Ordinario, Año C

!Sacrifique Su Bueyes Por Cause De Cristo! 
Lecturas: (1ra: I Re 19, 16-21; Sal: 15, 1-2. 5. 7-11; 2da: Gal 5, 1.13-18; Ev: Lc 9, 51-62)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el décimo tercero domingo del tiempo ordinario. En este domingo, la Iglesia nos llama a estar totalmente comprometidos a Cristo. Sin “mirar hacia atrás,” debemos libremente “sacrificar” todas las fuerzas, las distracciones y obstáculos que nos impiden servir al Señor bien.

En la primera lectura, la llamada de Eliseo y su respuesta fue un evento espectacular. Eliseo demostró un compromiso total a su llamada. El sacrificio de sus bueyes, los besos de su padre, y la licitación de despedida a sus hombres, fueron todos gestos simbólicos que él había aceptado libremente su llamado. Era una señal de sumisión total a la voluntad, y llamado de Dios sobre su propia voluntad. Era también una indicación que amaba a Dios más que su negocio, y su propia vida.

El sacrificio de sus bueyes es muy importante para nosotros hoy. “El mató y abandonó todo” lo que podría haberse convertido en un obstáculo para su decisión de servir a Dios en el futuro. También, venció la tentación para guardarlos. Esta fue la prueba de su total compromiso a Dios. ¿Qué hemos sacrificado, y cuál es nuestra prueba de ello? 

En la segunda lectura, Pablo nos recuerda la libertad que tenemos en Cristo. Esta libertad es para un propósito. Nos libera de las cosas que nos esclavizan para estar comprometidos a Cristo. No es libertad para entregarse en vanos actos, o lo que Pablo llama: “Auto-indulgencia.” No es libertad para convertirse inactiva. En cambio, es la libertad de seguir y servir al Señor. Esta libertad nos une a Cristo. Es una libertad que nos permite someternos a Cristo y entregarle todo a Él.

El Evangelio nos lleva al apogeo de este compromiso total al Señor. Cristo supo y vio la debilidad de los jóvenes que deseaban seguirlo. Él sabía sus luchas, así como sus distracciones. Que tenían “intenciones y excusas genuinas” como la mayoría de nosotros a menudo lo hacemos. Querían seguir a Cristo, pero no estaban dispuestos a hacer el sacrificio.

Viendo su situación, Cristo les dirigió: “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios.” “Mirando hacia atrás” en este contexto tiene graves consecuencias para nuestro viaje y vida cristiana. Se convirtió la esposa de Lot en una estatua de sal (Gen 19, 26), y Judas Iscariote en un traidor. Esto representa todos los apegos innecesarios. No nos permite hacer el llamado de Dios a través de su hijo Jesucristo, una experiencia permanente en nuestras vidas.

Uno de los más grandes obstáculos que tenemos hoy como cristianos es, que “nuestros bueyes” todavía están vivos. Aunque somos cristianos profesos, nuestros bueyes todavía están escondidos en algún lugar en los tejidos de nuestra vida. Ellos representan viejos hábitos malos, y cosas mundanas a la cual todavía estamos fuertemente apegados. Debemos “sacrificarlos” como signo de nuestro compromiso total a Cristo o, nuestra atención se mantendrá dividida porque: “No puede servir a Dios y mormón al mismo tiempo” (Lc 16, 13).

Por lo tanto, este domingo, la Iglesia nos llama a estar totalmente comprometidos a Cristo. Como Eliseo, debemos “sacrificar todas las fuerzas, obstáculos y vicios tales como: egoísmo, materialismo, inmoralidad y viejos hábitos malos. Estos hacen difícil para nosotros estar comprometidos a Cristo. Entonces, podemos decir con confianza a Cristo: “Señor, tú eres mi porción y mi copa” porque nos hemos ofrecido libremente para su causa. Si estamos comprometidos al Señor sin dudas, Él nos mostrará el sendero de la vida eterna.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha (Ven Señor)!

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