Homilía Para El Vigésimo Quinto Domingo Del Tiempo Ordinario, Año C

Cristo Defiende A Los Pobres Y Los Oprimidos 


Lecturas: (1ra: Am 8, 4-7; Sal: 112, 1-2. 4-8; 2da: I Tim 2, 1-8; Ev: Lc 16, 1-13)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este vigésimo quinto domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos insta a reflexionar sobre nuestra actitud hacia el dinero, cosas materiales y nuestra relación con los pobres y débiles. Injusticia, la avaricia, y la opresión son entre los principales factores que han perpetuado la pobreza en nuestro mundo.

En la primera lectura, el Profeta Amós condena la injusticia y la opresión contra los pobres. Se escribió en un momento cuando los ricos tomaron posesión de toda la tierra y “esclavizaron” a los pobres en sus fincas. Se exportaron alimentos para ganar más dinero para ellos mismos, mientras que los pobres sufrieron y murieron de hambre.  Hoy en día, nos enfrentamos a una situación similar en todo el mundo. Mientras que algunos no pueden conseguir una comida al día, otros malgastan dinero en proyectos inútiles. Mientras que algunos se mueren de hambre, otros desperdician comida imprudentemente. A veces, la excusa que damos es que los pobres son perezosos, o que siempre habría pobres en el mundo. Estas son excusas débiles. La verdad es que hay mucha codicia, injusticia y corrupción en nuestro mundo.

Hoy, Pablo pide que oremos por todo, sobre todo, por los reyes, gobernantes y líderes en el gobierno. Esta oración es necesaria para la conversión y la sabiduría. Si nuestros líderes y gobernantes son convertidos y sabios, ayudarán a detener la corrupción, la injusticia, la avaricia y la opresión en nuestros sistemas. Esto es muy importante porque Dios, como Pablo lo pone: “Quiere que todos sean salvos y alcancen el pleno conocimiento de la verdad.”  En primer lugar, esta “verdad” es que todos somos sus hijos.

Una vez que entendamos esto, desaparecerá el egoísmo. Ya no pensamos en nosotros mismos solos, al detrimento de otros. Comenzaremos a tener en cuenta el interés y el bien de los demás. Es la voluntad de Dios que debemos ser felices aquí y tener una participación en los recursos de nuestro mundo. Dios, quiere salvarnos. Esto incluye ser salvado del hambre en medio de la plenitud. Esto también significa ser salvado de la injusticia, la codicia y de la corrupción que destruye nuestro mundo y deja los pobres en sufrimiento perpetuo.

En el Evangelio, Jesús nos recuerda el hecho de que el dinero y las cosas materiales no duran para siempre. Por lo tanto, nos aconseja sobre cómo hacer uso de ellos sin perder nuestra salvación. Hay un refrán que dice: “La mejor manera de invertir es invertir en los pobres.” Por lo tanto, debemos aprender a invertir en los pobres para mejorar sus condiciones. Sólo acumular dinero y riqueza para nosotros mismos sin utilizarlos para ayudar a los necesitados equivale a la avaricia y el egoísmo.

Pablo nos recuerda que: “El amor al dinero es la raíz de todo mal” (I Tim 6, 10). Dinero y la riqueza sólo tienen valor cuando se utilizan sabiamente para ayudar a los necesitados. Sólo los tontos prestan más atención al dinero y a la riqueza sobre Dios, y en detrimento de los pobres. Esto es porque son como “el tonto que dice que no hay Dios” (Sal 14, 1). Por el contrario, el sabio usa su riqueza para ayudar a los necesitados. Por lo tanto, es importante saber que cuando somos bendecidos por Dios con riquezas, somos sólo su administrador. La riqueza es dada a nosotros con el fin de ayudar y mejorar las vidas de los necesitados. No es sólo para nosotros y nuestras familias. Debemos ser caritativos con nuestra riqueza. 

Por último, no debamos manipular a los pobres y los necesitados por ganancias económicas. Cristo se sacrificó por la humanidad. Por lo tanto, cualquier forma de injusticia y opresión contra los pobres clama de la tierra hacia Dios como hizo la sangre de Abel (Gen 4, 10). Cristo es el defensor de los pobres y los débiles. Sacrificó a sí mismo como rescate por su bien. “Cristo levanta al pobre, y levanta el humilde desde el polvo.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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