Homilía Para El Trigésimo Tercer Domingo De Tiempo Ordinario, Año C

Triunfaremos A Través De Perseverancia Y Trabajo Duro

Lecturas: 1ra: Mal 3, 19-20; Sal: 97, 5-7; 2da: 2Tes 3, 7-12; Ev: Lc 21, 5-19

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el trigésimo tercer el domingo del tiempo ordinario. Una semana a partir de ahora vamos a llegar a final de este año litúrgico C. Por lo tanto, las lecturas de este domingo apuntan a “el fin del tiempo” y nuestra victoria en Cristo nuestro rey. ¡Es deliberada y sabio! Esto es para prepararnos para el término del año litúrgico de la iglesia.

A parte de anunciar el fin del tiempo, las lecturas siguen animándonos a perseverar hasta el final, cuando Cristo reinará finalmente como el rey universal de la gloria. Litúrgicamente hablando, lo realizaremos el próximo domingo. Según Gautama Siddhartha, (563-483 A.C.): la resistencia es una de las disciplinas más difíciles, pero victoria final viene a quien aguanta.” Por lo tanto, debemos aguantar hasta que nos triunfamos sobre todas las fuerzas de este mundo.

En la primera lectura de hoy, Malaquías habla del día del Señor. Pinta dos imágenes. En el primer lugar, el destino del maligno. En el segundo lugar, el triunfo de los justos que perdura hasta el final. Esta lectura sirve como un estímulo para nosotros para continuar pacientemente en buenas obras como Juan nos recuerda que: “todo esto exige paciencia, resistencia y fidelidad” (Ap. 13, 10). Malaquías termina con una promesa de victoria: “Pero para ustedes los que temen mi nombre, el sol de justicia brillará que trae la sanación en sus rayos.” Esta es nuestra esperanza y la recompensa.

En la segunda lectura, Pablo nos animó a seguir trabajando duro. Esto es para ganar nuestra vida terrenal y celestial. La iglesia de ninguna manera apoya la pereza u ociosidad. Por lo tanto, ella nos enseña que la pereza, es decir, la renuencia o reticencia a trabajar, es uno de los siete pecados capitales. Santo Tomás de Aquino escribió: “pereza es lentitud de la mente que descuida a comenzarlo bien… es malvado en su efecto, se oprime el hombre en cuanto a señalar a lo lejos totalmente de buenas obras (Summa theologiae 2, 35, arte. 1). Trabajo duro produce frutos buenos y duraderos. Trabajo duro es una marca de un buen cristiano. Se aborrece la pereza y la ociosidad.

Por desgracia, hoy en día muchos cristianos ya no aprecian trabajo duro. En cambio, siempre dependemos de otros directamente o indirectamente. Para ganar o conseguir el dinero rápido y barato, algunos han participado en todo tipo de males como las drogas, armado robo, fraude y otros se han convertidos en “mendigos corporativos.” Esto es lo que Pablo quiere decir cuando dice: “Ahora escuchamos que algunos de ustedes viven ociosamente, no haciendo nada y entrometiéndose en todo. A estos les mandamos y exhortamos en el señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse su pan.” Un cristiano perezoso rinde o cede fácilmente a todo tipo de vicios. 

En el Evangelio, Cristo profetizó el fin de una época en la historia de Israel. Esto culminó con la destrucción del templo alrededor de 70 DC. También habló de las dificultades inminentes y persecución antes, durante y después de este tiempo. Sin embargo, concluye con estas palabras de ánimo: “Gracias a la perseverancia salvarán sus vidas.” 

Por lo tanto, el Señor nos anima a perseverar en la justicia y soportar momentos difíciles. Al advertir que el templo de Jerusalén sería destruido a pesar de su elegancia y grandeza, Cristo nos recuerda también que nada de este mundo va a durar para siempre no importa lo preciosa son para nosotros. Lo único que perdurará es nuestra fe en Cristo.

Por último, hoy en día en nuestras familias, oficinas, empresas, carreras profesionales y en nuestro mundo, en general, nos enfrentamos a dificultades que a veces cuestionan nuestra fe. Sin embargo, si soportamos todos estos pacientemente como Cristo nos dice, tendremos motivos suficientes para sonreír al final, y por supuesto, “el sol de justicia brillará sobre nosotros con curación en sus rayos.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha! ¡Ven Señor Jesús!

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