Homilía Para El Segundo Domingo De Adviento, Año A

Preparación En La Esperanza De Recibir A Cristo 
Lecturas: 1ra: Is 11, 1-10; Sal: 71; 2nd: Ro 15, 4-9; Ev: Mt 3, 1-12)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el segundo domingo de Adviento. Como una familia del pueblo de Dios, seguimos en la esperanza de recibir el cumplimiento de la promesa de Dios a través de nuestros antepasados en la fe. Por lo tanto, este domingo la Iglesia nos recuerda que mientras estamos sostenidos por la gran esperanza de la venida del Señor, tenemos que prestar atención a la voz de uno clamando en el desierto: “Preparen el camino del Señor, enderezad su camino.” Algo común a todas las lecturas de este domingo es que ellos están anclados en la profecía de Isaías sobre el Mesías.

En la primera lectura, Isaías profetizó sobre la venida del Señor en términos inequívocos. Igualmente, se describió claramente las cualidades y marcas de este rey prometido. En primer lugar, Él se llenará con el espíritu de Dios. Será un hombre de integridad. Él juzgará con equidad y justicia. No sólo le teme a Dios, pero respetará a su pueblo.

¡Qué gran esperanza el profeta nos trae esta temporada! Isaías nos recuerda que el futuro es brillante en Cristo el Mesías. Él promete que será diferente de otros reyes, y que su reinado nos traerá libertad de la maldad y la opresión. Nos traerá la paz con Dios y uno con el otro. Debe fortalecer nuestra unidad a pesar de nuestra diversidad.

El Profeta escribe: “el lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, el becerro y el León andarán junto y un niño los pastoreará… No dañar o destruir en todo mi Santo Monte…” De hecho, si acogemos a Cristo sinceramente, esto no sonará utópico como muchos piensan que lo hace. Nuestro mundo sería un lugar donde no tenemos que vivir en el miedo de uno al otro, y donde los fuertes ya no oprimirán a los débiles

En la segunda lectura, Pablo continúa con el mismo mensaje de esperanza para todas las naciones. Él nos recuerda que: “todo lo que fue escrito en el pasado fue escrito para nuestra instrucción, para que por firmeza y por la consolación de las escrituras, tengamos esperanza.” Es esta misma esperanza que nos sostiene esta temporada. Se nos mantendrá unidos en la fe, oración y amor hasta lo que está escrito en la sagrada escritura se cumplen al final de esta temporada. Por lo tanto, a través de lo que se ha escrito en las escrituras, Pablo nos exalta para alabarle a Dios por lo que él está a punto de hacer. Se concluye con el mismo mensaje de Isaías: “la raíz de Jesé vendrá, quien se levanta a regir las naciones; en él las naciones serán la esperanza”.

En el Evangelio de hoy, la aparición de Juan el Bautista es también un mensaje de esperanza de que la venida del Mesías está cerca. Sin embargo, se trae un mensaje bien importante para nosotros: “¡Arrepiéntanse porque el Reino de los cielos está cerca!” Además, empleó la profecía de Isaías para exaltar: “¡Preparen el camino del Señor y hagan su camino recto!”

El mensaje de Juan este domingo subraya la importancia de esta temporada. Es un tiempo no sólo para la preparación material. Por el contrario, es un tiempo de retiro, un momento de profunda reflexión sobre el misterio que Dios está a punto de revelar al mundo. Es un tiempo de lavarse y nivelar los bordes ásperos de nuestras vidas con la esperanza de recibir a nuestro Señor en un maravilloso estado del cuerpo y mente. Basta para recordar aquí que el mensaje de Juan es otra manera de decirnos que: “Sin santidad nadie verá al Señor” (Heb 12, 14).

El arrepentimiento, reconciliación y santidad de corazón son los requisitos previos para justificar nuestra esperanza al final de esta temporada. Por lo tanto, debemos deshacernos de todo aquello que nos impida recibir a Cristo en esta temporada. En vista de esto, la iglesia nos alienta a aprovechar el sacramento de la reconciliación para prepararnos para recibir a nuestro Señor y Rey. 

¡La Paz sea con ustedes!

¡Maranatha! (Ven Señor Jesús)!

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