Homilía para el Sexto Domingo Del Tiempo Ordinario, Año A

La Ley De Cristo: Opción Fundamental Para La Vida, Y La Felicdad

Lecturas: 1ra: Sir 15: 15-20; Sal: 118: 1-2. 4-5; 2da: 2 Co 2, 6-10; Ev: Mt 5:17-37

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la ley de Cristo. Ella nos insta a prestar atención a lo que nos enseña. La ley de Cristo es divina. Sin embargo, no se opone a la ley natural. Está lleno de sabiduría, y da vida a los que son fieles. Es un producto del amor de Dios. Por eso, obedecerla, es una opción fundamental para la vida, y la felicidad.

En la primera lectura de hoy, Dios nos presenta dos opciones, “vida y muerte”. En otras palabras, nos da la libertad de elegir: “Si deseas, guardarás sus mandatos… delante del hombre están muerte y vida, le darán lo que el escoja… “ Dios nos creó por su amor. Para guiarnos en la vida, nos dio su ley. También, él nos da la libertad de elección. Con el fin de tomar decisión y hacer elección en la vida, también nos dio motivo para guiarnos.

Por lo tanto, Dios lo hace claro que cualquier elección que hacemos en la vida tiene sus consecuencias. Si decidimos obedecer sus leyes, seremos felices. Sin embargo, si hacemos la elección equivocada, también podremos cosechar su fruto. Por lo tanto, el salmista nos recuerda que: “Están felices que siguen la ley de Dios.” Esto significa que, como seres libres, Dios nunca nos obliga. Sin embargo, nos anima a tomar la decisión correcta al obedecer su ley que da vida y felicidad. Muchas veces, en la vida nos culpamos a Dios para nuestros errores, incluso cuando son productos de nuestra elección.

En la segunda lectura, Pablo se refiere a la ley de Cristo como la sabiduría. En otras palabras, obedecer los mandatos de Cristo es lo mejor. Es una marca de sabiduría vivir por la ley de Cristo. Pablo distingue esta sabiduría que viene de la ley de Cristo de lo que viene de la filosofía humana. Esto significa que, la ley de Cristo trasciende las palabras de los hombres. La sabiduría que viene de la ley de Dios es inspirada divinamente, mientras que, la sabiduría de los hombres es mundana y limitada. Así que, Jesús dice: “Lo que es nacido del espíritu es espíritu, y lo que es nacido de la carne es la carne…” (Juan 3, 6).

El Evangelio de hoy de Mateo ha provocado un gran debate entre los eruditos bíblicos sobre lo que Cristo significa cuando dice: “No a venido para abolir la ley o los profetas; sino para cumplirla.” Jesús tiene razón. El Antiguo Testamento se mantiene firme, cumplido y ha llegado a su perfección en Cristo. La palabra griega para cumplir es “pleroo”. También significa “llenar” o “completar”. A la luz del Evangelio de hoy, significa cumplir con lo que fue predicho en el Antiguo Testamento. Cristo cumplió la ley (Torah) a través su sacrificio. Por lo tanto, ahora él es la plenitud de la ley. Así que obedecerle, es obedecer la ley.

Por lo tanto, el tratado de Cristo es contra la hipocresía de los fariseos y los saduceos de esta época que interpretan la ley falsamente en detrimento de la gente. Es un tratado contra falsos profetas y maestros que falsamente declaran, “así dice el Señor,” con el fin de intimidar y explotar. Es un tratado contra los que hacen la vida difícil para los demás en nombre de Dios, mientras que ellos no tienen respeto por la ley de Cristo.

Por último, es un tratado contra los fariseos de nuestro tiempo que prestan mucha atención a las letras de la ley, pero descuidan el espíritu de la ley. Cristo vino que podamos tener vida y tenerla en su plenitud. Él vino que seamos libres. Él es la plenitud de la ley, y la vida. Obedecerle a Cristo, es tener vida y felicidad en su plenitud.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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