Homilía Para El Primer Domingo De Cuaresma – Año

Manténgase Firme Esta Cuaresma

Lecturas: 1ra: Ge 7, 7-9. 3, 1-7; Ps: 50, 3.6-17; 2da: Ro 4, 12-19; Ev: Mt 4; 1-11)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el primer domingo de Cuaresma, año A. La Iglesia nos invita a celebrar Cristo el segundo Adán, que por el poder del Espíritu Santo venció la tentación y el pecado. A través de su obediencia a la voluntad del padre, Cristo ha restaurada del mundo. Por lo tanto, ‘ esta temporada exige gran disciplina, valentía, vigilancia y una fe fuerte en Dios.

La primera lectura de hoy narra el comienzo de nuestra historia salvífica. Es a través de la desobediencia de nuestros progenitores que todos fuimos venerables a la tentación y el Pecado Original. Esto condujo, en consecuencia, a lo que San Agustín denomina “Massa damnata” (la condenación de todo ser humano). De esta lectura, es evidente que la tentación en sí no es pecado. El pecado es un acto grave de desobediencia contra nuestro creador y una violación del orden natural de las cosas.

Basta para señalar los pasos de como Eva se sucumbió a Satanás. “La mujer vio… que era deseable para conocimiento… Ella tomó del fruto y lo comió”. Esta es la naturaleza de nuestra lucha diaria. Es el problema de la “Id” y “Ego” que tratamos de satisfacer día a día. Muchos de nosotros estamos tan absortos en nuestra búsqueda de conocimiento en la medida en que estamos dispuestos a ir en contra de la voluntad y los mandamientos de Dios. Por lo tanto, debemos tener cuidado de las tentaciones del maligno.

En la segunda lectura, Pablo traza el origen del pecado a Adán: En efecto, por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores.” Pablo destacó la consecuencia del pecado: “… por el pecado la muerte se propago a todos los hombres por que todos pecaron”. Esto significa que el pecado interrumpe la vida y conduce a la muerte. Trae temor, desesperanza y vergüenza.

Sin embargo, según Pablo, no estamos sin esperanza porque: “La gracia divina fluye de Cristo” y nos absuelve. Si nos ceñimos a él, encontramos la fuerza y la gracia para superar la tentación y el pecado. Por lo tanto, se trata de una temporada de gracia.

El Evangelio nos recuerda el Calvario que pasamos cada día en la vida. Es decir, la tentación que enfrentamos cada día. El diablo, siendo a menudo un “espíritu” sabe lo que necesitamos más. Por lo tanto, él nos tienta con lo que necesitamos urgentemente como lo hizo Cristo. Si estamos hambrientos, él nos tienta con la comida. Si tenemos sed, él nos tienta con bebidas. Si nos gustamos poder, él nos tienta con ello.

Si usted necesita dinero, el diablo nos tienta para robar a los demás. Si usted necesita un trabajo, él le tienta a ofrecer un soborno para conseguir un trabajo. Si eres demasiado codicioso para marcas, él le tienta a hacer trampa en sus exámenes. Una vez que uno cae en una tentación, Satanás continúa con el siguiente hasta que uno finalmente perece. Satanás es muy sutil, y un experto en “un paso a cada momento.”

¿Cómo venció Cristo al Satánas y sus tentaciones? Él Superó porque previamente ya había fortificado a sí mismo. Había domesticado su apetito por la ambición y vanagloria. Lo más importante, no estaba solo en su lucha contra Satanás y sus tentaciones. El Espíritu Santo estaba con él. Él superó a través de la oración y el ayuno.

Por lo tanto, durante esta temporada de Cuaresma y más allá, hay que estar preparados para el gran viaje por delante. Debemos ser firmes en las oraciones y estar vigilantes para que no caigamos en las tentaciones del maligno.

¡La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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