Homilía Para El Tercer Domingo De Pascua, Año B

Cristo Resucitado Ilumina Y Fortalece Nuestra Fe

Lecturas: 1ra: Hecho 3: 13-15, 17-19; Sal 4, 2-9; 2da:1Jn 2, 1-5; Ev: Lc 24: 35-48

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este tercer domingo de Pascua, la Iglesia nos invita a celebrar el Cristo Resucitado, que es nuestro intercesor. A través de su muerte y resurrección, él aboga por nosotros. La ignorancia y la duda nos mantienen en el miedo, y en la oscuridad, mientras que Cristo ilumina y fortalece nuestra fe.

El problema principal de los líderes judíos que crucificaron a Cristo era la ignorancia. Ellos pensaban que conocían a Dios y estaban avanzando su curso. Al contrario, estaban trabajando en contra de ello. Por lo tanto, permanecieron obstinados.

Un punto importante que todas las lecturas de este domingo tienen en común es la relación entre la ignorancia y la fe. Pedro observó la ignorancia de los líderes judíos. Por lo tanto, se dirigió a ellos: “Fueron ustedes quienes acusaron y entregaron al Santo, el justo… Ahora bien, hermanos, sé que han obrado por ignorancia de la misma manera que sus jefes…

Estaban esperando el cumplimiento de las promesas de Dios. Sin embargo, cuando él vino, ignorantemente lo rechazaron. Por lo tanto, Juan escribe: “Quien dice: “Yo lo conozco, pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él.” La ignorancia del mandato o la voluntad de Dios, deja a uno con una falsa impresión de que él sabe la verdad. Hace que uno piense que él está luchando por Dios, cuando en realidad lo contrario es el caso.

Debemos ser diferentes porque, “el tiempo de la ignorancia ha terminado” (Hechos 17, 30-31). Ha terminado a través de Cristo resucitado, nuestro intercesor. Por lo tanto, debemos buscar constantemente el Consejo divino y la iluminación de Cristo nuestro abogado. Lo más importante es que debemos arrepentirnos constantemente y recibir el perdón. Juan nos asegura que: “Tenemos un intercesor ante el Padre, él es justo, se ofreció como víctima de expiación por nuestros pecados.”

En el Evangelio, Cristo continúa fortaleciendo la fe de sus discípulos e iluminando sus mentes con las escrituras. Aunque le oyeron predicar, y vieron sus milagros, ignoraban lo que las escrituras decían de él. San Jerónimo nos recuerda que: “la ignorancia de la sagrada escritura es ignorancia de Cristo”. La ignorancia de la palabra y los mandamientos de Dios es un importante obstáculo para la fe. Jesús sabía esto, así que, “abrió sus mentes a las escrituras… usted ve cómo fue escrito…” Por lo tanto, Pablo oraba constantemente: “Que el Señor abra los ojos de su mente” (Ef 1:18). De hecho, nuestra mente necesita la iluminación de la luz del Cristo resucitado.

El Evangelio de hoy también revela algo muy importante. A menudo, pensamos que sólo Tomás dudaba de la resurrección de Cristo. Por supuesto, según el Evangelio de Juan 20:19-21, (que leemos el domingo pasado), parecía así. Sin embargo, sin contradecir a Juan, Lucas simplemente nos lleva más lejos, al revelar que Tomás no estaba solo en esa barca. Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Por qué se agitan? ¿Por qué surgen dudas en sus corazones?”

Era cierto, que Jesús sabía que la mayoría de sus discípulos dudaba, a pesar de que no lo manifestaron públicamente. Así que, hizo todo lo humanamente posible para convencerlos. Los visitó, comió y bebió con ellos. Incluso, les permitió tocar sus heridas. ¿Cuántos de nosotros asistimos la Misa y, aun así, no creemos en la divina presencia de Cristo en la Eucaristía?

Cuantos son cristianos, y sin embargo no creen en la resurrección de los muertos. ¿Cuántos reciben el Sacramento de la confesión, y sin embargo no creen en el perdón del pecado? Cuantos son cristianos, y sin embargo no creen que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Cuantos de nosotros somos cristianos, y sin embargo no creemos que Cristo fue concebido por la obra del Espíritu Santo. Estos son los diferentes matices de duda. Los manifestamos de maneras diferentes. Que Cristo resucitado ilumine nuestras mentes para que podamos creer en él. Alleluia.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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