Homilía Del Duodécimo Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B 


Solemnidad Del Nacimiento De Juan El Bautista

Lecturas: 1ra: Is: 49:1-6; Sal: 138; 2da: Hechos 13: 22-26; Ev: Lc 1: 57-66.80

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

 

Hoy, el duodécimo Domingo del tiempo ordinario, la Iglesia celebra la natividad de un gran profeta, Juan el Bautista. Es conocido popularmente como el precursor de Cristo. Su nacimiento marcó el final de un antiguo era profética, así como el comienzo de uno nuevo. Él era el vínculo entre el antiguo y el nuevo testamento. Entonces, él es “el Puente”.

En la primera lectura, el profeta Isaías relata su llamado al ministerio profético. Él anunció: “El Señor me llamó antes de que yo naciera.” Él libremente y obedientemente respondió a esta llamada. Lo llevó a cabo a pesar de todas las probabilidades en su contra.

Un punto notable que Isaías resaltó en el relato de su llamado y misión es que Dios equipa y protege a los que llamó hasta que han cumplido su misión. Este es el relato de Isaías: “El hizo de mi boca una espada afilada, y me ocultó a la sombre de su mano; hizo de mi una flecha punzante, me escondió en su aljaba.”

Vemos esto en las vidas de todos los verdaderos profetas. Nada podría detenerlos hasta que hayan cumplido la voluntad de Dios. Como un gran profeta, él fijó el paso para sus sucesores incluyendo Juan el Bautista cuyo cumpleaños celebramos hoy.

La segunda lectura nos recuerda el importante papel que Juan jugó en la historia de nuestra salvación. Él no era el Mesías, pero él fue el elegido especialmente por Dios para ser el heraldo del Mesías. Preparó el camino para su venida.

Lucas destacó una virtud muy importante mostrada por Juan el Bautista al comienzo de su ministerio. Esta fue su humildad. Él anunció antes de la mano: “Yo no soy el que usted imagina que yo sea. Uno viene detrás de mí y yo no soy apto para desatar su sandalia.” Él sabía lo que fue llamado a hacer y simplemente lo hizo. Era verdadero a su misión.

Aunque, tenía una estima muy alta entre sus discípulos, se humilló como un siervo. Conocía su lugar y su misión desde el vientre de su madre. Durante su encuentro divino con Cristo en el vientre de María, humildemente lo adoraba y saltó de alegría (Lc 1:41).

Juan sabía que él era sólo un siervo y un mensajero enviado para preparar el camino. Su mensaje era sencillo pero poderoso. Cuando finalmente Cristo vino, humildemente le presentó a sus discípulos y al mundo: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:19). Ha completado su misión. Por lo tanto, no se molestó cuando sus discípulos lo abandonaron para seguir al Mesías. Vivió lo que predicó y murió por ello.

El Evangelio de hoy relata el misterio del nombramiento de este gran profeta. Dios y sus padres estuvieron de acuerdo en que su nombre es Juan. Según sus parientes este nombre estaba fuera de la tradición: “Nadie en su familia tiene ese nombre.” Este es el comienzo de la señal de que algo diferente estaba a punto de suceder.

La curación instantánea de la mudez de su padre indica esto. Un profeta como ningún otro con un nombre raro y una misión especial ha nacido. El hombre que anunció la buena nueva del arrepentimiento y la salvación al mundo nació.

Juan significa “Yahvé es misericordioso.” Por supuesto, él era un don no sólo sus padres considerados estéril por un largo tiempo, pero a todo el mundo que él vino a anunciar la inminente llegada del Mesías. Al igual que su predecesor Isaías, la mano del Señor estaba con él y su misión fue un éxito.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Advertisements

Homily For 11th  Sunday Of Ordinary Time, Year B

Our Faith Leads Us To God’s Kingdom

Readings: 1st: Ez 17, 22-24; Ps 91; 2nd: 2 Cor 5, 6-10; Gos: Mk 4: 26-34

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this eleventh Sunday of ordinary time, we are reminded that, as part of God’s kingdom, the church of Christ is like a tree planted by God in the world. From the smallest of all seeds, she becomes the noblest of trees and fills the earth. She is the physical evidence of God’s kingdom. So, like the birds of the air, we are called to make our home in her.

The first reading is a message of hope and restoration. Through the prophet Ezekiel God promised to re-establish and elevate his people who were in exile in Babylon. This means that God wishes to transfer his people from a kingdom of oppression, poverty and misery to a kingdom of justice, prosperity and peace of mind.

This is obviously the kingdom where Christ reigns as king and, as the fountain of life. This is the kingdom where God wishes us to be. The church is the visible sign of this noble cedar or kingdom that gives refuge to all people.

In the second reading, Paul reminds us of the fact that we are on a journey towards the kingdom of God in order to be with Christ our lord and king. Hence, whether we are “living in the body or exiled from it, we should be focused on pleasing the Lord.

The journey to this kingdom is a journey which must be approached with faith and courage. Hence Paul reminds us: “…Going as we do by faith and not by sight, we are full of confidence…and actually want to leave this body in order to be with Christ.” In light of this, we must advance diligently in order to be admitted into this kingdom by Christ.

In today’s gospel, Christ uses two parables to describe the kingdom of God. The kingdom he invites us to is a simple and peaceful one. It is open to all who seek it with a sincere heart. The easiest way to enter into it is by sowing a seed faith in Christ. This is the key.

Hence, in the second parable, the mustard seed which is the smallest seed refers to our faith. “If you have faith like a grain of mustard seed…nothing will be impossible for you” (Mt 17, 20). This includes, entering the kingdom of God. However, it is important to note that, the authenticity or genuineness of our faith must be tested (James 1:3; 1Peter 1:7).

Faith grows and when it does, it achieves great things. As it grows it leads us to Christ and consequently to his kingdom. Also, our faith draws others to Christ and to his church, the visible sign of God’s kingdom on earth. As Christ says: “The birds of the air come to take shelter under its branches.”

How does our faith draw others to Christ? When we demonstrate or bear a good testimony of our individual and collective faith, the result is great. Lives could be touched and transformed. A few persons might come to believe in God.

Also, a youth might present himself for a particular sacrament and service in the church. A young couple might decide to normalize their marriage in the church. Someone might decide to give up a very old and bad habit, while another might decide to forgive another.

These may seem to insignificant achievements, but the seed is growing. This consequently leads to the growth of the church, the visible sign of God’s kingdom on earth. As our faith grows, the church, the body of Christ grows and, more people are drawn into the comfort of God’s kingdom.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Del Undécimo Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

Nuestra Fe Nos Lleva Al Reino De Dios

Lectura: 1ra: Ez 17, 22, 24; Sal 91; 2da 2Co 5, 6-9; Ev: Mc 4, 26-34

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este undécimo Domingo del tiempo ordinario, se nos recuerda que, como parte del reino de Dios, la iglesia de Cristo es como un árbol plantado por Dios en el mundo. De la más pequeña de todas las semillas, ella se convierte en la más noble de los árboles y llena la tierra. Ella es la evidencia física del reino de Dios. Así que, como las aves del aire, estamos llamados a hacer nuestra casa en ella.

La primera lectura es un mensaje de esperanza y restauración. A través del profeta Ezequiel Dios prometió restablecer y elevar a su pueblo exiliado en Babilonia. Esto significa que Dios desea transferir a su pueblo de un reino de opresión, pobreza y miseria a un reino de justicia, prosperidad y tranquilidad.

Este es obviamente el reino donde Cristo reina como rey y, como la fuente de la vida. Este es el reino donde Dios quiere que estemos. La iglesia es el signo visible de este noble cedro o reino que da refugio a todo el pueblo.

En la segunda lectura, Pablo nos recuerda el hecho de que estamos en un viaje hacia el reino de Dios para estar con Cristo nuestro Señor y rey. Por lo tanto, si estamos “viviendo en el cuerpo o exiliados de ello, debemos enfocarnos en agradar al Señor.”

El viaje a este reino es un viaje que debe ser abordado con fe y valentía. Por eso Pablo nos recuerda: “… Yendo como lo hacemos por la fe y no por la vista, estamos llenos de confianza… y realmente queremos dejar este cuerpo para estar con Cristo. ” A la luz de esto, debemos avanzar diligentemente para ser admitidos en este reino por Cristo.

En el Evangelio de hoy, Cristo usa dos parábolas para describir el reino de Dios. El reino al que nos invita es simple y pacífico. Está abierto a todos los que lo buscan con un corazón sincero. La manera más fácil de entrar en ello es sembrar una semilla de la fe en Cristo. Esta es la clave.

Por lo tanto, en la segunda parábola, la semilla de mostaza que es la semilla más pequeña se refiere a nuestra fe. “Si tienes fe como un grano de semilla de mostaza… nada será imposible, para ti” (Mt 17, 20). Esto incluye, entrar en el reino de Dios. Sin embargo, es importante notar que la autenticidad de nuestra fe debe ser probada (Santiago 1:3; 1 Pedro 1:7).

La fe crece y cuando lo hace, logra grandes cosas. A medida que crece, nos lleva a Cristo y consecuentemente a su reino. También, nuestra fe atrae a otros a Cristo y a su iglesia, que es el signo visible del reino de Dios en la tierra. Como dice Cristo: “Los pájaros vienen a refugiarse bajo sus ramas.”

¿Cómo nuestra fe atrae a otros a Cristo? Cuando demostramos o logramos un buen testimonio de nuestra fe individual y colectiva, el resultado es grande. Las vidas podrían ser tocadas y transformadas. Algunas personas pueden llegar a creer en Dios.

También, un joven podría presentarse a sí mismo para un sacramento particular y el servicio en la iglesia. Una pareja podría decidir normalizar su matrimonio en la iglesia. Alguien podría decidir renunciar un hábito viejo y malo, mientras que uno podría decidir perdonar a otro.

Estos pueden parecer logros insignificantes, pero la semilla está creciendo. Esto lleva consecuentemente al crecimiento de la iglesia, el signo visible del reino de Dios en la tierra. A medida que nuestra fe crece, la iglesia, el cuerpo de Cristo crece y más personas son atraídas a la comodidad del reino de Dios.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For 10th  Sunday Of Ordinary Time, Year B

We Are Members Of The Victorious Family of Christ

Readings: 1st: Gen 3: 9-15; Ps 129; 2nd: 2 Cor 4, 13. 5:1; Gos: Mk 3: 20-35

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this tenth Sunday of ordinary time, the Church reminds us that as humans, we all have an existential struggle against evil. However, the good news is that, we are illuminated through the assurance of victory. It is Christ, the seed of the Woman (Mary) who helps us to obtain this victory in our daily and earthly struggle against evil.

The first reading is from the story of the fall of Adam and Eve. It is an integral part of our salvific history which reminds us of something that we inherited from them. That is, the adamic nature due to Original Sin. Also, it reminds us of the consequences disobedience.

Rather than accept their fault, they tried to justify themselves by blaming each other. Adam blamed: “the woman you (God) gave me.” Of course, he did not blame the woman alone, he also indirectly blamed God who generously and kindly gave him a partner. On the other hand, Eve blamed: “the serpent that tempted me.” Blame rained upon blame!

As some of us do, it was hard to accept their fault. None of them said, I am sorry, I was wrong, it was my fault or even, please forgive me. Instead, they found excuses to exonerate themselves and, someone else must take the blame. Excuses does not absolve faults. Rather, what helps is humbly accepting one’s fault and asking for forgiveness.

In the second reading, Paul simply brings to light the significant characteristics of a life lived in faith. With the words of the psalmist he testifies: “We also believe and therefore we speak (Ps 116:10), knowing that he who raised the Lord Jesus to life will raise us.” Yes, this is a great profession of faith.”

Through this, Paul reminds us that preaching (speaking) the gospel is possible only because of faith. He also reminds us that in spite of our difficulties and existential struggles against evil in our world, grace strengthens our faith. Grace and faith keep us steadfast and focused on the glory of the eternal life ahead.

Today’s gospel narrates Jesus’ encounter with his people and family. They though he was out of his mind. They accused him of being possessed when he was actually liberating the possessed. They were ready to restrain him with false charges. They wished to tame his miraculous works and powerful preaching. In spite of all these, He remained focused.

Every true disciple of Christ is, His brother, sister, mother and a member of his victorious family. He came to save all who are ready to do the will of God. Of course, Mary his Mother is a great model of this for all of us. Hence, Christ did not disrespect his own faithful mother. Rather, he teaches an important lesson today. That, through faith and obedience to God’s will, we all have the opportunity to become members of his victorious and happy family.

Also, Christ reminds us that it is not status, but action in response to God’s call that determines who belongs to his victorious family. To become part of the victorious family of Christ is a dynamic process. It flows from a personal encounter with Christ. It also flows from faithfulness and obedience to God’s will. Hence, if we are disciples of Christ, we must prove it through our faith and obedience to God’s will.

Finally, Adam and Eve enjoyed the status and comfort of God’s divine presence but, they lost it through disobedience. Through them, we equally lost our membership of the victorious family. However, the good news is that through faith in Christ (the seed of Mary), and obedience to God’s will, our membership of the victorious family has been restored.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Del Décimo Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

Somos Miembros De La Victoriosa Familia De Cristo

Lectura: 1ra: Gen 3: 9-15; Sal 129; 2da 2 Cr 4, 13. 5:1; Ev: Mc 3: 20-35

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este décimo Domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos recuerda que, como humanos, todos tenemos una lucha existencial contra el mal. Sin embargo, la buena noticia es que, estamos iluminados a través de la seguridad de la victoria. Es Cristo, la semilla de la mujer (María) que nos ayuda a obtener esta victoria en nuestra lucha diaria y terrenal contra el mal.

La primera lectura es de la historia de la caída de Adán y Eva. Es una parte integral de nuestra historia salvífica que nos recuerda algo que heredamos de ellos. Es decir, la naturaleza adámica debido al pecado original. Además, nos recuerda las consecuencias de la desobediencia.

En lugar de aceptar su culpa, trataron de justificarse culpando a los demás. Adán culpó: “La mujer que usted (Dios) me dio.” Por supuesto, él no culpó a la mujer sola, él también indirectamente culpó a Dios que generosamente y amablemente le dio la mujer. Por otro lado, Eva culpó: “La serpiente que me tentó.” ¡La culpa llovió sobre la culpa!

Como algunos de nosotros lo hacemos, fue difícil aceptar su culpa. Ninguno de ellos dijo, lo siento, me equivoqué, fue mi culpa o aún, por favor perdóname. En cambio, encontraron excusas para exonerarse y, otra persona debe asumir la culpa. Las excusas no absuelven las faltas. Más bien, lo que ayuda es aceptar humildemente la falta de uno y pedir perdón.

En la segunda lectura, Pablo simplemente saca a la luz las características significativas de una vida vivida en la fe. Con las palabras del salmista testifica: “También creemos y por lo tanto hablamos (Sal 116:10), sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús a la vida nos resucitará”. Sí, esta es una gran profesión de la fe “.

A través de esto, Pablo nos recuerda que predicar (hablar) el Evangelio es posible sólo por la fe. También nos recuerda que, a pesar de nuestras dificultades y luchas existenciales contra el mal en nuestro mundo, la gracia fortalece nuestra fe. La gracia y la fe nos mantienen firmes y enfocados en la gloria de la vida eterna.

El Evangelio de hoy narra el encuentro de Jesús con su pueblo y familia. A pesaron de que Cristo estaba loco. Lo acusaron de ser poseído cuando en realidad estaba liberando a los poseídos. Estaban dispuestos a detenerlo con cargos falsos. Deseaban domar sus obras milagrosas y su poderosa predicación. A pesar de todo esto, Cristo mantuvo enfocado.

Cada verdadero discípulo de Cristo es su hermano, hermana, madre y un miembro de su familia victoriosa. Él vino a salvar a todos los que están listos para cumplir la voluntad de Dios. Por supuesto, María su madre es un gran modelo de esto para todos nosotros. Por lo tanto, Cristo no faltó respecto a su propia madre fiel. Más bien, hoy él nos enseña una lección importante. Que, a través de la fe y la obediencia a la voluntad de Dios, todos tenemos la oportunidad de ser miembros de su victoriosa y feliz familia.

Además, Cristo nos recuerda que no es estatus, sino acción en respuesta al llamado de Dios que determina quién pertenece a su familia victoriosa. Formar parte de la victoriosa familia de Cristo es un proceso dinámico. Fluye de un encuentro personal con Cristo. También fluye de la fidelidad y la obediencia a la voluntad de Dios. Por lo tanto, si somos discípulos de Cristo, debemos demostrarlo a través de nuestra fe y obediencia a la voluntad de Dios.

Finalmente, Adán y Eva disfrutaron del estatus y cómodo de la presencia divina de Dios pero, lo perdieron por desobediencia. A través de ellos, también perdimos nuestra membresía de la familia victoriosa. Sin embargo, la buena noticia es que a través de la fe en Cristo (la semilla de María), y la obediencia a la voluntad de Dios, nuestra membresía de la familia victoriosa ha sido restaurada.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For The Solemnity Of Corpus Christi, Year B

Oh Sacrament Most Holy, Oh Sacrament Divine

Readings: 1st: Ex 24, 3-8. 39-40; Ps: 115; 2nd: Heb 9, 11-15; Gos: Mk 14: 12-16. 22-26

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

 

By the Eucharistic Celebration we already unite ourselves with the heavenly liturgy and anticipate eternal life, when God will be all in all” (CCC 1326).

Today, we celebrate the Solemnity of the Body and Blood of Christ popularly known as Corpus Christi. It was introduced in the late 13th century to encourage the faithful to give special adoration to the Holy Eucharist.

Later, it was extended to the entire Latin Church by Urban IV in 1264 and became a mandatory feast of the universal Church in 1312. Traditionally, this solemnity is celebrated on the Thursday after Trinity Sunday. However, where it is not a day of obligation, it is celebrated on the Sunday following the Trinity Sunday.

As we celebrate Corpus Christi today, both our first and second reading talks about covenant, sacrifice, and blood. According to the first reading, the old covenant was sealed with the blood of animal sacrifice which Moses sprinkled on the people. On the contrary, the second reading reminds us that the new covenant was sealed with the blood of Christ. This is what makes the functional difference.

Hence, the sacrifice of the body and blood of Christ is the game changer. While the first covenant never guaranteed eternal life, the new does because it was sealed with a costly blood through a perfect sacrifice offered once and for all.

In the gospel, Christ instituted the Holy Eucharist. Here he was both the priest and the victim. This is another difference between the new and the old covenant. As the priest, Christ offered himself to God for our salvation. So, it is important to note that whenever we celebrate the Holy Eucharist, Christ is fully present both as the priest and as the victim.

He accomplishes his priesthood through the actions of the human priest, who is alter Christus (another Christ) and, who acts “in persona Christi (in the person of Christ).” On the other hand, he accomplishes his role as a victim in the form of bread and wine. All these put together is what we refer to as an “action of grace.”

The church teaches us that: “The Eucharist is the source and the summit of the Christian life…For in the blessed Eucharist is contained the whole spiritual good of the Church, namely Christ himself…The Eucharist is also the culmination both of God’s action, sanctifying the world in Christ and, of the worship men offer to Christ… In brief, the Eucharist is the sum and summary of our faith… ” (CCC1324-5).

Therefore, today’s celebration is a celebration of life, salvation and grace. It teaches us that as real food, the Eucharist is the true body and blood of Christ which nourishes our soul. It is a concrete way through which Christ is divinely present with us every day and moment.

So, when we share in the celebration of the Eucharist, we share in the life of Christ the head and, in the life of the church, his body. This means that we must pay more attention to the Holy Eucharist by spending more time in His divine presence. If we present ourselves before him daily, he will fill us with wisdom and show us the best way to approach life.

This means that we should adore and offer Christ the reverence due to him. Any moment spent in the presence of the Most Holy Sacrament is both a golden moment and a moment of grace. Let us adore Christ saying: “Oh Sacrament Most Holy; Oh, Sacrament Divine, all praises and all thanksgiving be yours in every moment and time.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Del Corpus Christi, Año B

Oh Santísimo Sacramento, Oh Sacramento Divino

Lectura: (1ra: Ex 2,3-8 39-40; Sal 115; 2da He 9, 11-15; Ev: Mc 28, 16-20)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

“… Por la celebración eucarística nos unimos con la liturgia celestial y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos”(CIC 1326).

Hoy, celebramos la solemnidad del cuerpo y la sangre de Cristo, popularmente conocido como Corpus Christi. Fue introducido en el siglo XIII para animar a los fieles a dar adoración especial a la Santa Eucaristía.

Más tarde, se extendió a toda la Iglesia Latina por el Papa Urbano IV en el año 1264 y, se convirtió en una fiesta obligatoria de la iglesia universal en el año 1312. Tradicionalmente, esta solemnidad se celebra el jueves después del domingo de la Trinidad. Sin embargo, donde no es un día de obligación, se celebra el domingo siguiente al domingo de la Trinidad.

Como celebramos el Corpus Christi hoy, tanto nuestra primera y segunda lectura habla de alianza, sacrificio y sangre. Según la primera lectura, la antigua alianza fue sellado con la sangre del sacrificio de los animales que Moisés roció sobre la gente. Por el contrario, la segunda lectura nos recuerda que la nueva alianza fue sellada con la sangre de Cristo. Esto es lo que hace la diferencia funcional.

Por lo tanto, el sacrificio del cuerpo y sangre de Cristo es el cambiador de juego. Mientras que la primera alianza nunca garantizó la vida eterna, la nueva la hace porque fue sellada con la preciosa sangre a través de un perfecto sacrificio ofrecido una vez por todas.

En el Evangelio, Cristo instituyó la Sagrada Eucaristía. Aquí era el sacerdote y la víctima. Esta es otra diferencia entre la nueva y la antigua alianza. Como el sacerdote, Cristo se ofreció a Dios para salvarnos. Así que, es importante notar, que cada vez que celebramos la Santa Eucaristía, Cristo está totalmente presente tanto como el sacerdote y la víctima.

Él logra su sacerdocio a través de las acciones del sacerdote humano que es , el alter Christus (otro Cristo) y, que actúa “in persona Christi (en la persona de Cristo).” Por otro lado, Él logra su papel como una víctima en la forma del pan y del vino. Todas estas juntas, son las que nos referimos como una “acción de gracia”.

La Iglesias nos enseña que: “La Eucaristía es la fuente y sima de la vida cristiana… Pues en la Sagrada Eucaristía se contiene todo lo bueno espiritual de la iglesia, es decir Cristo mismo…. La Eucaristía es la culminación de la acción de Dios que santifica al mundo en Cristo su hijo unigénito y, de los hombres que ofrecen culto a Cristo… En resumen, la Eucaristía es la suma y resumen de nuestra fe “(CIC1324-1325).

Por lo tanto, la celebración de hoy es una celebración de la vida, salvación y gracia. Nos enseña que, como la comida verdadera, la Eucaristía es el verdadero cuerpo y sangre de Cristo que nutre nuestra alma. Es una forma concreta a través la cual Cristo está divinamente presente con nosotros cada día y momento.

Así que, cuando compartimos en la celebración de la Eucaristía, compartimos en la vida de Cristo, la cabeza y, en la vida de la iglesia su cuerpo. Esto significa que debemos prestar más atención a la Eucaristía y pasar más tiempo en su presencia divina. Si nos presentamos ante Él todos los días, Él nos llenará de la sabiduría y nos mostrará lo mejor manera de la vida.

Esto significa que debemos adorar y ofrecerle a Cristo la reverencia debida a Él. Cualquier momento pasado en la presencia del Santísimo Sacramento es un momento de oro y un momento de gracia. Adoremos a Cristo diciendo: “Oh Santísimo Sacramento; Oh Divino Sacramento, todas alabanzas y, acción de Gracias son tuyas en cada momento y tiempo.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranata!